Acompañemos los sueños
En su columna, el entrendor Gerardo Silva profundiza en la importancia que se le debe dar a la formación: “Al niño no solamente hay que enseñarle a jugar al fútbol, a eludir rivales y a golpear el balón: él tiene que aprender los fundamentos básicos del juego, pero también aprender a ser amable, respetuoso, buen compañero».
Por GERARDO SILVA
Durante mi aventura en el fútbol de mi país, me he permitido observar el trabajo que se realiza con las diferentes escuelas de fútbol. Como todo en la vida, algunas de ellas están muy bien organizadas y con profesionales a su cargo, especialistas en la materia, con objetivos claros y con una malla curricular adaptada a las diferentes categorías; usan metodologías modernas, adecuadas y basadas en programas de trabajo lúdicos, y están preocupadas del desarrollo integral del niño futbolista: la disciplina, el respeto, la higiene, el rendimiento escolar y la inculcación de valores forman parte de su trabajo diario, convencidos de que no solo importa el deportista, sino que también la persona que hay detrás de este pequeño jugador.
Al niño no solamente hay que enseñarle a jugar al fútbol, a eludir rivales y a golpear el balón: él tiene que aprender los fundamentos básicos del juego, pero también aprender a ser amable, respetuoso, buen compañero; aprender además, por ejemplo, a reconocer sus errores y a trabajar para enmendarlos, a ser solidario, a trabajar en equipo, a superar la frustración, a ser resilientes, a luchar con actitud por sus sueños, objetivos y un montón de elementos más; entender que se gana, se empata y se pierde.
Es por esta razón que, en estos niveles, deben estar los entrenadores más preparados, los más capacitados, los que tengan mayores conocimientos, los verdaderos educadores, como también los de mayor experiencia; porque, además de ser ejemplos intachables de conducta para los niños, deben ser personas y profesionales confiables para los padres. No olvidemos que ellos ponen en nuestras manos lo más preciado de sus vidas: sus hijos.
No es fácil ser entrenador de escuelas de fútbol; sin embargo, en nuestro país cualquiera, con una desfachatez increíble, inaugura una escuela de fútbol para niños. Lo más triste de todo es que las autoridades gubernamentales y deportivas observan indolentes, sin poseer y menos crear un plan macro de desarrollo formativo; no obstante, es justamente aquí donde se deben poner todos los esfuerzos para la capacitación constante de los técnicos aficionados. Fundamental también es la dirección de un técnico profesional y la fiscalización de un ente rector. Para mí sería cumplir un sueño que esto suceda en mi querido fútbol chileno. Hay que prestarle ayuda organizada y especializada a todas las escuelas de fútbol del país.
A mis colegas profesionales del fútbol también les quiero hablar. Con respeto, les sugiero humildemente que jamás se nieguen a visitar estas escuelas que están a lo largo y ancho de nuestro país. No saben ustedes lo que se pierden. Allí encontrarán la esencia del deporte que tanto nos apasiona y que tuvimos la oportunidad de convertir en nuestra razón de vivir y disfrutar. No olvidemos la inocente ilusión de miles de niños que sueñan con llegar a ser futbolistas profesionales. Es (se los puedo asegurar) una experiencia impagable, y una obligación moral, acompañar a un niño en su desarrollo, sueño y crecimiento.
