Columna de Sergio Gilbert: Juguemos más, juguemos menos
Dos opiniones diametralmente opuestas han colocado en la discusión el tema de la cantidad de partidos que se deben jugar en el año. Mientras uno quiere más, el otro quiere menos. Pero, ¿cuál es la razón verdadera?
En las últimas horas, Jorge Almirón, el entrenador de Colo Colo, se quejó en una conferencia de prensa de lo poco que se juega en Chile.
Recordó el DT que la actividad competitiva para el equipo albo tuvo una detención de más de 70 días entre el término del torneo nacional 2024 (partido ante Deportes Copiapó) y el inicio de la Copa Chile (ante Deportes Limache), lo que, para él, afecta el desarrollo y puesta a punto de su equipo.
“Después de 77 días vamos a volver a jugar, es muchísimo. Hay muchas ganas de jugar, nos preparamos para la final de Supercopa, tuvimos una pretemporada larga, el equipo tiene una necesidad de jugar (…) Necesitamos jugar muchos partidos, competir, porque hicimos un buen campeonato el año pasado, clasificamos a la Copa Libertadores y eso nos va a demandar mucho”, señaló el DT de los albos.
Una voz contraria
En las últimas horas, también, pero en España, otro entrenador, Carlo Ancelotti, adiestrador de Real Madrid, hizo también una queja pública, pero en sentido absolutamente contrario al de Almirón.
El DT italiano está molesto por el recargado calendario de partidos, que aumentó gracias al nuevo formato de la Champions League.
“Se juegan demasiados partidos. Hay que quitar partidos, no meter más partidos”, dijo Ancelotti a modo de exigencia.
La disyuntiva
Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Hay que jugar mucho para alcanzar buenos niveles competitivos, como dijo Almirón? ¿O, por el contrario, es necesario comprimir el calendario porque así se soporta mejor la exigencia?
En realidad, no hay respuesta infalible. Todo depende de las circunstancias y el lugar.
Seguramente en Chile, donde los equipos juegan competitivamente en general muy poco (en promedio no será más de 40 a 45 partidos) es obvio que se necesita aumentar el número de encuentros para elevar el nivel.
Y es un hecha lógico también que una escuadra como Real Madrid ponga el grito en el cielo por jugar tanto, considerando que en verdad su calendario de compromisos tanto a nivel local como europeo es casi el doble del promedio de un club chileno.
El quid del asunto
Por eso, más que tomar una otra postura, lo importante parece ser señalar algo esencial y que tanto Almirón como Ancelotti han detectado y dicen en forma subrepticia: hoy, la forma de competencia, el calendario de partidos, no se condice con las necesidades deportivas, sino que con las económicas.
Simple y claro.
Dos mundos diferentes
En Chile, no se juega más porque los dueños de los clubes prefieren comprimir la temporada en 10 meses para así dejar de pagar sueldos por dos meses o cualquier aspecto operacional que obligue la competencia. Las largas vacaciones a los jugadores no son de buena onda, sino que, efectivamente, hay una obvia intención de reducir gastos.
En Europa el tema también tiene un trasfondo malévolo.
Como allá las estrellas venden y la televisión aún está pagando cantidades exorbitantes por el producto-fútbol (así lo bautizó Joao Havelange), mientras más leche se le pueda sacar a la vaca mejor será. Y que no aleguen los entrenadores y futbolistas que bien pagados están…
El fútbol profesional hoy se mueve según este factor y no por otro.
Jugar más o jugar menos no tiene que ver nada con las necesidades propias de los equipos ni con los trabajos técnicos.
La verdad, todo se resuelve en las planillas Excel de los gerentes y dueños de clubes que prefieren hoy tener al lado la pantalla de Bloomberg News a la de ESPN.
Sigan llorando señores Almirón y Ancelotti.
