Columna de Carlos Cantero: La educación se desgarra

Me encontré con una comunidad educativa impresionante por su compromiso, sentido vocacional, al asumir que educar es amar.

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Por Carlos Cantero
Actualizado el 30 de septiembre de 2025 - 6:53 pm

Los niños de la Escuela Japón de Antofagasta y uno de los tantos reconocimientos recibidos / Foto: INSTAGRAM

En tiempos de profundo cuestionamiento a la calidad de la educación en el sistema educativo chileno… Cuando el Ministerio de Educación posterga el traspaso de la educación municipal al Servicio Local de Educación Pública (SLEP) de Antofagasta para 2027 (argumentando que aún existen puntos críticos, principalmente en materia financiera y de dotación de equipos). Y cuando llama la atención que el nuevo sistema parta desfinanciado, vengo en expresar la convicción de que la educación se desgarra por ideologismos absurdos.

Como dice el refrán popular, “se rasca donde no pica”. Los problemas de calidad de la educación son profundos y estructurales. Derivan de una mala concepción, excesivos procesos normativos y burocráticos, con multiplicidad de servicios involucrados.

En este negativo cuadro, estamos lejos de superar la crisis de la educación, que refleja decisiones politizadas. He examinado diversos entornos educativos, algunos de ellos muy bien orientados e implementados, especialmente en países desarrollados.

Gestión de calidad

Por eso quiero destacar, en medio de la pobreza cualitativa en Chile, algunos casos que constituyen referentes icónicos.

A modo de ejemplo, hace unos días visité la Escuela Japón (D58), en Antofagasta, cuya directora Silvia Vega, lidera un equipo profesional de excelencia.

En la ocasión, me encontré con una comunidad educativa impresionante por su compromiso, sentido vocacional, al asumir que educar es amar.

Nada tiene que envidiar a las mejores experiencias: observé alumnos educados en valores éticos, con identidad nacional, hábitos culturales muy destacados, con habilidades y competencias (duras y blandas) muy desarrolladas, un proceso bien planificado, un equipamiento óptimo para nuestro medio, con central de apuntes, policlínico y una infraestructura bien tenida.

Hasta sus jardines denotan el amor de quien atiende esas áreas verdes y forma parte del proceso pedagógico. Destaco su sala de recursos educativos, que equilibra lo analógico tradicional con lo digital, con gran éxito e impacto en sus destinatarios: niñas y niños del sistema. En suma, una gestión directiva de gran calidad.

Referentes icónicos

Pensando en destacar esa experiencia de excelencia educativa, consulté ¿cuáles son las claves gestionales de la Escuela Japón de Antofagasta? Se me respondió que están comprometidos con un liderazgo pedagógico con vocación ética y humanizadora, resiliencia profesional de docentes y directivos. Además de liderazgo docente con profesores reflexivos, colaborativos, formación continua y situada, e innovación con propósito.

Además, buscan la mejor asesoría externa, aquella con compromiso, excelencia y alta calificación probada, que ayuda a ordenar recursos materiales y humanos, en beneficio del proceso.

Motivado por la experiencia reflexionaba: ¡Aún tenemos esperanza! Hay muchas educadoras y educadores de excelencia, que irradian compromiso por las nuevas generaciones. Sólo falta el adecuado liderazgo para la educación con amor vocacional. ¡Felicitaciones a estos referentes icónicos! Ojalá, en Chile, quienes deciden valoren estos ejemplos y los consideren cuando aborden decisiones trascendentes para la educación.