Columna de José Antonio Lizana: que el paso del tiempo no lo destruya todo
En 25 años de trabajo como editor y gestor de imprenta, un oficio que me ha colmado de experiencias, satisfacciones y saberes, más de mil escritores han pasado ante mis ojos.
En este cuarto de siglo han pasado por mis manos tornados narrativos, marejadas poéticas, erupciones dramáticas y todos los fenómenos de la literatura. También he sido testigo de cómo este rubro resistió estoicamente la crisis asiática, el terremoto de 2010, el estallido social, la pandemia de covid-19. Y las posteriores consecuencias de la escasez mundial de insumos y papel y, por consiguiente, las quiebras de las pequeñas imprentas. Además, la inflación y la actual arremetida de la tecnología y las publicaciones digitales.
Sin embargo, la cicatriz más profunda la dejó la dictadura en 1976, con el Impuesto al Valor Agregado del 19% al libro. Uno de los impuestos más altos del mundo y que se traduce al quinto del valor de este.
Tristemente, el 11 de septiembre de 1973, la editorial Quimantú sufrió una ofensiva militar en la que se quemaron centenares de libros de una bodega. La excusa fue una supuesta propaganda subversiva almacenada en ese lugar. Además, el 23 de septiembre de 1973, un grupo de militares quemó libros públicamente, tras un allanamiento a la remodelación San Borja, entre las calles Lira y Diagonal Paraguay, en un ominoso atentado a la libertad.
El escritor checoslovaco Milan Kundera dijo alguna vez: “Para liquidar a los pueblos, se empieza por privarlos de la memoria. Destruyen tus libros, tu cultura y tu historia”.
Apagón cultural
Luego, las pseudodemocracias que ofrecieron alegrías, igualdades y tiempos mejores, no le dieron el protagonismo que se merece el libro. Todos ellos son los responsables del apagón cultural y de las severas crisis valóricas, espirituales y culturales que ha fracturado a nuestro país en los últimos 52 años.
No obstante, en este tiempo dedicado a la producción y gestión editorial, he colaborado con grandes autores y autoras nacionales. Enrique Lafourcade, Gonzalo Rojas, Isidora Aguirre, Virginia Huneeus, Erick Pohlhammer, Matilde Ladrón de Guevara, Enrique Volpe, Alejandra Basualto, Gustavo Donoso “Gus”, Darío Oses, Pedro Lastra, Floridor Pérez.
También, Sergio Larraín, Walter Garib, Miguel Castillo Didier, Fabio Salas, Reinaldo Marchant, Ana María Vieira, Jorge Calvo, Fernando Quilodrán, Claudio Geisse, José Mansilla, Mario Banic, Teresa Gottlieb, Iván Ramírez, David Espinoza Medina, Víctor Hugo Ortega, Felipe Risco, Roberto Rabi, Eduardo Téllez, Gonzalo Planet, Mario Alejandro Guíñez.
Además de Carlos Jhonson, Amelia Delia Marzant, Greco Aduren, Vicente Plaza, Alicia Salinas, Nadia Prado, Carmen Gloria Berríos, Eduardo Becker Daguerresar, Jaime Arenas, Hugo Quintana, Yorka Gallegos, Pilar Arratia, Estefanía Hernández, Anita Monstrosis, José Blanco, Edmundo Budinich.
Y Miguel Prieto, Roberto Cabrera, Carlos Cabezas, Pancho Santa Cruz, Germán Gamonal, Sergio Riesenberg, Mario Marchant, Guadalupe Rivera, María José Cabezas, Pedro Ignacio Tapia, José Bolbarán, Jorge Muñoz Reyes, Joel Escudero, Francisca Vega y Juan Luis Ortega, entre otras y otros.
Puedes ser el siguiente
Discúlpenme por no nombrarlas/os a todos, pero sumo más de mil escritores con los que he trabajado desde 2000 a la actualidad.
En esta pléyade de grandes plumas, no me olvido de mis colegas y amigos futboleros, que en cada temporada y por más de un lustro me han confiado sus magníficas obras. Como Juan Carlos Vargas, Cristián Venegas, Jaime Vásquez, Carlos Caszely, Luis Mora, Fabián Valenzuela e Ignacio Maturana, entre otros.
No es misterio que en Chile hay bajos niveles de lectura y comprensión. Por lo mismo, quienes emprendemos en este rubro, asumimos el riesgo y hacemos camino al publicar, difundir y vender nuestras obras. Y así, siempre volvemos a empezar. Pero ¿por qué perseveramos en la escritura y reincidimos en la publicación de los libros si a veces no obtenemos los réditos suficientes? Quizás lo hacemos para no olvidar y para que el paso del tiempo no lo destruya todo. Quizás perseveramos en esto como una forma de resistir y sobrevivir, pero principalmente para que nuestras palabras no se las lleve el viento.
En este camino de letras y autores, también tuve momentos jocosos en la producción de los libros “Más allá del humor”, de Coco Legrand, junto a Tito González; “Bailando arriba del volcán” que cuenta la historia del grupo Axé Bahía, y “Un capitán galopa en las fronteras del infierno”, del carismático poeta Enrique Volpe.
Todas estas historias y anécdotas las iré compartiendo en los siguientes meses… Pero también quisiera que me recordaras el nombre de tu obra, el año en que se publicó y cuál será tu próximo proyecto. También me gustaría conocer a las nuevas escritoras y nuevos escritores, que este año pretenden publicar sus obras. Sigamos dándole juntos, una larga vida a los libros…
