Columna de Naomi Suárez: Elecciones con ojos de mujer

Las propuestas presidenciales se enfocan en tres ejes que dominan el discurso público: la autonomía económica, el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, y la urgente necesidad de erradicar la violencia de género.

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Por El Ágora
Actualizado el 12 de noviembre de 2025 - 11:32 pm

La violencia de género nos obliga a revisar las estrategias de seguridad que se aplican hoy. / Foto: ARCHIVO (REFERENCIAL)

Sin duda, el voto de las mujeres en estas elecciones es gran parte de la fuerza que definirá el futuro de Chile. Y es que, según datos entregados por el Servel en septiembre de este año, las mujeres representamos el 51,23% del padrón electoral. Esta mayoría estadística nos da una responsabilidad y un poder ineludible.

Es alentador que, en esta contienda electoral, la mayoría de los programas presidenciales hayan dedicado espacio a las mujeres. Las propuestas se enfocan en tres ejes que dominan el discurso público y la agenda feminista.

-La autonomía económica (que apunta a la brecha salarial y la sobrecarga del cuidado).

-El derecho a decidir sobre nuestros cuerpos (que incluye temas controversiales como la ley de aborto).

-Y la urgente necesidad de erradicar la violencia de género.

Sin embargo, me atrevería a decir que la verdadera importancia de esta elección radica en discernir. Es decir, distinguir si estas menciones son solo una “solución parche” a las demandas sociales o si realmente serán traducidas a cambios concretos y profundos.

La mujer del futuro

En el plano de la autonomía económica y el cuidado, todos los aspirantes a La Moneda reconocen nuestra realidad. Que las mujeres sí, ganamos menos; la informalidad sí, nos acecha; y el trabajo doméstico no remunerado sí, nos priva de oportunidades profesionales.

Sin embargo, en esta discusión fundamental, existen dos caminos muy marcados para la solución. Por un lado, hay quienes abogan por un Estado que asuma la corresponsabilidad, proponiendo la creación de sistemas nacionales de cuidado. Además de la extensión de posnatales para ambos padres y el reconocimiento explícito de los años dedicados a la crianza para la jubilación.

En la otra vereda hay quienes se enfocan en el “mercado”, promoviendo subsidios directos a la contratación, flexibilidad laboral o programas masivos de créditos hipotecarios más baratos. Si bien esta última visión apunta a un “empoderamiento femenino” individual (al facilitarnos ser propietarias o acceder a mejores empleos), no ataca el problema de fondo y deja intacta la organización social del cuidado. Así se perpetúa la idea de que la responsabilidad de la familia sigue recayendo en la mujer.

El segundo punto es crucial y, por supuesto, uno de los más controversiales: el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. Aquí, la diferencia entre las propuestas es abrumadora y establece una línea divisoria sobre el lugar de la mujer en el Chile del futuro.

Hay proyectos que impulsan la plena igualdad y la libertad reproductiva, con la intención explícita de avanzar en la Ley de Aborto y fortalecer los derechos de las diversidades sexuales y de género. Mientras que, en la otra vereda ideológica, nos encontramos con propuestas que buscan revisar o limitar la actual ley de interrupción del embarazo.

A no dejarse llevar

Un voto en este eje es una elección directa entre dos modelos de país: aquel que consagra la libertad personal de la mujer y aquel que busca establecer la regulación del Estado sobre nuestros cuerpos y nuestra capacidad de decisión.

Finalmente, la tan temida violencia de género nos obliga a revisar las estrategias de seguridad que se aplican hoy en día. La clave no solo reside en el castigo y la penalidad, sino en cómo el sistema repara y protege a las víctimas. Mientras algunas propuestas prometen una justicia especializada con formación obligatoria para policías, fiscales y jueces, otras se enfocan únicamente en el máximo castigo y la seguridad general. Pero no entran en detalles de las formas de prevención estructural.

La verdadera urgencia de aplicar la perspectiva de género en las entidades judiciales se hace evidente al recordar casos emblemáticos de Chile. Estoy segura de que, si esta visión hubiera estado plenamente operativa, la credibilidad de Antonia Barra no hubiese sido puesta en duda durante las investigaciones sobre su suicidio. O que Gabriela Alcaíno y su madre hubiesen contado con medidas cautelares eficientes para evitar sus muertes.

Eliminar esta perspectiva, como propone uno de los candidatos, equivale a institucionalizar y reafirmar la ceguera de un sistema que viene permitiendo desigualdades y violencias persistentes para con las mujeres y, peor aún, que los agresores queden impunes.

Creo que este 16 de noviembre elegimos el sistema que definirá si las mujeres de Chile seremos consideradas ciudadanas con pleno derecho y autonomía o ciudadanas que necesitan protección y regulación especial. La clave, sin duda, es leer los programas más allá de las promesas y no dejarse llevar por el vox populi de los últimos días.

Naomi Suárez es periodista multimedia con experiencia en producción y edición televisiva de entretenimiento, además de experta en gestión integral de contenidos.