Columna de Carlos Cantero: Reflexiones desde el desierto de Atacama
En junio de 2025, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un relevante informe sobre la desconexión social, con hallazgos desoladores: una de cada seis personas en todo el mundo se ve afectada por la soledad, esto implica un estimado de 871.000 muertes cada año.
Se identificó a la tecnología digital como un motor de esta crisis, advirtiendo sobre el tiempo excesivo frente a las pantallas y las interacciones en línea perjudiciales, especialmente entre los jóvenes. Ese hallazgo merece algo más que una respuesta de salud pública.
Hannah Arendt planteó la banalidad en referencia a personas que rendidas a dogmas ideológicos o religiosos y/o por indiferencia, individualismo o pusilanimidad, dejan de pensar. Señalaba que la ausencia de pensamiento crítico y la capacidad de juzgar por uno mismo, puede llevar a que personas normales cometan omisiones que pueden terminar en inhumanidades. Cuestionó el argumento (o justificación) que solo se cumplían órdenes, con desconexión emocional hacia las víctimas.
Esto implica una burocratización de la maldad, cuando se intenta diluir la responsabilidad personal en el sistema. A esto Arendt le llamó la banalidad del mal (1). En este mismo sentido Dietrich Bonhoeffer, decía que la estupidez es más peligrosa que la maldad, porque paraliza la reflexión ética, exalta la obediencia y la fidelidad, reemplaza el pensamiento. Contra la maldad se puede reflexionar o protestar, pero, contra la estupidez las razones no sirven.
La historia (pasado) ratifica estas categorías de pensamiento y el presente prueba su plena vigencia, a nivel global se impone el relativismo valórico, se vulnera el orden internacional y está de vuelta la ley de la selva, el más fuerte oprime, somete o elimina al más débil.
Los valores del humanismo, la vigencia de los derechos humanos, los principios democráticos, el medio ambiente y la probidad, son vulnerados con amplia impunidad. Los principios fundamentales (humanismo) para la sana convivencia están en opacidad, no hay gobernanza pertinente para contener males como la guerra, el crimen organizado, el narcotráfico, las migraciones masivas y forzadas, el cambio climático, etc.
Reconociendo la validez de estos argumentos, para una visión más integral, es necesario complementarlas con las perspectivas que emergen con la sociedad digital, cuya característica principal es, según Eric Sadin, que “estamos perdiendo capacidades en la medida que delegamos más decisiones en los sistemas automatizados que definen nuestra realidad”, el sujeto pierde su capacidad de agencia, es decir, la capacidad de actuar y decidir libremente, sin la interferencia de los algoritmos, la IA o la tecnología.
Estos procesos se ven influidos por fenómenos de tensión entre la otredad y la mismidad. Desde una perspectiva transdisciplinaria se integra la sociología, la psicodinámica y la filosofía de la subjetividad (muy en la línea de pensadores como Byung-Chul Han o Sadin), los procesos (sico)somáticos no se entienden simplemente como fallos biológicos, sino como la inscripción del malestar cultural y relacional en el cuerpo. Zygmunt Bauman en su «modernidad líquida», aborda en extenso este desvanecimiento de los vínculos y su impacto en la salud. Es evidente la multi y trans-disciplinaridad de Edgar Morin, y su teoría de la complejidad, diversos conceptos aplican a la relacionalidad social.
Los conflictos de la subjetividad dependen de un equilibrio dinámico entre la mismidad: el esfuerzo del sujeto por mantenerse coherente, autónomo y fiel a sus principios y deseos; y, la otredad: la presión que ejerce el mundo exterior, las normas sociales, del trabajo, el rendimiento y la mirada del otro. Cuando la subjetividad se ve desbordada por esta tensión del yo y la identidad propia y el encuentro con el otro y demandas sociales, el cuerpo se convierte en el escenario donde se resuelve aquello que la psique no puede procesar o el discurso expresar.
El proceso somático es el mecanismo de transducción mediante el cual una tensión de orden simbólico o intersubjetivo se manifiesta como una alteración fisiológica. No es una invención de la mente, sino la respuesta del organismo ante una contradicción en la experiencia del sujeto. Cuando las relaciones sociales se vuelven instrumentales o violentas, y el sujeto no tiene herramientas para verbalizar esa tensión, la verdad no se desvanece, el cuerpo genera una reacción sicosomática, una «puesta en cuerpo» (en lugar de una puesta en palabras).
La sociedad del rendimiento (Han) nos empuja a una mismidad absoluta, donde el otro es sólo un reflejo de nosotros mismos. Al no haber un otro real con quien confrontarse, el sujeto se explota a sí mismo, derivando en procesos somáticos vinculados al agotamiento (burnout), debilitamiento emocional y perdida del sentido de vida.
El sujeto sufre alienación por las demandas del sistema, las relaciones sociales, sintiendo que su mismidad es colonizada o sometida. El cuerpo reacciona como una defensa o un grito de auxilio ante la pérdida de sentido, el malestar del desequilibrio entre mismidad y otredad; interioridad y exterioridad; esencia y apariencia. El proceso sicosomático es, a menudo, la última señal de resistencia de la carne (biología) frente a la desmaterialización de las relaciones y su impacto en la subjetividad, derivadas de la virtualidad digital: en el no espacio, el no tiempo y las no cosas.
La somatización de la tensión social (migrañas, fibromialgia, trastornos digestivos, fatiga crónica, etc.) se da cuando los males actúan como una protesta contra una realidad social que el sujeto no logra gestionar. Estos procesos son determinados por el síndrome del gradiente: los fundamentos los encontramos en Amartya Sen y su “Teoría del Desarrollo Humano”, que refiere a la expansión de las libertades reales de las personas, en lo económico, social y espiritual, cuyos elemento clave es la capacidad para que la persona pueda ser o hacer y con libertad para elegir, en el contexto de bienes públicos o privado, que mejoran la calidad de vida. El gradiente refiere a que los flujos se mueven desde zonas de mayor presión hacia las de baja presión.
Mientras mayor es la expectativa y peor la percepción de los resultados, más se agudiza la subjetividad y consecuentemente la conflictividad en la relacionalidad social, dando lugar a manifestaciones patológicas o alteraciones del equilibrio orgánico. Cuando la subjetividad es incapaz de mediar el conflicto entre el deseo de preservación (mismidad) y las exigencias, ausencias o agresiones provenientes del lazo social (otredad), se verifica el fracaso del lenguaje y emerge el síntoma corporal que denuncia esa alienación en la vida.
La normosis sociocutural, es otro proceso de relevancia fundamental. Se da gradualmente cuando personas capaces y racionales, minimizan, normalizan, justifican, cuestiones anormales, hasta hacerlas parte de su ethos (banalidad). Luego, cuando se toma consciencia de la grave realidad, el mal está extendido y es complejo su control: observemos el narcotráfico, la corrupción, o la violencia. Como un cáncer no detectado o tratado oportunamente, cuando se intenta contener ya está en metástasis, en propagación de un foco a otro (otros) distinto de aquel en que se inició. Esto habitualmente va en el caso del estado va acompañado de la anomía, que es el símil de la anemia en el organismo (persona, Estado y sociedad).
Siguiendo a Hannah Arendt, proponemos la idea de “banalidad del bien”. Ésta se da en la repetición de conductas o discursos éticos, que pierden toda vigencia y capacidad para transformar la sociedad. Se observa una crisis estructural de coherencia sistémica, una brecha entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que se predica y se practica. En lo sociocultural se normalizan: superficialidad, indiferencia, y falta de pensamiento crítico, haciendo más fácil aceptar algo éticamente repudiable. Estos procesos son transversales en lo público y privado, alcanzando todo el espectro: político, social y cultural. Lo preocupante es que estas ideas y procesos son replicables (autopoiéticas- Humberto Maturana), o según el concepto de la sociedad digital, se viralizan y contagian recursivamente, como argumenta el biólogo evolutivo Richard Dawkins (memes).
La banalidad del bien, es pasividad y pusilanimidad permisiva, cuando no se enfrentan las anormalidades, abusos o irregularidades. El mal triunfa cuando el bien no asume sus responsabilidades. Observemos la coherencia y vigencia de estos planteamientos con principios universales que vienen desde el fondo de la historia humana: a) todo es mente, el universo es mental; b) todo es uno y uno somos todos; c) todo es flujo y reflujo; y d) todo es causa y efecto.
La motivación de este texto responde a la Ley de Kidlin: “Si puedes escribir un problema, ya tienes resuelta la mitad del mismo”.
Esto ayuda a entender el asunto, clarificar ideas, reducir la ansiedad y priorizar acciones. En la sociedad digital debemos atender preferentemente a la subjetividad (la persona) y decodificar el lenguaje del cuerpo como problema de salud, para mejorar la relacionalidad social y mitigar la conflictividad.
La gran interrogante a abordar es ¿cómo logramos el equilibrio valórico entre materialismo y espiritualidad, entre lo interior y lo exterior, entre mismidad y otredad? Es perfectamente posible, pero, exige acción de esa otra mitad de la que habla la Ley de Kidlin, aquellos llamados a ser faros orientadores, referentes y liderazgos que cautelen la vigencia de los principios del humanismo, y de eslabones de una gran cadena local, regional, nacional y global, que promuevan: desarrollo humano, cultura de paz, manejo emocional, pensamiento crítico, para superar la banalidad, motivando para que cada cual encuentre su sentido de vida. Trabajemos para eso. ¡Que así sea!
DIMENSIONES DEL MALESTAR
| Dimensión | Conflicto | Resultado Somático Común |
| Relacional | Miedo al rechazo o absorción por el otro. | Trastornos de ansiedad, dermatitis, tensión muscular. |
| Sistémica | Presión por el rendimiento y la transparencia. | Agotamiento crónico, depresión clínica, insomnio. |
| Identitaria | Fragilidad del «yo» ante un entorno cambiante. | Enfermedades autoinmunes (el cuerpo se ataca a sí mismo). |
(1) Por este argumento Hannah Arendt, fue duramente criticada por la comunidad judía, luego del juicio en Jerusalén, al nazi Adolf Eichmann, que organizaba la logística de los trenes a los campos de concentración, quien señaló que sólo “cumplía con su trabajo”. Ella señaló que “no parecía un monstruo, era un burócrata obediente que renunció a pensar”.
