Columna de Sebastián Gómez Matus: Mazapán, infancia y televisión en dictadura
Juan Carlos Poveda acaba de publicar vía Universidad Alberto Hurtado Ediciones un libro que discurre sobre la labor del grupo musical y el programa que tuvieron en los 80.
Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Fotos: ARCHIVO
Un mundo sin celular, sin internet, sin la celeridad en la que vivimos y hacemos crecer a niñas y niños del país. De hecho, ya no se habla de “niños” ni de “infancia”, sino de “niñes”, “niñxs” o “niñas y niños” y de “infancias” o “niñeces”, como si la complejización de un lenguaje que se dice inclusivo fuera incluyente. Por lo demás, estos usos responden a un sector escarmenado de la población que vive señalando la paja en el ojo ajeno mientras hunden la mirada en las plataformas del sistema patriarcal que dicen combatir.
Mientras, niñas y niños viven a la vera de padres y madres que practican “mapaternidades” amparadas en las pantallas y en la esquizofrenia digital instalada en el presente como un absoluto. Lo más cómodo sería decir que no hay un libro para criar a los hijos, pero sabemos que no es así.
En este contexto, aparece el libro de Juan Carlos Poveda, como el sustrato de un mundo que no es tan lejano en el tiempo, pero que la actualidad muestra de manera remota o como un objeto vintage, sólo útil para stickers y la ridiculización de todo, esto último como el acto reflejo por el cual podríamos comenzar a pergeñar el presente.
“Infancias de Mazapán. Representaciones de infancia en la música de Mazapán” es un libro que busca hacer memoria a propósito del contexto memorístico en el que estamos enfrascados institucionalmente. Se trata de una investigación sobre el grupo musical en tres aspectos fundamentales: la infancia compleja, la infancia televisada y la infancia protegida.
Mazapán, compuesto de 7 músicas y profesoras, nace en 1980 como una muestra casi que de nicho y de clase, por qué no decirlo, que alcanzó su mayor televisación durante el primer lustro de o que la Cepal en su momento llamó la “década perdida” para América Latina. Difícil tarea entregar entretención y contenidos para la infancia, en pleno auge de la dictadura, donde ser niño requería de una adecuación al contexto que privaba a la infancia de lo más propio: la espontaneidad. En primera instancia, el programa se transmitió por canal 11 como “Masamigos”; luego, sería TVN, a instancias de Marta Blanco, que introdujo al grupo a la parrilla programática de la señal nacional.

El autor cuenta con una interesante trayectoria como músico e investigador, y para este libro hizo un trabajo de archivo entre videos, entrevistas, recopilaciones, etc., para destacar el trabajo de estas creadoras, entre resistidas y olvidadas, pero sobre todo para establecer un canon de la infancia en los 80 respecto del presente y de este medio siglo que nos tiene en la cornisa, frente al imán del abismo digital.
En el libro hay un análisis musical, que suele evadirse en libros de esta índole, además de entregar el contexto y panorama televisivo en el que se desarrollaba la infancia de esa época estéril.
Es relevante aproximarse y tener una mirada sobre la infancia en esa época, sobre todo para establecer un contraste significativo con la actualidad de la infancia o la niñez, tema fundamental para toda sociedad que quiera tener una memoria viva y no hacer memoria desde la senectud o, de plano, desde la caducidad de sus prácticas adultas e institucionales. La filia por la memoria tiene un reverso que pasamos por alto: hay que hacer memoria, hasta el cansancio, porque justamente no hay memoria. O porque la memoria se instituyó, se institucionalizó, al sufrir el “desanclaje” con la realidad pasatista que, dicho sea de paso, es propiciada por las mismas instituciones. En otros términos, el papá es el internet y la mamá es la pantalla, por más que proliferen los esfuerzos y discursos biempensantes.
El libro propone una relación entre las necesidades creativas de Mazapán y el contexto de la producción televisiva durante la dictadura. Es un libro que versa sobre la producción de la infancia, mucho antes de que recayera en la demagogia de los plurales. Por lo demás, los plurales corren por cuenta de los adultos, como una nueva imposición dogmática (antidogmática) de cierta población atenazada por las banderillas del presente. Como país, no hay que olvidar que niñas y niños crecen. De hecho, nosotros crecimos y muchos de los adultos de hoy vivieron su juventud en dictadura. Al respecto, una obra que de alguna manera se espejea con el de Poveda, es el interesante libro escrito por el poeta y antropólogo Yanko González Cangas: “Los más ordenaditos. Fascismo y juventud en la dictadura de Pinochet”.
“Infancias de Mazapán” relata, entre otras cosas, el hecho de que mucho material creado por el grupo se perdió por razones de presupuesto: las cintas debían reutilizarse varias veces, con lo que tenían que grabar contenido sobre contenido. Un dato no menor para los próceres actuales de la memoria. También da cuenta de la presión constante y amenazante que sufrió el grupo de mujeres para introducir publicidad en el espacio de su programa, a lo que nunca accedieron. ¿Se imaginan un programa por televisión abierta sin publicidad? Y, por último, cuando fueron despedidas por no participar en un acto de CEMA Chile, convocado por la esposa del dictador.
A su vez, no deja de ser pertinente que Poveda exponga las críticas de clase que sufrió el grupo. Desde “profesoras cuicas”, a mujeres “no comprometidas políticamente”, que vivían en “un mundo de mazapán”, totalmente desafectadas de la realidad de las poblaciones o provincias de un Chile vapuleado.
No obstante, la calidad y la profundidad de su contenido hoy se lee desde otra palestra, aunque siguen existiendo las mismas lecturas de clase y, lo que resulta más alarmante, la misma noción de compromiso político. Habría que desempolvar ciertas ideas políticas para poder acceder a una infancia más infantil y menos discursiva. No podemos especular, ni económica ni semánticamente, con la niñez.
En fin, hoy, libro en mano, varias décadas después, otro mundo por delante, el trabajo que realizó Mazapán comienza a generar contenidos críticos que revisan una época desde marcos teóricos actuales, lo que no necesariamente quiere decir acertados. Recordemos que todo presente se convierte en pasado y, como dijera el poeta Arturo Carrera respecto de cómo son leídos los poetas del pasado en el futuro: nacen los otros.
Mazapán sigue vigente como contenido, en los jardines todavía se canta “La cuncuna amarilla”, independiente de la comuna o la región. Es importante reconocer el trabajo de estas siete artistas, cuya sensibilidad y atención a la niñez en un momento tan lúgubre, todavía sigue siendo difícil de valorar.
SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS
Poeta y traductor. Ha publicado “Animal muerto” (Aparte, 2021) y “Po, la constitución borrada” (facsímil digital). Entre otros, ha traducido a John Berryman, Mary Ruefle, Zachary Schomburg y Chika Sagawa. Forma parte del colectivo artístico transdisciplinar Kraken.
