Serie La Música del Exilio: La historia de Ortiga y su tránsito desde el Canto Nuevo hasta la World Music (parte V y final)
Con este último capítulo, concluimos la historia de un grupo musical chileno ícono del Canto Nuevo. Su amistad con Mercedes Sosa, su exitosa incursión en la World Music, su participación en Quilapayún y su reciente reaparición en Chile.
Los años 90 significaron para Ortiga una época diversa en que el grupo se movió en diversos planos de la industria musical internacional.
La primera mitad de los años 90 no trajo nuevas producciones como “En este lugar” y “Enronda”. Sí aparecieron recopilaciones en Chile y Alemania.
En 1992, Alerce publicó en formato CD el octavo disco, titulado “Lo mejor de Ortiga”, que reúne 16 temas de sus cuatro primeras producciones.
En 1995 el sello alemán Westpark Music publicó el CD “Cantando al sol”. Es una recopilación de temas de sus seis primeros discos hasta 1984, con la sola novedad de un arreglo del clásico andino “Estudio para charango” y de un nuevo instrumental de Velis, “Bailina”. En este disco aparecen músicos chilenos sumados en distintas etapas a partir de 1985: Christian Goza, posterior miembro de Quilapayún; Sergio Terán, ex integrante de Wampara, reconocido grupo del Canto Nuevo; Carlos Basilio y Rodrigo Fernández. También participaron los primeros músicos alemanes Bernd Renn y Man Breuer.
La contribución germana proseguiría en la siguiente etapa de Ortiga con Roland Peil, Erik Haring y Xaver Fischer. También se sumaron los chilenos Rafael Mondaca y Rodrigo Alvarado.
De cara al futuro, la relación con los músicos y productores chilenos Mario Argandoña y especialmente Juan Carlos “Tato” Gómez (ver capítulo anterior) prosiguió dando frutos.
En una suerte de lo que sería el giro de su carrera, Ortiga participó en 1990 en una producción discográfica de Gómez para el grupo rockero austriaco Will and the power. Ortiga grabó en el tema “Conquistador”, en el que interpretan quena y charango en medio de la potencia sonora del rock.
Paulatinamente, Ortiga se predisponía a vetas y circuitos musicales impensados en los comienzos de su carrera a mitad de los años 70.
La World Music les abría sus puertas.

Alturas mayores
La inserción en la World Music concretó el paulatino convencimiento de Ortiga sobre el rol de la música en el logro de un mundo mejor a través del predominio de la espiritualidad.
El tránsito hacia esa esfera se había gestado en su relación con el músico chileno New Age, Joakin Bello, y la interpretación de varios de sus temas durante su radicación europea desde 1983.
También influyó en esa elección que adentró a Ortiga en circuitos mayores de la música internacional la receptividad del público europeo a sus piezas instrumentales y su certidumbre de que ello les permitiría mantenerse en un circuito muy exigente.
Su primera expresión discográfica en este campo fue de la mano con “Tato” Gómez y su esposa, la cantante germana Bibi Gómez. Ocurrió en 1997 con “The land of dreams”, para la firma Art of living y bajo la editorial germana Perleberg. Ortiga adoptó el nombre de Amalunai.
Joachim Perleberg, dueño de la editorial, había estudiado largamente el mercado europeo y asiático. Concluyó que recién entrada la década de los 90 al público ya le cansaba la estridencia musical, porque la asociaba con la sociedad tecnológica, y se estaba volcando hacia lo étnico. Además, razonó que el idioma más apropiado para ello no era el inglés, predominante en el circuito musical, sino que el español.
“Perleberg tenía negocios en Asia y sabía que allá adoraban el canto en español y nativo. Y por eso nos dijo: ‘Hagan un disco que suene bien en Asia, Europa y el resto del mundo. Obviamente, eso no podía ser en inglés, alemán ni francés, y empezamos a trabajar en esa dimensión”, recordó Velis.
Un nuevo idioma
Prácticamente desconocido en Chile, “The land of dreams” fue distribuido en Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, Japón, Singapur y Tailandia. Incluye 12 temas, entre ellos “Amalunai” e “Ilumbarada Eja”, que tres años después le daría grandes réditos. Los versos de las composiciones -Iriyedei, Haiana Leya, Haredeimu, por ejemplo- siguen igual combinación de vocablos indígenas (mapuches, aymaras, maoríes), palabras ensambladas (anelagua: anhelo y agua) e incluso algunas inventadas.
¿Por qué?
Lo explica Valladares: “Como lo postulaba Joachim Perleberg, lo fundamental era la musicalidad de los sonidos de las palabras, las que debían fluir como la música y dar ese propósito armónico y tranquilo que tiene toda la producción y la instrumentación muy simple”.
La apuesta funcionó, sobre todo en los países asiáticos.

Reconocimiento internacional
El nuevo derrotero tuvo su cumbre en el año 2000, cuando Ortiga firmó un contrato con el importante sello Warner.
Ese año se publicó el disco “Fuego azul”, grabado con la sola participación de Velis, Valladares y Rodrigo Fernández. Repite la impronta espiritual de “Land of dreams”, pero esta vez la mayoría de los textos está en español. Fue premiada como la mejor producción 2000 de la Warner International y se distribuyó en Estados Unidos, Canadá, Japón, gran parte de Europa, México y Chile. En nuestro país se vendió en la desaparecida Feria Chilena del Disco, sorprendiendo a sus antiguos seguidores, que tras largos años sin saber de Ortiga se encontraron con una producción muy distinta de las que estaban habituados.
Valladares explica el concepto detrás del título: “La llama de fuego, en su parte central y más ‘esencial’ es azul. Es donde la temperatura es más alta y la llama más pura. Con esta imagen quisimos representar lo más esencial del ser humano, del alma y la parte más profunda y esencial de la humanidad”.
La calidad del disco fue aprovechada por la Warner, que incluyó algunos temas principales, como “Ilumbarada”, “Guardián del fuego azul”, “Kereama” y “Ayeme”, en más de diez compilaciones internacionales de la World Music, pop y rock, como Bravo Hits y Mystera entre 2000 y 2002. En las compilaciones Ortiga comparte créditos con figuras como Luciano Pavarotti, José Carreras, Placido Domingo, Elton John, Tom Jones, Eros Ramazzotti y Vangelis, entre otros y otras.
Su canción emblema, “Ilumbarada”, estuvo un mes en el tope del ranking de la Radio WDR, una de las más grandes de Alemania. Su importancia fue tal que Ortiga la interpretó en una gala de Navidad del tenor José Carreras (lo que le valió una felicitación en camarines del cantante estadounidense Lionel Richie, ver fotografía) y en el Día Nacional de Alemania, en el Reichstag, Berlín, como el único grupo extranjero invitado.
En Quilapayún
Diecinueve años después del abrupto término en 1973 del Elenco Quilapayún (conjunto principal y cinco grupos provenientes de sus talleres, ver artículo segundo), uno de los miembros de Ortiga ingresó a Quilapayún.
En 1992 Daniel Valladares fue llamado a reemplazar al renunciado Carlos Quezada, tenor principal desde 1966. Valladares permaneció en el conjunto hasta 2004 y alcanzó a grabar los discos “Antología”, “Al horizonte” y “A Palau”, destacando como solista en “El pimiento” y “La flor del romero”. Su permanencia navegó en medio de aguas cada vez más tumultuosas que terminaron con el retiro de otros históricos miembros como Hernán Gómez, Hugo Lagos y Guillermo García, que rechazaron la dirección de Rodolfo Parada.
En 2003, cuando Parada rearmó la formación, ingresó Marcelo Velis, quien sólo estuvo hasta 2004 junto a Valladares y un tercer Ortiga, Cristian Goza.
En Quilapayún, Velis y Valladares centraron su participación en la ejecución vocal e instrumental.

Con Mercedes Sosa
El volcamiento hacia la World Music no significó para Ortiga un olvido de sus raíces.
Al revés, su creciente prestigio le permitió mantener relación con trascendentes exponentes del canto popular latinoamericano.
Fue el caso de Mercedes Sosa.
Con la tucumana cultivaron una amistad que se extendió hasta su fallecimiento en 2009.
Ya en 1987, Mercedes Sosa los invitó a participar en el concierto que ella dio en el Teatro Filarmónico de Colonia.
En el año 2002 cristalizó mínimamente una mutua aspiración: grabar un disco juntos.
Ortiga participó en los arreglos de la grabación de un disco del argentino Carlos Santillán y en uno de los temas, “Zamba de la añoranza”, cantaron junto a él y Mercedes Sosa.
“Teníamos una larga amistad con Mercedes y siempre estaba en el aire su deseo de grabar algo juntos. Era nuestro deseo también. Hicimos las recreaciones para un CD de nuestro amigo Carlos y, durante una gira de Mercedes en Alemania, logramos grabar en los antiguos estudios de la EMI. Fueron días de compartir música y nuestras vidas con Mercedes. En el 2003 repetimos un bello encuentro en su casa en Buenos Aires. Nos faltó tiempo para compartir más con ella”, concluye Valladares.
El regreso musical a Chile
Después de su última actuación en Chile, en 1998, cuando remontaron la “Cantata de los Derechos Humanos”, Ortiga halló en 2024 la posibilidad de reinsertarse en el país.
Es a través de un acuerdo con su sello madre, Alerce, que el grupo -formado ahora por Velis, Valladares y Mauricio Mena- ha retornado con la progresiva divulgación desde agosto del año pasado de singles que deberán conformar al final del ciclo una nueva producción discográfica.
Hasta ahora Alerce ha publicado en sus redes sociales las canciones “Belén”, “Deja que Víctor ría” y “Dale vida al camino”. En general, tanto las ya nombradas como las que vendrán fueron creadas hace años, aunque sus mensajes cobran plena actualidad.
“Belén”, por ejemplo, es un homenaje al pueblo palestino y su divulgación coincide con el genocidio en su contra desatado por Israel durante los últimos meses.
Valladares explica que “esta canción comenzó a nacer hace muchos años, cuando tuvimos la posibilidad de conocer la zona de conflicto y experimentar en directo lo que allí estaba ocurriendo; esto, junto con lo que está sucediendo en Gaza, nos llamó a terminar esta canción y poder presentarla ahora como un pequeñísimo aporte por la paz y la solución del conflicto en la zona y de situaciones de guerra en todas partes”.

Reconocimiento a Víctor Jara
“Deja que Víctor ría” es un homenaje a Víctor Jara con letra y música original de “Tato” Gómez, y con arreglos, adaptación instrumental y grabación íntegra de Ortiga.
Velis recuerda que la canción nació hace años, a comienzos de los ’90, cuando Gómez, radicado desde muy joven en Europa, acudió una mañana al domicilio de los Ortiga: “Tato llegó a desayunar y estábamos escuchando a Víctor Jara; él no había conocido la historia de Víctor, y guardó silencio, quedó afectado y nos dijo ‘me voy y vuelvo en un rato’. Cuando Juan Carlos volvió, ya había escrito el texto y tenía la idea original de la música e inmediatamente nos incorporamos con sugerencias y aportando algunos elementos, sobre todo en el arreglo y la adaptación a nuestros propios instrumentos, así hicimos la canción y la montamos ese mismo día”.
“Dale vida al camino”, con música de Mena y Velis, autor también del texto, tiene que ver, como lo sostiene el grupo, conque “nuestro país nos impresiona de muchas maneras, a través de su historia, de sus símbolos, de sus paisajes. Cuando decimos ‘nos impresiona’ podríamos también decir que nos inspira, con su simbología presente en nuestras culturas, en nuestros antepasados, en nuestros paisajes, en nuestro cielo (…) También nos impresiona a través del sentido que hemos buscado darle a la vida y por cómo hemos sabido o no sabido convivir con esta geografía, con estos símbolos o con esta historia”.
Próximamente será subido a las redes de Alerce un cuarto tema, el instrumental “Memorias del corazón”, compuesto por Velis para guitarra y cuatro e interpretada con Valladares.
Y aunque no es parte del catálogo que está armando el sello discográfico, en el sitio oficial de Ortiga puede apreciarse “CHILE, te llevo en mi canto”, canción inspirada en las décimas de la cantora Fabiola González, “La Chinganera”, y leídas por Mon Laferte, en la entrega del Grammy Latino, en el año 2019.
Con coreografías del Ballet Folclórico de Chile (Bafochi) e imágenes de la marcha del millón de personas durante el estallido social de 2019, Ortiga simboliza así su compromiso artístico y social con los destinos de un país al que dejaron hace 42 años pero que ha permanecido en el meollo de su creación musical.
