Excremento de pingüinos forma nubes en la Antártida

Un nuevo estudio afirma que el amoniaco liberado por el excremento de los pingüinos -y de las focas- contribuye significativamente a la formación de vapor de agua y a la creación de nubes en el continente antártico.

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Por El Ágora
Actualizado el 7 de junio de 2025 - 9:30 pm

El guano de pingüino ayuda a formar nubes que podrían frenar el calentamiento de la Antártida. Fotos: ARCHIVO

Detrás de las imágenes del hielo antártico salpicado colonias de pingüinos resistiendo el frío, se esconden procesos ecológicos y atmosféricos mucho más complejos.

Uno de ellos tiene de protagonista al excremento de pingüino, que tiene un impacto climático inesperado.

El cambio climático calienta la Antártida más rápido que la mayoría de las regiones del planeta. A medida que el hielo marino retrocede, los patrones climáticos cambian y especies como el pingüino de Adelia enfrentan amenazas severas.

El Adelia y el emperador son las dos únicas especies de pingüinos que viven en la Antártica. La especie es común a lo largo de toda la costa antártica e islas cercanas. En 1830, el explorador francés Dumont D’Urville lo bautizó en honor a su esposa, Adélie. Miden de 60 a 70 centímetros, y pesan unos cuatro kilos.

Importancia del amoniaco

Su rasgo distintivo es el anillo circular blanco que rodea el ojo y las plumas en la base del pico. Estas largas plumas ocultan la mayor parte del pico rojo. La cola es un poco más larga que las de otros pingüinos.

Nuevas investigaciones indican que estos animales no sólo son víctimas del cambio climático, sino también actores que lo modifican. El estudio, liderado por científicos de la Universidad de Helsinki, Finlandia, revela que la importancia del amoniaco liberado por el guano de los pingüinos.

Durante el verano austral de 2024, los investigadores midieron concentraciones de amoniaco cerca de la base Marambio. Esta es la principal estación científica con apoyo logístico militar permanente de Argentina y una de las principales de la Antártida.

Y confirmaron que el amoniaco desencadena una serie de reacciones atmosféricas que culminan en la formación de nubes. Las nubes, a su vez, ayudan a reflejar la radiación solar, reduciendo la temperatura superficial y ralentizando la pérdida de hielo.

Emisiones duraderas

Una colonia de aproximadamente 60 mil pingüinos de Adelia actuó como una fuente masiva de emisiones. Los niveles llegaron hasta 13,5 partes por mil millones; es decir, más de mil veces el valor de fondo atmosférico.

Lo más notable fue que, incluso después de la migración de los pingüinos, el suelo enriquecido con guano (suelo ornitogénico) siguió emitiendo amoniaco durante semanas.

El amoniaco contribuye a la formación de aerosoles atmosféricos, partículas clave para generar núcleos de condensación de nubes (CCN). En días con viento proveniente de las colonias, se observó un aumento en número y tamaño de partículas. Estas alcanzaron el umbral necesario para condensar vapor de agua y formar nubes visibles.

El análisis químico de las gotas reveló sulfato de amonio, evidencia directa de los procesos inducidos por los pingüinos.

Otros gases amplifican el fenómeno

Además del amoniaco, se detectó dimetilamina (DMA) en pequeñas concentraciones. A pesar de su baja presencia, la DMA aumenta exponencialmente la velocidad de formación de aerosoles, al estabilizar las primeras etapas del proceso.

También se encontraron ácidos oxo de yodo (HIO₂, HIO₃), que, aunque más relevantes en otras estaciones, jugaron un papel de apoyo.

El resultado neto de las emisiones es la formación de nubes más brillantes y persistentes, capaces de modificar los balances de energía en la atmósfera. En una región con pocas partículas atmosféricas de fondo, como la Antártida, incluso un aumento leve en CCN puede tener efectos visibles.

Pero si los pingüinos disminuyen debido a la reducción de hielo o la escasez de alimentos, también lo harán las nubes inducidas por su guano. Eso podría desencadenar un bucle de retroalimentación negativa: menos pingüinos → menos amoniaco → menos nubes → más calentamiento → incluso menos pingüinos.

Más amoniaco, menos asbesto

En la Antártida, donde las emisiones humanas son mínimas, procesos biológicos como los generados por pingüinos juegan un papel crucial en el equilibrio. Si se puede sintetizar o aprovechar el potencial del amoniaco biológico para favorecer la formación de nubes en zonas cruciales, podríamos contar con una herramienta adicional para moderar el calentamiento global.

Además, estos descubrimientos refuerzan la necesidad de conservar la biodiversidad como parte esencial de las soluciones climáticas. Proteger especies como los pingüinos no es solamente una cuestión ética, sino también una acción climática estratégica.

A su vez, la investigación nos recuerda que incluso los desechos biológicos -como el guano- pueden desempeñar funciones ambientales positivas. Eso, a diferencia de residuos humanos altamente contaminantes, como los que contienen amianto (asbesto), que deben eliminarse cuidadosamente por su toxicidad.

La Naturaleza ya tiene soluciones en marcha. Sólo hay que observarla con atención y actuar para preservarla.