AC/DC: una máquina de rock que volvió a rugir en Santiago
Con dos conciertos multitudinarios en el Parque del Estadio Nacional, la banda liderada por Angus Young confirmó que su engranaje de hard rock sigue funcionando con precisión demoledora tras más de medio siglo de carrera.
Los que dicen que AC/DC es una máquina del rock están tremendamente acertados. Los conciertos del miércoles 11 y el domingo 15 pasados en el Parque del Estadio Nacional, a máxima capacidad, confirmaron también la enorme popularidad que tiene en el país la banda de hard rock británica-australiana.
Durante más de dos horas, el grupo comandado por Angus Young demostró que su fórmula —guitarras filosas, ritmo implacable y un repertorio que atraviesa generaciones— sigue funcionando como un engranaje perfecto ante decenas de miles de fanáticos.
Si bien el primer show había dejado numerosos reclamos de los asistentes por las deficiencias que presentaba el lugar, para el segundo concierto del domingo algunas condiciones mejoraron y no se registraron tantas anomalías como las ocurridas el miércoles. En esa primera jornada, muchas personas no pudieron disfrutar a cabalidad del espectáculo debido a la cuestionada elección del recinto, que ya ha presentado problemas en otros conciertos. La visibilidad del escenario se pierde con facilidad en varios sectores, mientras que los accesos de entrada y salida resultan insuficientes, y el sonido no siempre logra responder a las exigencias de un espectáculo de esta magnitud.
Un arranque demoledor
Aun así, el Power Up Tour se traduce en un verdadero huracán de rock clásico. Desde el primer tema, “If You Want Blood (You’ve Got It)”, AC/DC se impone con absoluta categoría sobre el escenario. El público responde de inmediato, con una euforia que marca el arranque de un espectáculo que repasa 21 canciones y atraviesa distintas etapas de la trayectoria de la banda.
Y si el comienzo ya denota la euforia de los asistentes, con “Back in Black” como segundo tema del repertorio simplemente se desata la locura en la cancha. Al escuchar los riffs inconfundibles de Angus Young y la reconocida voz de Brian Johnson, da la sensación de que AC/DC saliera directamente de un vinilo para interpretar uno de sus mayores hits. La ejecución musical es impecable y confirma el porqué la banda sigue funcionando como una maquinaria de precisión sobre el escenario.
Clásicos que desatan la locura
Acto seguido, AC/DC encadena un clásico tras otro. Llegan momentos infaltables como “Thunderstruck”, coreada de forma efusiva por el público, mientras “Hells Bells” se anuncia con la icónica campana que la banda despliega en sus conciertos. Más adelante, “Highway to Hell” vuelve a desatar la locura colectiva: Angus Young recorre el escenario con su inconfundible uniforme colegial, agitando a la audiencia que levanta los tradicionales “cachitos” de diablo, gesto que se volvió inseparable de ese himno del rock.
“Shoot to Thrill” se transforma en un verdadero tsunami de emociones, y es precisamente en esta canción donde Angus Young despliega algunos de los solos más extraordinarios de la noche. Hay que reconocer que el guitarrista de AC/DC es el alma de la banda, porque a lo largo del concierto termina por robarse la película con su energía y presencia escénica.
Un final a la altura del mito
Otros momentos altos del show llegan con “You Shook Me All Night Long” y “Whole Lotta Rosie”, clásicos que el público canta a todo pulmón. La primera parte del espectáculo se cierra con “Let There Be Rock”, instancia en la que Angus vuelve a lucirse con un extenso solo de guitarra, sostenido por una audiencia que responde con toda su energía.
“T.N.T.” devuelve al público al repertorio más tradicional durante el encore. Finalmente, con “For Those About to Rock (We Salute You)”, AC/DC cierra el concierto de manera magistral, mientras detrás del escenario estallan los tradicionales cañones y fuegos de artificio que acompañan uno de los finales más emblemáticos del rock de estadio.
La deuda saldada
Pasaron treinta años para que la “carretera del infierno” de AC/DC volviera a girar por Santiago. Sin embargo, la espera valió la pena: la banda saldó la deuda con creces ante los miles de fanáticos que pudieron asistir a sus dos conciertos en Chile.
Con más de cincuenta años de trayectoria, el grupo dejó un recuerdo imborrable entre sus seguidores chilenos, confirmando que su andamiaje sonoro sigue funcionando con una potencia difícil de igualar.
