Las otras suplantaciones de identidad en el fútbol chileno

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Por Ele Eme
Actualizado el 20 de abril de 2021 - 6:50 pm

El chanchullo de La Calera no es el primero que registra nuestro balompié en materia de carnés truchos, firmas falsas o impostores vestidos de corto. Acá lo denuncio todo.

Por ELE EME

Este viernes fue formalizado el primer imputado por la suplantación de identidad del arquero de Unión La Calera, Alexis Martín Arias, en exámenes PCR. La cuestionable acción tenía como objetivo ocultar que el portero cementero estuvo contagiado de Covid-19, posibilitando así irresponsablemente que pudiera saltar a la cancha sin problemas.

No es la primera vez que en este deporte adulteran “ontológicamente” a nuestros peloteros.

En 1979 hubo una con escándalo. Pedro García preparaba la selección chilena para el campeonato juvenil sudamericano de Paysandú (Paraguay). Todos los jugadores sabían que sus pasaportes y fechas de nacimiento habían sido adulterados. Hablo de próceres locales de la talla de “Papudo” Vargas, Marcelo Pacheco, Edgardo Fuentes, “Bocón” Ormeño, “Pancho” Ugarte, “Arica” Hurtado y Mariano Puyol. La operación fue orquestada desde el gobierno de la época. “Todos lo hacen”, fue la excusa oficial.

En ese caso, más que suplantación, estábamos ante una cantinflada corporativa inspirada por los hermanos paraguayos y esos sub 20 más barbones que un pirata. Quisimos hacer trampa, pero como siempre, nos pillaron. Como el hilo se corta por lo más delgado, los asustados seleccionados pasaron unas semanas en la Peni y el general Gordon fue “sancionado” dándole una embajada en Centroamérica.

Hasta ahí, lo que se sabe. Pero en el fútbol chileno hay más episodios del “Plan Contracara” (título de la desopilante película en que John Travolta y Nicolas Cage intercambian, literalmente, sus rostros). Ésta es mi denuncia.

Por ejemplo, ¿me va a decir que el Claudio Bieler que el 2007 dio todo lo que es la hora en Colo Colo era el mismo que al año siguiente deslumbró en la Libertadores jugando por la LDU de Quito, a tal punto que guió a ese equipo a embolsarse el trofeo continental? No me la trago. Por esos años yo era hincha de los albos, un equipo plagado de estrellas, así que no me vengan con que no tuvo todas las condiciones para brillar en el “popular”.

¿Sigo? El Marcelo Díaz que Pelusso mandó a préstamo a La Serena fue raptado en algún momento y sacado de escena (y hasta el día de hoy, ojo). La versión romántica es que lo “rescató” Sampaoli para tocar el olimpo sudamericano con la “U”. Ahora en serio: ¿alguien en sus cabales cree de verdad que ese juvenil que daba tres de cada cuatro pases al contrario maduró futbolísticamente tanto en el exilio papayero que de una temporada a otra se volvió el Lothar Matthäus sudamericano? No sé usted, pero yo soy gil hasta la segunda postulación al bono de clase media no más.

Remontándonos más atrás, la primera de estas “McCartneadas” que recuerdo (sí, “McCartneadas”, a Paul también le pasó) fue la del “Búfalo” Poblete (Carlos), allá por mediados de los ’80. Haga memoria. Era un defensa que no impresionaba absolutamente a nadie, de ésos que convertían a sus arqueros en adictos al té de melisa… para calmar los nervios. A la altura del “Túnel” Bascuñán o de Manuel “Peligrosini” (por el permanente peligro de autogol que se corría con él). Bastó que un fin de semana la Universidad de Chile anduviera escasa de delanteros para que el entrenador de entonces (el gran Leonel) lo ubicara “arriba”. De la noche a la mañana, “mágicamente”, se volvió un romperredes sistemático y hasta agarró un conveniente contrato para seguir haciendo goles en México. Raro, ¿verdad?

Al poco tiempo los universitarios intentaron un experimento parecido con Héctor Díaz, “el Beckenbauer de Petorca”, pero aquello fue un absoluto fiasco. Seguramente por costumbre, este improvisado delantero mandaba todas las pelotas que le llegaban lejos del arco que, se supone, ahora debía perforar. La “operación Búfalo” no se podía replicar a menos que se tuviera al doble indicado bajo la manga.

Hay casos en que este cambalache ha operado por un solo día, ¿O me va a decir que esa jornada del Nacional en que la “U” le ganó a Colo Colo con 3 goles de Jorge Socías (1972) se trataba del mismo “Lulo” empeñoso pero flojito con la pelota en los pies que todos vimos jugar antes y después de esa histórica noche? No pues, tienen que haberlo plagiado algunos hinchas muy audaces del “chuncho” para reemplazarlo por un auténtico crack. ¿Qué por qué no siguieron poniéndolo? Ya había cumplido su misión. Por edad ese impostor de lujo ya debe haberse jubilado, pero de estar en condiciones ¡cómo agradecerían los azules su presencia en cancha este domingo, sin ir más lejos, para romper la racha de 20 años sin ganar en el Monumental, al mismo clásico rival!

¿Sorprendido? No ha leído nada. También sé de suplantaciones masivas. Denuncio acá, por ejemplo, la que perpetró Audax Italiano el primer semestre de 1981, período en que, coincidentemente, fui hincha acérrimo de esos colores. En esa Copa Chile TODOS sus jugadores exhibían tanto despliegue físico que se les conocía como el “team pichicata”. Descarto el uso de fármacos que potenciaran su rendimiento porque una cosa era hacerlos correr los 90 minutos y otra que fueran tan buenos. Hacían un verdadero alarde de “fútbol total”. Ninguna pastilla los habría hecho jugar como lo hicieron esos meses, unos auténticos Globetrotters transplantados al fútbol.  

Claro, los adiestraba un DT ultra motivador, como “Clavito” Godoy, pero ninguna arenga de camarín habría logrado hacer que volaran como lo hicieron en la cancha ese año.

Por eso, la única posibilidad es que el plantel completo hubiera sido reemplazado por otro equipo. Si eran extraterrestres o no, eso es harina de otro costal y material para otro tipo de revistas. Pero le digo: Laino nunca volvió a atajar como lo hizo esa temporada y Ricardo Fabbiani no se acercó de nuevo tanto a lo que fue su famoso hermano, Óscar, el “Popeye”. Después de esa definición con Colo Colo, tras eliminar al Cobreloa finalista de Copa Libertadores y luego a Unión, ni “el perro” Zamorano ni Arad Anabalón ni Ribamar Batista ni Renzo Gamboa mantuvieron el nivel atómico que mostraron en ese equipo. Concédame que al menos es sospechoso.

Y le digo más: si Juan Carlos Letelier hubiera seguido a ese nivel que mostró de febrero a mayo de 1981 habría dejado en la banca a Caszely al año siguiente, en el Mundial de España. Y quién no le dice que hubiera pateado él ese fatídico penal, convirténdolo por supuesto, y habríamos superado la primera fase. Hasta campeones mundiales habríamos sido. Se la firmo. Si ese equipo era Barrabases, pero de carne y hueso. Nadie me lo contó.