Columna de Arturo Castillo: No voten por mí

La bolita ya echó a rodar y la enorme maquinaria electoral, de más de tres mil engranajes, espera con ansiedad que los candidatos se hagan visibles.

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Por Arturo Castillo Vicencio
Actualizado el 30 de enero de 2025 - 12:32 pm

Es increíble lo que atrae un lugar en el Congreso / Foto: ARCHIVO

Algunos candidatos ya están en carrera, son los que están en la periferia del sistema, inflados por innumerables encuestas y por la visibilidad que les otorgan tanto sus partidarios como sus detractores.

Pero hay otros engranajes que, aunque funcionando a media máquina, están todavía ocultos, esperando una mayor presión de sus adeptos para decidirse a echar a andar su propia maquinaria. Temen, todavía, ser acusados de inconsecuentes. Por ejemplo, la ex Presidenta Michelle Bachelet, que se enteró por la prensa del caso Caval mientras disfrutaba de sus vacaciones a orillas del lago Caburga, señaló enfáticamente que “después de esto ya no seré candidata a nada”. Su respuesta aún está en veremos. También están en los extremos aquellas que giran al revés intentando apoderarse del título de caudillos de derecha o de izquierda extremas. Pero esa es otra historia.

Las incógnitas

Tampoco se sabe cómo reaccionarán el PC y el Frente Amplio en caso de perder. ¿Le negarán la sal y el agua al nuevo gobierno?

Todavía faltan muchas decisiones que adoptar. Mientras, ya están surgiendo candidatos por todas partes, no sólo para competir en los comicios presidenciales, sino que también habrá elecciones en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República. Mi lenguaje es inclusivo, por lo tanto cuando escribo diputados, también me refiero de manera tácita a las mujeres que ocupan ese cargo en atención a que hombres y mujeres pertenecen al género humano.

Y a propósito de elecciones, la ley dice que cada cuatro años se renueva la totalidad de los diputados y la mitad de los senadores. O sea, habla de elecciones y no de reelecciones. Pero eso no ocurre en este caso.

La ambición de figurar

Los que más llama la atención es el alto interés por ocupar algún cargo de elección popular o alguna designación de confianza para ejercer algún grado de autoridad. O sea, vamos en pos del Estado a como dé lugar. Ya sea para obtener poder, buenos sueldos (hay asesores que ganan más que el propio Presidente de la República) o, simplemente por esas pequeñas cuestiones partidistas inspiradas en arcaicas y anacrónicas ideologías.

También hay casos graves de parlamentarios que llegan al Congreso con el propósito de proteger los intereses de determinadas empresas o grupos económicos. Así sucedió en el caso de ley de pesca, en que los industriales pauteaban por redes sociales acerca de cómo votar o redactar un proyecto a una senadora de la Udi.

Y como siempre, no pasa nada

Y desde el Estado se puede improvisar sin riesgos. Si meten la pata (gas a precio justo), no pasa nada. Si eres ingenuo (visita ministerial a la Araucanía repelida a balazos) te hará pasar más de un bochorno o te pondrás colorado un rato y nada más. Si eres corrupto (casos fundaciones), tampoco. Siempre puedes ocultarte bajo el manto de la superioridad moral. Y si no sabes que hacer puedes formar comisiones; tal vez algo bueno salga de ahí.

En Fin, Churchill decía que la diferencia entre un político y un estadista radica en que el primero piensa en las próximas elecciones, mientras que el segundo lo hace apuntando a las próximas generaciones.

Ese afán por gobernar

Si uno mira el panorama que nos espera para este año y el próximo, resulta un tanto inentendible que tantos políticos y otros tantos operadores se quieran hacer cargo de tantos e insalvables problemas que nos acompañan cotidianamente a los chilenos,

Lo peor, es que muchos de ellos no están capacitados para enfrentarlos y menos resolverlos.

Cuando un político pierde una elección, sabe que siempre habrá un premio de consuelo. O también puede haber un cargo por ahí en agradecimiento a lealtades y colaboraciones partidistas, aunque no tengas idea de cómo ejercer dicha función.

Siempre hay otras opciones

Si no eres diputado ni senador, ni alcalde, ni gobernador, puedes optar a delegado presidencial, miembro del directorio de alguna empresa estatal, asesor de algún ministro o, en el mejor de los casos embajador (a), sin haber pasado por la Academia Diplomática Andrés Bello.

Lo hizo Neruda. Cuando fue nombrado cónsul en Rangún, cambió el pasaje de primera clase, correspondiente al rango de un diplomático, por dos de segunda y así pudo viajar acompañado de su compadre. No hay registros de que su labor haya sido fructífera, además de haber mantenido en buena forma a su pequeña mascota (una mangosta).

En todas partes se cuecen habas

En estos tiempos no llegamos a tanto, pero la inoperancia ha quedado de manifiesto en algunos casos.

La embajadora en el Reino Unido debió ser removida, y lo mismo está pidiendo ahora la derecha, por irregularidades administrativas y supuestos gastos excesivos en el caso de la representante del Estado de Chile ante el Estado mexicano.

Bueno, al menos el Presidente se convenció de que la cartera de Relaciones Exteriores debía estar en manos de alguien experimentado y no de una joven idealista, pero sin experiencia en diplomacia, que ocupó el cargo en primera instancia. Abrió la boca, la grabación se filtró y la delató.

Se dice que el primer síntoma de la corrupción radica en postularse a cargos o aceptar nombramientos en funciones de las que no se tiene ni experiencia, ni conocimientos, ni aptitudes para ello.

O sea, como dice el cartel que ofrece trabajo, “inútil presentarse sin antecedentes”. Y los inútiles se presentaron. Y, lo que es peor, fueron admitidos.

La sugerencia de los chinos

El gobierno de China envió una minuta a varios políticos de países de América Latina -no al nuestro- recomendando que, si quieren controlar la corrupción y la pobreza debían reducir a un 80% sus ingresos y hacer lo propio con el gasto público.

Acá, decía la minuta, a los narcotraficantes los ejecutamos, pues la sociedad no merece tener esa gente entremedio. Y a los políticos corruptos, para no correr la misma suerte, no les queda otra que suicidarse.

Y acá, ¿cómo es la cosa?

En Chile, a los narcos los enviamos a la cárcel, desde donde disfrutan dirigiendo sus carteles, pero también se les perdona. El segundo Presidente desde la vuelta a la democracia indultó a un tipo que trató de internar en un barco el mayor cargamento de droga visto a esa época. Y a los empresarios, delincuentes de cuello y corbata responsables del caso Penta, por ejemplo, se les condenó a asistir a clases de ética.

Treinta y dos alcaldes están actualmente sometidos a proceso por delitos de fraude, apropiación ilícita y malversación de fondos.

El poder es un elixir mágico

Pero, ¿qué es lo que motiva a los políticos y a sus operadores buscar insistentemente el poder?

No nos digan que por apostolado o por vocación de servicio público. La duda es si buscan enriquecerse o afianzar una pequeña cuota de poder dentro de nuestra pequeña y pobre sociedad.

En una entrevista le pregunté al entonces ministro del Interior, José Miguel Insulza, si le gustaría ser Presidente.

-Todos los curas quieren ser obispos, los obispos arzobispos, los arzobispos cardenales y los cardenales Papa-, me respondió.

Otra cosa es con guitarra

¿Tendrán claro el panorama al que deberán enfrentarse? Chile es muy particular.

La educación dista mucho de ser como en Finlandia, la mejor del mundo. La pública está por el suelo y los liceos emblemáticos ya no lo son. Acá está explosivamente peligrosa, los mamelucos blancos ya están preparando las molotov para utilizarlas en las protestas que el PC instigará a partir de marzo. Carmona ya advirtió que retomarán sus movilizaciones en la calle. Y los profesores amenazan con no iniciar el año escolar si no se les paga la deuda y los bonos de verano.

Las listas de espera en la salud son un buen caldo de cultivo. A eso se suma la inseguridad en los Cesfam.

Los gremios portuarios están alertas.

Comparando realidades

No somos Noruega, en donde el salario mínimo no existe porque no es necesario.

La medida de las cuarenta horas no fue bien vista en China. Disminuir la jornada laboral no es bueno, les dijeron a dos connotadas dirigentes comunistas que viajaron a ese país y que al regreso no dieron cuenta de ello.

En Estados Unidos se solucionó el asunto de las tierras indígenas. Incluso el gobierno asigna licencias a las reservaciones para establecer sus propios casinos de juegos que les permitan financiarse. En cambio, acá la cuestión de las tierras en la Araucanía será, sin duda, otro foco de conflicto que mezcla la reivindicación mapuche con el terrorismo y el comercio ilegal de madera.

Tampoco somos Austria, cuya economía es sólida y creciente. Por estos lados los pesos andan más bien escasos, pero igual alcanzaría para comprar un par de casas y convertirlas en museos. Y los vaivenes del cobre, y la política de Trump, amenazan las exportaciones.

El Ministerio de Educación ordenó a tres mil escuelas incluir, en desmedro de otras asignaturas, ramos alusivos a las lenguas y culturas ancestrales.

Qué lástima que no fuéramos ingleses, pues allá el idioma nativo es el mismo que se usa hoy en día y que ha alcanzado una arrolladora universalidad.

Y nosotros, ¿cómo estamos?

Acá, alumnos de 4° y 5° saben articular sílabas, pero, lamentablemente, ni siquiera comprenden lo que leen. Pero por $30 pesos (que resumen 30 años) saltan briosos todos los torniquetes. Y no faltó el pelotudo que los mando a casa (“Esto no prendió chiquillos”) y comenzó con siete estaciones del Metro incendiadas. Posteriormente, 118 de las 136 estaciones fueron atacadas.

El vandalismo se desató. Las hordas de soldados del crimen organizado quemaron también iglesias, universidades y negocios a su paso. Un delincuente aseguró que Giorgio Jackson le pagaba $7 mil pesos por cada semáforo destruido. Eso nunca se investigó y, más tarde, el Presidente incluyó a ese sujeto en la lista de indultados.

La revuelta la materializó, como ha ocurrido en todas las revoluciones del mundo, incluyendo la siútica francesa, el lumpen. Ese término alemán fue utilizado por Marx, para referirse a quienes ocupan la última grada de la escala social (los pordioseros y los mendigos), mientras los autores intelectuales se escondían detrás de las orejas de sus tasas de humeante café.

Una opinión que lo dice todo

En Chile, uno de los asesinos del entonces ministro del Interior, Edmundo Pérez Zujovic, aseguró que la revolución se debe hacer con delincuentes. “Los estudiantes son unos ingenuos que juegan a ser revolucionarios y los obreros sólo piensan en que les aumenten sus salarios. Entonces, no queda otra que recurrir a los que nada tienen que perder y mucho dinero que ganar”.

El vandalismo y la delincuencia están desatadas. “Los vamos a perseguir como perros”. Buena frase, pero no ha dado los resultados esperados.

Por una parte se anuncia aquello, y por otra se limita el accionar de las policías y de los fiscales, se les rebaja el presupuesto y se les acota el uso de la fuerza. Los narcos, los secuestradores y criminales en general están de fiesta

Igual situación vive el Ejército en la frontera del norte. Un general en retiro –que casi siempre son los que hablan por los que están activos- advirtió que sabe que sus colegas no van a correr el riesgo de terminar en Punta Peuco como sus antecesores y, por lo tanto, se niegan a utilizar su poderío militar.

Lo que no se entiende

Entonces, cuesta entender el interés por echarse sobre los hombros tamaña tarea y responsabilidad. O el dinero constituye un poderoso imán o la ambición de poder nos supera.

Y no olvidar, al menos la izquierda así lo ha señalado, que quedaron pendientes aquellas promesa de campaña, como tantas otras, de No+AFP y fin del CAE. Sin duda, en lo ideológico marcarán otro foco de conflicto.

Por todo aquello, cada vez me interpreta más la comedia de Alejandro González, nuestro Coco Legrand: “No voten por mí”.