Columna de José Antonio Lizana: Otro guiño al libreto de la vergüenza

Cuando un equipo chileno pisa suelo argentino, no sólo enfrenta a once jugadores, enfrenta un peso invisible, un legado de decisiones “casuales” que siempre se inclinan hacia el mismo lado.

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Por José Antonio Lizana
Actualizado el 31 de octubre de 2025 - 3:15 pm

Un gol viciado eliminó a la U de la Sudamericana / Foto: PHOTOSPORT

No es primera vez que el fútbol chileno sufre en canchas argentinas, donde la historia parece estar escrita de antemano. Cada vez que un equipo nacional cruza la cordillera con ilusiones de gloria continental, lo espera no sólo el rival de turno, sino un cúmulo de situaciones orquestadas.

En Argentina, el árbitro no es neutral, claro viste de negro, pero debajo usa la camiseta del local y está dispuesto a cerrar los ojos cuando la pelota golpea una mano “inocente” o a inventar faltas que sólo él ve.

Lo mismo de siempre

Lo de Lanús fue un nuevo capítulo de una vieja historia. Una mano evidente, una jugada que debía morir ahí mismo, y que en cambio terminó siendo el inicio del gol del triunfo del equipo trasandino.

Un guiño más al libreto que se repite desde los tiempos del ídolo Carlos Caszely y el Colo Colo del 73, cuando los albos fueron despojados de una final soñada con un tanto irregular allá y otro legítimo anulado acá. Asimismo, creo que si el Colo Colo 91, viajaba con el 3 a 1 a terminar la llave con Boca, también lo sacaban de carrera.

Décadas después, la “U” vivió su propio calvario en el Monumental de Núñez, cuando el árbitro ecuatoriano Alfredo Rodas, prefirió mirar hacia otro lado mientras Esteban Valencia era derribado en plena área.

Ni siquiera salva el VAR

Siempre es lo mismo y no hay VAR que valga cuando la historia está escrita desde el poder. Por eso, cuando un equipo chileno pisa suelo argentino, no sólo enfrenta a once jugadores, enfrenta un peso invisible, un legado de decisiones “casuales” que siempre se inclinan hacia el mismo lado.

Tal vez algún día, en alguna cancha neutral o con un arbitraje verdaderamente justo, la historia cambie. Pero por ahora, nada es mejor, todo es peor, porque contra los equipos argentinos, en Argentina, no basta con jugar bien. Hay que pelear contra la camiseta rival, contra el juez y contra la sombra de toda una Conmebol que parece mirar con otros ojos.

Todavía me acuerdo cuando una señora del barrio decía en los velorios: «No somos nada».

Ahora a mis casi cincuenta años lo entiendo: no somos nada, no pesamos nada y más encima nos meten la mano al bolsillo.