Fallece en Italia la “Mujer Metralleta”

En el exilio murió Marcela Rodríguez Valdivieso, militante del MAPU-Lautaro. Bajo el apelativo sensacionalista de “Mujer Metralleta” se convirtió en símbolo de la resistencia a la dictadura.

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Por Cristián Carrión
Actualizado el 4 de octubre de 2025 - 5:32 pm

La foto que inmortalizó a la “Mujer Metralleta”, tomada por Iván “Loco” Rojas, reportero gráfico de La Cuarta. Foto: ARCHIVO

Marcela Rodríguez Valdivieso, figura emblemática de la izquierda radical chilena, falleció este viernes en Italia, tras largos años de exilio. Militante del MAPU-Lautaro y participante de la lucha armada contra la dictadura y las estructuras del “nuevo régimen”, fue conocida como la “Mujer Metralleta”.

Su intransigencia política e intención de seguir resistiendo más allá de los consensos del retorno formal a la democracia la llevó a empuñar las armas.

Para los medios del régimen, era una simple criminal, estrategia mediática que buscó reducirla a ese estereotipo. Pero para activistas, jóvenes y estudiosos de la memoria chilena, Rodríguez encarnó un referente de coherencia y firmeza política.

Alguien cuya vida vino marcada por la decisión de no plegarse al orden que dejaba intactas las estructuras de poder pinochetistas.

Herida y encarcelada

Nació el 3 de marzo de 1953 en Santiago, y se formó en universidades populares. Fue parte activa de movimientos juveniles a fines de los ’60. Tras el golpe militar de 1973, asumió formas de resistencia política: organización clandestina, apoyo a perseguidos, propaganda y contactos en movimientos sociales. Con el tiempo se incorporó al MAPU y luego al MAPU-Lautaro, alineándose con quienes apostaban por una profundización revolucionaria del cambio.

El 14 de noviembre de 1990 participó en el rescate armado de un prisionero político. En ese operativo murieron cinco uniformados y ella recibió un balazo en la columna vertebral: quedó con movilidad limitada. Capturada, se le juzgó en tribunales militares en democracia y se le encarceló.  Afrontó aislamiento, torturas y negación de rehabilitación médica. En 1999 se le ofreció la libertad a cambio de abandonar Chile e inició su exilio en Italia.

Durante décadas, mantuvo activa su militancia desde el exilio, denunciando las continuidades del poder autoritario tras la transición pactada. A pesar de su condición física delicada, participó en redes de memoria histórica, apoyo a presos políticos y discursos radicales contra el statu quo.