Crónicas de Sergio Ried: mi “amigo” John McEnroe
Fueron tantos mis desencuentros con el tenista estaounidense, que, sin un orden cronológico, comenzaré con uno que lo retrata de cuerpo entero.
Por SERGIO RIED / Foto: ARCHIVO
Fue en el Hotel Sheraton de Santiago con motivo de una exhibición en la que participaban John McEnroe y Jimmy Connors. Ambos estaban practicando en una de las canchas que tenía a mi cargo como tennis pro del hotel y, como es lógico, al saberse que los dos astros norteamericanos se encontraban ahí, comenzaron a llegar curiosos que querían disfrutar del privilegio de tenerlos a su alcance.
Al ver cómo se juntaba gente alrededor del court (no más de 10 a 12 personas) el irascible “Big Mac” en uno de sus habituales ataque de furia, empezó a gritar que sacarán «a esa gente».
Yo, tratando de guardar la calma, le expliqué que «esa gente» eran pasajeros del hotel y pagaban para poder estar en todas las dependencias, siempre que guardaran la compostura y no molestarán a nadie.
Johnny parecía no escucharme y seguía vociferando y haciendo gestos agresivos raqueta en mano. Ante mis pedidos de que se calmara y con la ayuda de Connors, bajó el nivel de su ira, pero de igual manera tomó su bolso y mascullando maldiciones, se retiró de la cancha, dando por terminada la práctica.
Yo tuve mi recompensa, porque “Jimbo” siguió practicando saques, conmigo al otro lado de la red.
SEGUNDO SERVICIO
Este incidente tuvo un segundo acto durante un partido de exhibición con Hans Gildemeister, en el court central del Estadio Nacional, el año 1980. En esa ocasión, McEnroe ganó a Hans en cuatro sets. Luego de haber destruido a raquetazos, las flores, maceteros y adornos del entorno del court dio una conferencia en los camarines.
Al preguntarle por qué tenía esos arranques de ira, me respondió algo respecto a «estos países». Yo le pedí que me aclarara a qué se refería con ese término despectivo y antes de que alcanzara a responderme, su manager lo tomó de un brazo y se lo llevó. Fin de la conferencia de prensa.
«BIG BRAT»
El último encontrón con “Big Mac” (hasta ahora) fue en la Municipalidad de Buenos Aires, para el sorteo de los partidos de Copa Davis entre Argentina y Estados Unidos el año 1988.
A falta de Chile, que estaba en Tercera División, yo había ido a la capital argentina para ver a McEnroe y Agassi contra los locales Vilas y Clerc.
Me encontraba en medio de un enjambre de periodistas argentinos, cuando uno le preguntó si seguía tan mal genio. El intérprete tradujo algo totalmente diferente a la pregunta, con el fin de no enturbiar las aguas, a lo cual yo reaccioné, apoyado por un par de colegas trasandinos que hablaban inglés, y pedí que por qué no traducía bien la pregunta, que era sobre sus reiteradas pataletas en diferentes canchas del mundo.
Esa fue la chispa que encendió la hoguera y dio origen a un nuevo ataque de furia del estadounidense. Dijo que todo era invento de la prensa, que siempre agradaba sus actuaciones.
Me apropié del micrófono y le recordé su expulsión del Abierto de Australia, de la Copa Davis en Estocolmo y del apodo de «Big Brat» (Gran Consentido, Gran Maleducado), que le pusieron en Inglaterra. Ahí ardió Troya y una vez más los ejecutivos del torneo se lo llevaron, dejando en la testera al muy joven Andre Agassi y los doblistas Ken Flach y Robert Seguso.
Continuará…
