Columna de Juanita Rojas: La antigua fórmula de negar la sal y el agua
Lamentable dinámica nos espera a los chilenos en el futuro, si la alternancia en el poder es sinónimo de tomar venganza política más que legislar y gobernar pensando en el bienestar general.
Por JUANITA ROJAS / Foto: ATON
El jueves pasado la Cámara de Diputadas y Diputados despachó el presupuesto del año 2023 presentado por el Ejecutivo, después de más de 12 horas de sesión. Aplausos y fotos de sectores oficialistas junto al ministro de Hacienda no daban cuenta de lo tenso que fue el debate y de las derrotas propinadas por el bando opositor. Es que lo que pudo ser un mero trámite, se transformó en un gallito sin precedentes , ya que la oposición rechazó completo el presupuesto de la Subsecretaría de Interior, destinado a seguridad y al combate del crimen organizado. Asimismo, se negó el monto total destinado a los organismos y programas de derechos humanos.
En un momento económico decididamente difícil para el país, acentuado sin duda por el agravamiento de la situación de seguridad, expresada en crímenes cotidianos, asaltos, secuestros, bandas de narcotráfico y una macrozona sur que continúa siendo objeto de atentados, el presupuesto del aparato público para el próximo año debería tener su foco en este último ítem o, al menos, ocupar una parte relevante de la propuesta gubernamental. Parecía que en este punto había consenso, pero, independiente de los pretextos esgrimidos, los hechos demuestran lo contrario,
Algunos han recordado la férrea oposición que mantuvo la izquierda hoy gobernante al mandato del ex presidente Sebastián Piñera, que implicó más de una derrota en el Congreso. Más de un ejemplo demuestra que fue así. En ese entendido, lo de ahora sería el momento de la revancha para hacerles pagar lo que ha sido calificado de obstruccionismo. Lamentable dinámica nos espera a los chilenos en el futuro, si la alternancia en el poder es sinónimo de tomar venganza política más que legislar y gobernar pensando en el bienestar general.
Revanchismo que la dirigente de la UDI María Hoffmann niega, si bien justifica la dura actitud de su sector basada en lo que sería la poca disposición del oficialismo a reconocer la derrota del Apruebo en el plebiscito de septiembre pasado y, en ese contexto, a cambiar su programa de gobierno. Más aún, la dirigenta se refiere a esta negativa del actual gobierno y sus partidos a ceder ante las imposiciones opositoras, como “negacionismo”.
A propósito del manoseo del lenguaje –que se hace con el evidente propósito de desnaturalizar su significado–, al usar el vocablo la señora Hoffman profiere un insulto a toda víctima de violación a sus derechos fundamentales, en cualquier parte del mundo, causada por regímenes de cualquier ideología, en todo momento y lugar. Porque el negacionismo hace referencia justamente a aquellos que pretenden negar hechos irrefutables relacionados con torturas, persecusiones y genocidios basados en razón de raza, religión, creencias, ideologías, género, etc., cometidas por Pinochet, Hitler, Stalin o Pol Pot. Nunca ha estado relacionado con actitudes o posturas políticas coyunturales o con no reconocer errores y derrotas de esa índole.
El uso de la expresión no es casual viniendo de ese sector, si se considera que entre las partidas no aprobadas está aquella destinada a financiar organismos y programas de derechos humanos. El presupuesto para el Instituto Nacional de Derechos Humanos, el Museo de la Memoria, el Programa de Sitios de Memoria (Villa Grimaldi, Londres 38, Colonia Dignidad, entre otros) fueron rechazados por la derecha, argumentando… no se sabe muy bien qué. Pero lo anterior sería una demostración de que ese sector se siente muy incómodo con el tema, amén de que algunos no comprenden su significado y alcances, más allá de que sean un asunto universalmente consensuado.
Las expresiones de júbilo de los parlamentarios De la Carrera y Kaiser, ex republicanos, pero que siguen en la bancada de ese partido, revelan lo expresado precedentemente, si bien en el caso de ellos no hay problemas conceptuales, sino un abierto rechazo a todo lo que haga referencia a derechos fundamentales. Un asunto que debiera preocupar a todos los que de verdad creen en la democracia y en los seres humanos.
En la presente semana será el Senado el encargado de revisar el presupuesto de la Nación para 2023 y en el gobierno esperan reponer las partidas rechazadas en la Cámara. Si logran su cometido, el presupuesto se verá en comisión mixta y, modificaciones más o menos, deberá aprobarse. El asunto de fondo es cuándo la élite política subirá el nivel para tomar sus decisiones, sin doble estándar, pensando únicamente en lo que el país requiere.
