En Chile se consumen tiburones en crítico peligro de extinción
El 80 por ciento de los tiburones costeros que se venden en los mercados chilenos son juveniles, por lo que nunca alcanzan a reproducirse.
Para el comprador común, se trata solamente de un pescado barato y de piel blanca y firme. Sirve para hacerlo a la plancha, como ceviche, o incluso frito. Como la deliciosa reineta, pero a mitad de precio.
Es el tollo (algunos inescrupulosos lo venden como “albacorilla”) y, en realidad, no es un pez. Es el más común de nuestros tiburones costeros y está desapareciendo rápidamente, por la caza descontrolada y porque los que comemos son ejemplares jóvenes.
En el laboratorio de Biología Pesquera del Instituto de Ciencias Naturales Alexander von Humboldt, dos científicos le ponen cifras a la realidad.
El matrimonio de los doctores en ecología marina Carlos Bustamante y Carolina Vargas dicen que las cuatro especies chilenas están en crítico peligro de extinción. A saber, el tollo común (mustelus whitneyi), el tollo fino (mustelus mento), el tollo manchado (triakis maculata) y el cazón (galeorhinus galeus). “El 80 por ciento de los especímenes que se venden son juveniles, es decir, nunca alcanzaron a reproducirse antes de ser capturados”, afirma Vargas Caro.
La valdiviana conoció a su marido hace 15 años, estudiando tiburones en el sur del país. Ahora, juntos, ponen el grito en el cielo para intentar salvar a un animal que está en la dieta chilena desde los pueblos originarios. “Hoy el tollo enfrenta su hora más crítica. En la última actualización de la Lista Roja de Especies Amenazadas, estos tiburones están en el último escalón antes de su desaparición definitiva”, agrega Bustamante.
Manejo específico del tollo
“La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza nos llama a evitar ahora mismo la sobrepesca”, agrega el científico.
La decisión es imperativa, añade Vargas Caro. “Si en 30 años no se mejora la gestión de la sobrepesca, estos animales entrarán en umbrales poblacionales que derivarán en su extinción definitiva. La paradoja es que mientras la ciencia los declara en peligro crítico, los pescadores chilenos los extraen sin límites ni restricciones de cuotas o tallas”.
El problema, aseguran, es que “la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) no protege a los tollos costeros del país en peligro crítico. A pesar de que el Ministerio del Medio Ambiente reconoció en 2023 el estado de peligro crítico, la burocracia estatal parece dividida”.
Es decir, mientras una institución enciende las alarmas, Subpesca mantiene un sistema de gestión basado en la libre demanda y en registros de desembarque. Pero allí los pescadores solo declaran voluntariamente sus capturas, bajo la categoría genérica de “tollos”.

“La clasificación no distingue entre las cuatro especies, lo que impide conocer cuántos ejemplares de cada una se están extrayendo realmente. Y esa ‘falta de datos’ impide que Subpesca implemente cuotas o tallas mínimas”, explica Bustamante.
En otras palabras, y a diferencia de la merluza o el jurel, los tollos no son oficialmente una pesquería que obligue al Estado a establecer cuotas de captura o tallas mínimas.
La Subpesca confirma que “actualmente no es jurídicamente procedente establecer un plan de manejo específico para el tollo”. Explicó que su captura se gestiona solo bajo medidas generales, como la regulación de artes de pesca y trazabilidad.
Nula intervención estatal
No obstante, afirmó “impulsamos el monitoreo de los condrictios (tiburones, rayas y pejegallos). Los esfuerzos permitieron establecer diversas herramientas que buscan garantizar su sustentabilidad y conservación”.
De tal manera que la Subpesca prohibió el finning o aleteo (cortar las aletas y descartar al animal en el mar). También herramientas de monitoreo científico y el fortalecimiento de mecanismos de control, incluyendo la fiscalización de desembarque y el monitoreo electrónico.
Por último, ordenó “la devolución obligatoria de condrictios capturados en pesquerías de cerco, arrastre, palangre o espinel y ‘enmalle’. Eso a nivel nacional y bajo protocolos que aumenten sus probabilidades de supervivencia”.
Bustamante, sin embargo, recalca que “la mayoría de esas medidas se aplican a la pesca industrial. La pesca artesanal (realizada por embarcaciones menores a 18 metros de largo) es la que justamente captura tollos costeros, pero queda exceptuada de la norma”.
Vargas Caro concluye que “la idea no es prohibir la pesca de tollos, sino regularla. Hay personas que consumen regularmente tiburones y es su recurso, pero no todos los recursos pueden ser de libre acceso y libre demanda. Tiene que haber una intervención estatal que nos permita regular”.
