Columna de José Antonio Lizana: ¿Qué estamos haciendo?

Con los mismos nombres, con las mismas prácticas y con la misma dirigencia, Chile no volverá a un Mundial de fútbol. Se necesita renovación en la cancha y una revolución en la mesa de decisiones.

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Por José Antonio Lizana
Actualizado el 18 de abril de 2026 - 1:47 pm

La dupla Marcelo Salas-Iván Zamorano genera expectativas y adherentes. Foto: ARCHIVO

¿Qué estamos haciendo, en serio, para enfrentar los procesos clasificatorios rumbo a los Mundiales de 2030 y 2034? La respuesta de los simplones no tarda: “Jugamos amistosos FIFA”. Como si cumplir con el calendario fuera sinónimo de tener un proyecto o una planificación.

¿Y eso basta? Evidentemente no, pero los mismos dicen: “Falta mucho, cuatro y ocho años para los próximos mundiales ”. ¿Tenemos hoy jugadores en plena maduración proyectados para 2030? No. Sin embargo, ese vacío no es casualidad, es consecuencia directa de una dirigencia que renunció a pensar en el futuro.

La única luz aparece en las selecciones menores. La sub 17, que logró clasificar a dos mundiales consecutivos en 2025 y 2026, demuestra que talento hay. Lo que no hay es conducción. Pero Chile ya vivió esto antes. 

El proceso encabezado por Leonardo Véliz con la sub 17 en 1993, pretendía llegar al Mundial de Francia 98. Ese camino comenzó bien, con fogueo internacional, enfrentando a rivales de peso. Pero el sistema, el mismo que hoy se repite, terminó devorando a sus propios talentos. 

La farándula, la desprotección y la falta de estructura, diluyeron a jugadores como Manuel Neira, Frank Lobos y otros.

Volvamos a los 17

Años después, el proceso de José Sulantay demostró que cuando hay conducción, los resultados llegan. Clasificaciones para los mundiales de Holanda 2005 y Canadá 2007, con un histórico tercer lugar, no fueron casualidad. Esa generación no se perdió, fue la base que luego explotó bajo el liderazgo de Marcelo Bielsa.

Hoy, en cambio, el fútbol chileno está capturado por una dirigencia sin horizonte. La administración de Pablo Milad no sólo carece de resultados, sino de responsabilidad. No hay presente, pero lo más grave es que tampoco hay futuro.

Por eso, la eventual irrupción dirigencial de Iván Zamorano junto a Marcelo Salas, no genera solo expectativas, sino una necesidad política dentro del fútbol. Porque más allá de nombres, lo que se exige es un golpe de timón. Un quiebre con la lógica actual de administración sin liderazgos.

Estamos a meses del Mundial de 2026 y Chile no sólo está ausente en la cancha, está ausente en todo. Definitivamente, no existe. Es una asociación invisible e irrelevante en el concierto internacional.

Y con los mismos nombres, con las mismas prácticas y con la misma dirigencia, Chile no volverá a un Mundial. No es pesimismo, es una certeza.

Se necesita renovación en la cancha, sí. Pero sobre todo se necesita una revolución en la mesa de decisiones. Porque mientras continúe esta conducción, el mensaje implícito es que estamos hipotecando las clasificaciones a las citas de 2030 y 2034.

Parodiando a Violeta, “volvamos a los 17, después de sentir haber vivido un siglo”. Y en un ciclo de mediocridad, administrado por una dirigencia que llegó sin proyecto y que, si nada cambia, nos dejará en la ruina.