Columna de Sergio Gilbert: Las estrellas pueden no brillar
No hay dudas que el mercado veraniego de Colo Colo ha estado a la altura de la exigencia del centenario del club albo.
El actual campeón del fútbol chileno, hasta ahora cuenta con cinco refuerzos y podrían sumarse otros dos más, y en este caso, a diferencia de lo habitual, Colo Colo no ha ido a comprar lo que pueda con la plata que tiene retenida en la alcancía.
Ha hecho inversiones a costo alto, en relación a la realidad chilena. Optó por rehacer su plantel apostando fuerte.
Es cosa de revisar.
El volante argentino Claudio Aquino estuvo, por lo bajo, en el podio de los mejores jugadores del torneo argentino 2024; el atacante Salomón Rodríguez viene de buenas temporadas y registro de goles de Godoy Cruz, equipo sensación trasandino en 2023; el defensor Sebastián Vegas tuvo buenas campañas en el fútbol mexicano (Monarcas de Morelia y Monterrey) y vuelve en plenitud; en tanto que los volantes Víctor Felipe Méndez y Tomás Alarcón si bien llegan de campañas en baja en Europa (Rusia y España), son jugadores observados permanentemente para volver a la selección.
Una planilla fuerte
De acuerdo a los primeros cálculos, y considerando que hoy el plantel de Jorge Almirón tenía desde antes a jugadores de la talla de Arturo Vidal, Mauricio Isla y Javier Correa, más un par de jóvenes de proyección en el mercado como Vicente Pizarro y Lucas Cepeda, se dice que la plantilla de Colo Colo tiene una tasación de más de 30 millones de dólares, la más alta registrada por algún club chileno.
Los datos son, entonces, incuestionables. Y también las proyecciones y los desafíos que es preciso ponerles a los albos en relación al material con el que cuenta: competir en todos los frentes que tiene, incluida por cierto la Copa Libertadores de América.
Con los pies en la tierra
Por cierto que lo obligatoriedad de obtener todos los títulos que dispute es exagerado. Ningún equipo del mundo puede apostar a eso, aunque en teoría tenga a los mejores y más caros futbolistas.
Pero sí la exigencia lógica hoy es que Colo Colo pelee en todas las instancias nacionales sin renunciar a ninguna aunque esté jugando en forma paralela dos o más torneos, y que en la Copa Libertadores, al menos, equipare o supere lo hecho en 2024 (cuartos de final).
En el papel, parece que todo esto es razonable. Pone metas, pero no en forma exagerada.
¿Lo hará?
La proyección comparativa dice que sí, pero hay que considerar tres factores: la exigencia por la celebración del centenario del club, los imponderables que obviamente no se pueden calcular y la excesiva confianza pueden atentar contra lo que ahora parece accesible.
Esto último hay que remarcarlo,
Nada asegura un resultado
Y es que tener muchas estrellas no garantiza un brillo total en el cielo. Quien crea lo contrario, de verdad no sabe mucho de deportes. Y menos de fútbol.
La historia sirve para sostener esto.
En 1960, un equipo de provincia –O’Higgins de Rancagua– quiso dar la lucha por el título de Primera División.
Los celestes, que llevaban sólo cinco años de existencia como club, habían salido cuartos en 1959 de la mano del DT José Salerno y por eso se envalentonaron y construyeron un plantel que hoy se denominaría como “galáctico”.
De partida, se le renovó el contrato a sus dos mejores figuras del año anterior: René Meléndez y José Benito Ríos.
Luego de ello contrataron a Jorge Robledo (quien venía de un año de inactividad), repatriaron a Jaime Ramírez desde el Granada de España y, para terminar, ficharon al argentino Federico Vairo, que jugó con su país en el Mundial de Suecia dos años antes.
Tal fue la locura que provocaron estos nombres que el diario local El Rancagüino, el día de inicio del torneo 1960 tituló: “Hoy comienza la lucha por el segundo lugar” y la revista Estadio habló en su editorial de “Real O’Higgins”.
Mufazo total.
Un desastre no anunciado
Los celestes ni siquiera lograron mantener al DT Salerno todo el torneo debido a los malos resultados, Robledo marcó un solo gol en el campeonato y el octavo lugar al final de éste reflejó la mediocridad de la escuadra celeste.
O’Higgins, al siguiente año desmanteló su “equipazo” y tres años después descendió a Segunda División.
El costalazo fue terrible… A no olvidarlo cuando se sacan cuentas alegres antes de entrar a la cancha.
