El once histórico de los locos lindos del fútbol chileno

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Por Ele Eme
Actualizado el 13 de septiembre de 2021 - 10:37 pm

A propósito de la prematura partida de Nicolás Villamil, recordemos a algunos de los peloteros más excéntricos que han pisado nuestras canchas.

Por ELE EME

Me acabo de enterar de la muerte de Nicolás Villamil. La primera vez (y única) que lo vi de cerca fue cuando la U estaba concentrada en Las Vertientes para la liguilla por un cupo para Copa Libertadores de 1987. Un amigo periodista deportivo que debía cubrir aquello me invitó. No hizo nada estrafalario el arquero argentino, como sí ocurría en la cancha. 

Por ejemplo, se sacó los zapatos una noche de noviembre de 1990, defendiendo a Deportes Concepción, el club con el que más se identificó en Chile, aunque pasó por los azules, contra Unión Española. En esa ocasión no sólo salió jugado desde su arco, eludiendo a cuatro rivales hasta llegar al círculo central, sino que además le atajó un penal a Richard Zambrano, que debe haberse confundido al verlo de espaldas al ejecutante de la pena máxima. 

A nivel internacional y sudamericano principalmente abundan ejemplos de especímenes que se salen del promedio en lo que respecta a su comportamiento en la cancha, que ven el mundo diferente y son un espectáculo en sí mismos. Se me vienen a la cabeza el colombiano René Higuita y el famoso “escorpión” que practicó en Wembley (rechazar una pelota disparada a su arco con ambos talones, para lo cual se requiere hacer una maniobra 100% acrobática). El argentino Hugo Orlando Gatti, los paraguayos José Luis Chilavert y Roberto Cabañas y el brasileño Romario. De los europeos, por un asunto de distancia y de temperamento (de ellos) tenemos noticias más aisladas, pero de que también tienen revoltosos profesionales da cuenta el emblemático caso del norirlandés George Best.

Vamos a nuestra realidad y a los “Napoleones” y “Dalís” que se han vestido de corto y han deleitado a los hinchas, relatores y comentaristas de este rincón del mundo.

Arquero: Además de Villamil, para guarecer la portería tiene que estar nominado en este desopilante team imaginario sí o sí Manuel Araya. Adivine cómo le decían. Exacto: “Loco”. A veces su equipo de turno (Colo Colo, Lota o Palestino) estaba atacando sostenidamente y él, aburrido de no entrar en acción, se ponía a charlar animandamente con los informadores de cancha o… se encaramba al travesaño y sentado allí seguía los pormenores del partido que se jugaba en el área rival.

En más de una oportunidad Manuel Araya salió disfrazado a la cancha.

Defensas: Mario Galindo por una razón muy simple: jugaba con las medias abajo y sin canilleras, es decir con un desprecio absoluto por el peligro de una lesión grave. ¿Por qué lo hacía? Porque ello le permitía que su técnica privilegiada y extraña en un lateral aflorara y fluyera sin obstáculos. Los árbitros lo dejaban porque en los ’70 había más manga ancha para todo y se era menos quisquilloso en esos detalles reglamentarios. 

¿Centrales? Humberto “Chita” Cruz, que era capaz de bajarle los pantalones a su marca con tal de que no lo superara (pasó con Pelé en uno de esos gloriosos amistosos de verano entre Colo Colo y Santos). El otro es Javier Margas, que ha trasladado más allá de las canchas su manera de ser diferente y original (reconvertir aviones en moteles es uno de sus emprendimientos).

Completa la última línea Francisco “Murci” Rojas, en gran medida por sus revolucionarios aportes lingüísticos.

Chita Cruz se ganó el cariño de Pelé.

Volantes de contención: Eduardo Guillermo Bonvallet, que en las comunicaciones siguió desplegando su particular forma de ser, con el agregado de una capacidad de análisis futbolístico que mezclaba, en dosis iguales, humor, histrionismo y conocimiento de causa.

Lo acompaña dentro de la cancha otro al que le decían “Loco”. Y ya sabemos que al menos ese apelativo siempre le hace justicia a quien lo lleva. En este caso, a un fogonero de fuste: Guillermo Páez.

Creadores: Jorge “Mago” Valdivia y Miguel Ángel Gamboa. Al primero también le dicen “Loco” en la interna y, para qué vamos a decir una cosa por otra, lo que inventa en la cancha no era propio de una mente común y corriente. Algún grado de delirio (benigno) tiene que haber detrás de todas esas jugadas que nos regaló todos estos años (y que nos seguirá ofreciendo porque ni piensa en el retiero aún).

Lo de Gamboa merece una explicación. No porque figure en este equipo, ya que durante su carrera dio generosas pruebas de que merece una camiseta en este deschavetado team. Es acerca de su puesto. Tengo recuerdos de que en su paso por Colo Colo más de una vez jugó más retrasado de su ubicación más frecuente (puntero izquierdo), por la gran cantidad de buenos atacantes de esos planteles y también por su desarrollada visión periférica.

Gamboa disconforme con Hernán Silva.

Delanteros.- René Orlando Houseman y Honorino Landa. Anécdotas hay a granel sobre estos dos personajazos. Al chileno le tocó jugar y deslumbrar en una época anterior a la del argentino, donde la espontaneidad estaba menos “criminalizada”, lo que no quita que a Houseman, que acá vino a jugar en Colo Colo en las postrimerías de su carrera, aún le quedara mucho repertorio de locuras a su haber todavía. 

La banca de suplentes se tiñe de verde itálico: la tricota de Audax la vistieron cuatro insignes “chalados”: Nicolás Peric, Marcelo Zunino (quedaron para siempre en el recuerdo sus provocaciones a Flavio Maestri en los corners), Sebastián “Loco” Abreu y Hernán “el indio” Castro, un cascarrabias y punzante puntero de los ’80 y ’90, que nos dejó el recién pasado agosto.

Zunino se las traía.

Para entrenadores hay varios candidatos: Hernán “Clavito” Godoy, Jorge “Peineta” Garcés, Donato Hernández, Luis Santibáñez y, por supuesto, el ser más fuera de este mundo de todos, el idolatrado Marcelo Alberto Bielsa Caldera.

Siéntete acompañado por todso estos colegas de la sinrazón, Villamil. Y literalmente vuela alto. Seguro que manoteas al tiro de esquina el tiro más esquinado que puede enfrentar un arquero y un arquero que llegó a ser famoso dentro de la encantadora pequeñez de nuestro medio, el del olvido.