Columna de Sebastián Gómez Matus: Presencia chilena en el ranking de libros del New York Times

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Por El Ágora
Actualizado el 17 de julio de 2024 - 6:10 pm

Fueron 503 los votantes que establecieron dicha lista, entre escritores de no ficción, poetas, críticos literarios y otros amantes de la lectura, más la ayuda del equipo de la revista de libros del diario estadounidense.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Foto (referencial): ARCHIVO

El diario estadounidense y coloso de las comunicaciones, New York Times, estableció un ranking de los mejores libros del siglo XXI, entre los cuales se encuentran tres títulos nacionales, uno de ellos en el top ten: “2666”, de Roberto Bolaño (foto principal), una de las mejores novelas que se haya escrito jamás.

Además se incluyó a su novela “Los detectives salvajes”, como también “Un verdor terrible”, de Benjamín Labatut, el fenómeno editorial del último tiempo para las letras nacionales, que fue traducido como “When we cease to understand the world”, recomendación de Obama en Estados Unidos. Estos libros fueron ubicados en el 6º, 38º y 83º lugares, respectivamente.

Llama la atención la inclusión de Labatut, escritor en plena vigencia, joven y con mucho por escribir seguramente. De hecho, su última novela, “Maniac”, en la misma estela de la anterior, lleva varias reimpresiones, confirmando la avidez que produce en cierto lectorado a nivel mundial, sobre todo por su relación con los científicos y la ciencia, como límite de lo comprensible.

Tal vez el efecto mediático de las novelas de Labatut le permitieron entrar en una lista que, como toda lista, tiene mucho de arbitrario y discutible. No obstante, el gusto por sus libros da cuenta de un tipo de interés particular entre el cruce de ciencia y literatura, a diferencia de Bolaño, por ejemplo, cuyos personajes eran escritores y poetas.

Fueron 503 los votantes que establecieron dicha lista, entre escritores de no ficción, poetas, críticos literarios y otros amantes de la lectura, más la ayuda del equipo de la revista de libros del New York Times.

En este primer cuarto de siglo, la producción literaria ha tenido una gran diversificación de registros y disidencias de los registros más establecidos por la literatura en retrospectiva, algo que se ve expresado en la selección de los títulos.

Por supuesto, en la lista predomina la literatura anglosajona. También podría decirse que la presencia femenina es mayor que la de hombres y la novela es el género por excelencia de esta muestra supuestamente universal.

La número 1 es “La amiga estupenda” (adjetivo que en original italiano es “geniale”), de Elena Ferrante, cuyo efecto mundial fue respaldado por la serie televisiva que se hizo a partir del libro. La enigmática italiana se quedó con el podio de lo que va del siglo. Seguro hay novelas mucho mejores que esa, pero fue la que eligieron; esto nos permite intuir el criterio: popularidad mediática, por sobre lo literario, que se encuentra expresado, pero nunca por las escrituras más radicales, como poesía o a veces el ensayo.

Entre otros títulos, destacamos “Los cuentos completos”, de Lydia Davis; la mexicana Fernanda Melchor, con “Temporada de huracanes”, que ya hicieron película; “Manual para mujeres de la limpieza”, de Lucía Berlín, autora que vivió en nuestro país y que acá tuvo su boom hace unos 10 años.

También figura el último Premio Nobel, el noruego Jon Fosse, con su “Septología”. Afortunadamente se incluye a Philip Roth, tal vez el más grande novelista estadounidense de los últimos años. Se incluye al poeta Ben Lerner con “10:04”, que tuvo que pasar a la novela para ser considerado un gran escritor: mal de los poetas anovelados.

Están la gran novela de Denis Johnson, “Sueños de trenes” y “La vegetariana”, de Han Kang, fenómeno de Corea del Sur y la gran literatura que tienen sobre todo en poesía, tradición que convendría al menos explorar.

Da mucha alegría saber que se incluye un ensayo tan radical como conciliador: “Los argonautas”, de la poeta Maggie Nelson, que pronto comenzará a alcanzar mayor reconocimiento en nuestra lengua con la traducción de su último ensayo: “Sobre la libertad” (Anagrama).

Tampoco podía faltar la ubicua Annie Ernaux, que ya resulta sintomática, como si la literatura escrita por mujeres tuviera que seguir un modelo necesario (¿u obligatorio?) de representatividad. Al respecto, cabe destacar la inclusión de “Citizen”, de Claudia Rankine, libro de gran vuelo formal y de interesante aproximación poética a lo que acostumbramos a entender (aunque ya no se entienda) por política. Aparte de “2666”, de Bolaño, hay otra obra maestra: “El último samurái”, de Helen DeWitt.

La lista también cuenta con la saludable inclusión de “Erasure”, de Percival Everett, novela publicada unos veinte años antes de que fuera transformada en “American Fiction”, película dirigida por Cord Jefferson. Esta novela se anticipa a los modos de leer las subjetividades subalternas, en este caso a la comunidad afroamericana.

También se incluye a la canadiense Rachel Cusk, con “A contraluz”. No alcanzó a entrar entre los diez primeros títulos “El año del pensamiento mágico”, de Joan Didion.

Es justo decir que la gran presencia de novelas anglosajonas lidera la tendencia autorreferencial de una cultura que no puede dejar de hacer muestras que la dirigen hacia intereses de listas y rankings, como si la literatura fuera una tabla de posiciones en la que se asciende o desciende.

Sí resulta problemático que no haya un solo libro de poemas, salvo por el de Rankine, que no es exactamente un libro de poemas, pero bastaría revisar algún libro de Etel Adnan o Alice Notley, para darse cuenta que lo mejor no está siendo leído.

Al respecto, son interesantes las columnas de Elisa Gabbert, interesante poeta que comenta libros en el New York Times y Medium. La exclusión de cualquier libro de César Aira, el espíritu de la literatura en persona, resulta escandaloso al tiempo que justo: no sé si quisiera verse en una lista tan arbitraria.

Otro detalle: la gran mayoría de las novelas no ha sido traducida a nuestra lengua.

SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS

Poeta y traductor. Ha publicado “Animal muerto” (Aparte, 2021) y “Po, la constitución borrada” (facsímil digital). Entre otros, ha traducido a John Berryman, Mary Ruefle, Zachary Schomburg y Chika Sagawa. Forma parte del colectivo artístico transdisciplinar Kraken.