Columna de Gerardo Silva: La involución del fútbol… comodidades sin compromiso
Ningún equipo puede consolidar una dinámica, un fiato o un sentido de pertenencia cuando la base humana cambia cada semestre.
Desde hace varios años, el fútbol parece involucionar. El fenómeno resulta difícil de explicar porque las condiciones externas no han hecho más que mejorar: el jugador goza de estabilidad laboral, apoyo logístico de primer nivel y todas las comodidades imaginables. Hay mejores canchas para entrenar, complejos deportivos con tecnología de punta y cuerpos técnicos multidisciplinarios equipados hasta el último detalle. Entonces, ¿por qué el juego muestra un retroceso? La respuesta, aunque incómoda, es simple: el producto se ha vuelto mediocre.
Si comparamos con el pasado, la diferencia no está en la infraestructura, sino en el individuo. Hoy el compromiso del deportista es menor. Jugar al fútbol es rentable, y si el mercado premia económicamente aun cuando el rendimiento es pobre, el incentivo para buscar la excelencia desaparece.
Abundan los jugadores “turistas”: futbolistas de paso que cambian de institución cada seis meses. Deambulan de club en club ocupando puestos de trabajo y bloqueando la aparición de jóvenes. Paradójicamente, quienes más apuestan por las nuevas generaciones suelen ser los equipos recién ascendidos, aquellos obligados a arriesgar con nombres distintos.
La dinámica actual del deporte profesional atenta contra lo colectivo. Los planteles no alcanzan a conocerse ni a forjar amistades. El tiempo y la rotación constante los empuja al individualismo, justo en un deporte que exige lo contrario. Si quienes comparten camarín a diario no logran generar vínculo, difícilmente desarrollen apego y cariño por la camiseta que defienden. Finalizado el contrato, simplemente migran hacia otro vestuario, hacia otra camiseta que tampoco les pertenece.
En ese escenario, la tarea de entrenadores y cuerpos técnicos se vuelve casi imposible. Ningún equipo puede consolidar una dinámica, un fiato o un sentido de pertenencia cuando la base humana cambia cada semestre.
El fútbol, vuelto mercancía, ha desplazado los valores que lo sostenían. Y quienes lo amamos en profundidad seguimos sin comprender del todo esta transformación.
