Columna de José Antonio Lizana: esta noche festeja todo Chile

Hago esta nota con las manos temblorosas y el corazón desbordado, porque el fútbol chileno tan golpeado y tan escaso de alegrías profundas, hoy vuelve a encontrar un motivo para creer.

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Por José Antonio Lizana
Actualizado el 22 de marzo de 2026 - 11:28 pm

Los chicos de Wanderers y un festejo que conmueve a todo el país / Foto: AGENCIA EFE

Cuando un equipo chileno conquista América, no es sólo un club el que gana, es un país entero el que se levanta, el que recuerda que aún puede soñar.

Y no me vengan con mezquindades, ni colores. Porque la historia también se escribe con gestos nobles. ¿Se acuerda de que en el marco de la Copa Libertadores 1991, Universidad de Chile supo cruzar veredas y llegar hasta el Monumental para saludar al campeón, Colo Colo, en una lección de grandeza que el tiempo no ha logrado borrar?

Y en 2011, cuando la “U” alzó la Copa Sudamericana 2011, más de algún albo celebró en silencio, entendiendo que el triunfo internacional también es bandera compartida.

Hoy, esa bandera flamea con fuerza desde el puerto. Hoy, el honor es de Santiago Wanderers sub 20, un grupo de muchachos que escribió una página dorada al conquistar la Copa Libertadores de la categoría.

Este domingo los caturros enfrentaron nada menos que a Flamengo, vigente campeón del certamen y el partido fue una batalla. Los brasileños mostraron porqué eran los favoritos, intensidad, técnica y jerarquía, pero no avasallaron y tampoco humillaron. Esto porque los nuestros tuvieron temple, coraje y convicción.

Wanderers resistió cuando el vendaval apretaba, golpeó cuando pudo y se levantó cuando cayó. Como tantas veces lo ha hecho Valparaíso.

Y luego vino el momento en que el alma se pone a prueba, la definición por penales. Ahí, donde la historia pesa y las piernas tiemblan, estos jóvenes mostraron una frialdad conmovedora. No fallaron. No dudaron.

Queridos lectores, estos triunfos no son sólo deportivos. Son necesarios y urgentes. En tiempos donde Chile parece fragmentado, donde la incertidumbre social y política cala hondo, estas gestas nos recuerdan que aún podemos abrazarnos en una misma alegría. Incluso el propio José Antonio Kast, sin ningún antecedente futbolístico en su historia, deberá abrir las puertas de La Moneda para recibir a estos héroes que tocaron el cielo de América.

Las imágenes quedarán para siempre: los jugadores de Flamengo tendidos sobre el césped, llorando, desconsolados. Y cómo no entenderlos. Cuántas veces fuimos nosotros los que miramos al suelo, los que aprendimos a perder y los que nos resignamos. Pero no esta vez.

Esta vez, es Lucas Avendaño quien levanta la copa al cielo. Es Valparaíso el que estalla. Es Chile el que celebra.

Esta noche, emborráchense queridos porteños. Del cerro Los Placeres, pásense al Barón, después váyanse al Cordillera y al Cerro Alegre a cantar una canción. Luego, duerman con la camiseta puesta y abracen su sueño con el último penal como si fuera eterno. Porque hoy y para siempre quedará escrito que son los mejores de América.