Columna de Fernando Sotomayor: marcha lenta para devastar la Fedachi

En la búsqueda de visibilidad en los medios de comunicación, hay personas que encontraron una plataforma conveniente en la presidencia atlética. Todo vale, al parecer, para continuar escalando hacia cargos políticos superiores.

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Por El Ágora
Actualizado el 18 de abril de 2026 - 12:20 pm

La actual dirigencia montó uno de los episodios más burdos, vergonzosos y tramposos en la historia de la Federación Atlética de Chile. Foto: ARCHIVO

En una institución integrada por personas adultas, no deberían tener cabida conductas anticompetitivas ni menos acciones orientadas a intereses personales que la quebranten.

Sin embargo, cuando quienes asumen carecen de competencias (por ansiedad, torpeza, inexperiencia o simple improvisación), los resultados son inevitables: deterioro institucional y pérdida de credibilidad. 

Peor aún, cuando estos “líderes” recurren a maniobras para perpetuarse en el poder a cualquier costo, terminan por destruir la organización que dicen representar.

Lo ocurrido recientemente con la citación al consejo de presidentes de la Federación Atlética de Chile (Fedachi) resulta, por decir lo menos, insólito. El encuentro, que debía celebrarse de manera presencial en la sede de la Federación, terminó realizándose en modalidad online, sin transparencia ni claridad de conducción. Cámaras que se apagan, intervenciones sin rostro y decisiones tomadas desde lugares desconocidos configuran un escenario que dista de cualquier estándar serio de gobernanza.

Entonces, surgen ciertas preguntas de fondo. ¿El directorio, de manera engañosa, habrá intentado con la suspensión de cinco asociaciones aprobar una reforma estatutaria claramente orientada a intereses particulares sin tener contrapeso? 

Es decir, ¿suspendieron a las asociaciones para intentar aprobar el documento y luego las reincorporaron? ¿No estaremos frente a uno de los episodios más burdos, vergonzosos y tramposos en la historia federativa? Todo indicaría que sí.

Tenemos problemas…

Así se explicaría, por ejemplo, que Luis Figueroa, presidente de la Fedachi, y Kurt Contreras, gerente general, no asistieran al Campeonato Nacional de Atletismo.

No se aparecieron durante las diferentes etapas (duró tres días) por el estadio Mario Recordón, pese a que el campeonato ellos mismos lo planificaron. Tampoco lo hicieron miembros de su directorio (algunos ya habían renunciado). 

La ausencia refleja desconexión con el deporte que administran, y constituye un verdadero boicot a uno de los eventos supuestamente más importantes del calendario nacional.

Ante este panorama devastador, cabe preguntarse ¿pueden estas autoridades sostener la conducción de la institución? La respuesta parece evidente. Quienes no son capaces de cumplir funciones básicas, difícilmente podrán sostener debates serios, respetar normas o garantizar estabilidad institucional. Lo ocurrido con la modificación de los estatutos es prueba de ello. 

Un proceso que debería haber terminado hace un tiempo, y de buena forma, terminó opacado por decisiones y medidas arbitrarias que resultan inentendibles. Impusieron arbitrariamente una lógica opaca y cuestionable, que mantiene a dos regionales suspendidas. Esto provoca un debilitamiento histórico en la institución federativa, cuya modificación estatutaria aún no es aprobada por el Instituto Nacional de Deportes (IND).

Como los estatutos expresan claramente que la institución es ajena “…a toda cuestión de orden religioso, político, sindical o de lucro…”, surge claramente un problema.

Residencia de unos pocos 

Porque la incursión en la arena política, tanto del anterior presidente, Juan Luis Carter, como del actual, Luis Figueroa Loncón, resulta contradictoria con dichos principios. Carter Beltrán intervino en la campaña de una candidata presidencial, y Figueroa Loncón participa activamente en política como concejal por Freire. 

En esa línea, en la búsqueda de visibilidad en medios de comunicación, encontraron una plataforma conveniente en la presidencia atlética. Todo vale, al parecer, para continuar escalando hacia cargos políticos superiores.

¿Qué sigue ocurriendo con la dirigencia del atletismo chileno para llegar a este nivel de deterioro? Y más inquietante aún es el rol de aquellas asociaciones que, siendo parte del sistema, validaron estas prácticas sin cuestionarlas. El silencio, ya sea por temor o comodidad, termina legitimando abusos, consolidando malas prácticas, deconstruyendo poco a poco la organización.

Lo que seguimos observando no es gobernanza. Es una simulación subyacente de autoridad que opera sin controles, sin transparencia y sin responsabilidad. Es más, en ese ejercicio habitual de la cancelación, la anomia fue transformando la casa de todos en la residencia de unos pocos.

Fernando Sotomayor G., ex atleta