Columna de Carlos Cantero: El buen criterio no se compra en la farmacia
Veo a las instituciones degenerando hasta el extremo de no responder a su esencia: en lo político, religioso, moral, espiritual y filosófico.
Por CARLOS CANTERO / Foto: ARCHIVO
Veo el grave deterioro ético en nuestra sociedad. El despliegue de la violencia, el enseñoreo del crimen organizado y del narcotráfico en el país. La corrupción y la falta de probidad, el descriterio en la política, la pusilanimidad en la función pública, en los tres poderes del Estado: todo, expresión de la anomía que nos envuelve y nos asfixia.
Veo a las instituciones degenerando hasta el extremo de no responder a su esencia: en lo político, religioso, moral, espiritual y filosófico.
Un mal funcionamiento estructural de la función pública, la degradación ética, estética y emocional en la relacionalidad del país y de nuestras ciudades, que cada día están más peligrosas y degradadas. Una situación de calamidad en gestiones básicas, como el desarrollo de proyectos o en la reacción frente a catástrofes y emergencias.
¿Podemos tener la expectativa que esto va a mejorar en breve? La respuesta es muy clara. No hay ninguna posibilidad. No, si seguimos haciendo más de lo mismo. El refranero de la sabiduría popular nos ayuda en este examen. El primero que viene a mi cabeza es: ¡Los perales dan peras, no manzanas! No pidas ni busques donde no hay.
Frente al agudizado descriterio, mediocridad, desprecio por el conocimiento, por la experiencia y el mérito, recuerdo otra píldora de la sabiduría de los viejos: “El buen criterio no se compra en la farmacia”. Y agrego que la autoridad política -transversalmente- lo demuestra cada día.
Frente a la desesperada reacción de la gente ante la inoperancia, destrucción, secuela de dolor y de muerte, recuerdo otro refrán. Cuando la animalada arrasaba los campos o sembrados ajenos, causando daño y calamidad, la sabiduría popular delimitaba responsables: “La culpa no es del chancho, sino de quien le da el afrecho”.
Entonces, debemos preguntarnos: ¿Quiénes son los responsables de este estado de cosas? Las miradas se vuelcan hacia la política y los políticos. Pero, debemos insistir: ¿Quiénes dan el afrecho o quiénes ponen a este tipo de personas en esos cargos? Obviamente, los que los eligen: sean nombramientos a dedo o quienes les dan los votos. ¿Se cuida realmente el mérito, el conocimiento, la experiencia? Es claro que esas consideraciones están ausentes.
Pero, entonces, ¿esto terminará pronto? ¡Si seguimos haciendo más de lo mismo, tendremos el mismo resultado o empeorará! No digo que haya mala intención en nadie: “Lo que natura non da, Salamanca non presta”, dice el refranero. Claro está que hay unos pocos interesados en el desorden y la anomia. Esos que se benefician: “A río revuelto, ganancia de pescadores”. ¿Quiénes son esos? Los sostenedores del “modelo” descrito en el primer párrafo.
¿Qué se puede hacer frente a este “fracaso anunciado”? Eso depende sólo de usted. Debemos respondernos las preguntas clásicas: qué, cómo, cuándo y quiénes ¿Qué podemos hacer frente al desastre que vivimos? ¡Tomar consciencia, asumir responsabilidades y corregir! ¿Cómo se mejora la situación política? Con más y mejor política, y eso depende de usted ¿Cuándo se pudrió la democracia? Cuando los ciudadanos dejaron sus responsabilidades cívicas en manos de personas no calificadas y mal preparadas e intencionadas.
¿Cuándo mejorará? Mejorará, cuando el ciudadano retome sus responsabilidades políticas y democráticas, eligiendo con buen criterio y más reflexión ¿Quiénes son los llamados para mejorar la función pública? ¡Usted, señora y señor; joven, adulto o viejo; de izquierda, centro o derecha! Nadie más puede mejorar esto.
Otro camino sería favorecer a un populista, a un narco-político o dictador. Y no estamos lejos de hacerlo: se asoman a la vuelta de la esquina, sobre todo en épocas de profundas crisis ¿No le llaman la atención los incendios? En el Metro, iglesias, en bienes públicos y privados… Ahora, en la Región de Valparaíso, con centenares de muertos y desaparecidos.
De eso, sin embargo, hablaremos en nuestra próxima columna.
