Columna de Rodrigo Cabrillana: música y deportes, misteriosa asociación
Se acerca la Copa América y los diversos medios comienzan sus transmisiones, predicciones y otras tantas conjeturas que tiene el deporte, sobre todo en el mundo del fútbol. Muchos de estos programas siempre han estado acompañados de notables cortinas musicales introductorias, las que generan diversas sensaciones en la audiencia. Como también los jugadores suelen escuchar música para motivar sus diversos anhelos en la cancha. Las canciones evidentemente siempre están estimulando nuestro pensamiento.
Por RODRIGO CABRILLANA / Foto (referencial): ARCHIVO
La música y el deporte probablemente siempre han estado enlazadas. Ambas, son dos expresiones propias que nacen del cuerpo y su conexión con el ambiente y en general con la naturaleza. De hecho, las dos disciplinas son un fuerte estimulante para nuestro cerebro, porque nos movilizan, nos liberan y también nos ocasionan emotividades. Juntas son parte de un orden importante, actúan en conjunto.
De hecho, la música alienta elementalmente a un deportista a empujar su proceso. Su efecto genera intensidades prominentes, al punto que nuestro cuerpo actúa en gran parte por esta motivación. Genera un estado psicológico y de por sí emocional, y eso es lo que hace que el atleta, el gimnasta o jugador impulse el ejercicio y obtenga resultados. La música es una alentadora con propiedades, y lo que implique la sugestión que causa, lo cierto es que tiene efectos concluyentes.
Un ejemplo, es lo que ocurre con los equipos de fútbol o con los propios futbolistas que escuchan ciertas canciones de grupos o solistas que incitan su presteza. Recordemos dos casos emblemáticos, el primero ocurrido con el plantel de Colo Colo en la Copa Libertadores de 1991, donde adoptaron la cábala de escuchar “Sopa de Caracol”, canción tropical de los hondureños Banda Blanca. La comenzaron a oír durante su primera expedición futbolera a Ecuador, en la primera fase de la Copa, donde la programaban en el bus, antes de los partidos. Y según algunos de los jugadores del plantel, les producía una particular sensación de tener suerte con su escucha. Ya que salían triunfantes.
Otro caso interesante, es el del “Matador”, Marcelo Salas escuchando a los grupos The Police y Toto. El talentoso ex delantero de la Selección y de la U, reconoció en diversas entrevistas que antes de entrar a la cancha, en el camarín de su equipo, siempre tenía un walkman con canciones sobre todo de la banda de Sting, Copeland y Summers. ¿Qué disco habrá escuchado aquella tarde de su debut en el Estadio Nacional, en abril del ’94, cuando, inspirado, le marcó tres goles a Colo Colo?
Otra experiencia es el atuendo característico de las cortinas musicales en los programas deportivos y de fútbol en la televisión. Es reconocida, por ejemplo, la composición que suena en la franja deportiva de TVN, que se trata nada menos que de la “Suite Karelia” del compositor finlandés Jean Sibelius. El autor y también violinista escribió esta pieza, que para efectos de la programación televisiva y para ser ocupada como fondo sonoro del área de deportes, tuvo un arreglo, en que se aceleró su musicalización. Por décadas ha sido parte de la programación y es reconocida en el inconsciente colectivo de la población chilena, que por años ha seguido las transmisiones del canal. Sin saber en demasía quién es su real creador.
Asimismo, ocurre con otra franja musical que también acompañó por años las transmisiones deportivas del canal de la Universidad Católica. La cual se trató nada menos que de “Munich Fanfare March” compuesta por el jazzista y saxofonista alemán, Max Greger. El también director de Big Band grabó más de 150 discos, actuó en múltiples lugares y coincidió en escenarios con Ella Fitzgerald, Louis Armstrong y hasta con Duke Ellington. Tal vez nunca pensó que se le asociaría con el deporte. Y al igual que el tema de Sibelius, probablemente mucha gente aficionada a ver fútbol por TV reconozca la popular composición en nuestro país, pero no tenga la más mínima idea quién es su autor.
Todas estas cortinas, de por sí, nos incitaban a conectarnos mediáticamente con el mundo del deporte, motivaban nuestro aprecio genuino por él.
Hay también casos de asociación musical de canciones con populares programas deportivos radiales. Las franjas de Eduardo Bonvallet, por ejemplo, en diversas emisoras muchas veces iniciaban con “Tejedores de Ilusión” del grupo La Ley o con “One of these days” de los británicos Pink Floyd. Canciones con una suerte de épica sonora que llamaban al auditor a hacerse parte también del bravío discurso ganador que profesaba el ex futbolista en los micrófonos.
En tanto, el espacio de Radio Nacional de Chile “Más Deporte”, donde también trabajó el denominado “gurú” de las comunicaciones, tenía como pieza de apertura la canción “Fanfare for the Common Man”. Interpretada por la banda de rock progresivo, Emerson, Lake & Palmer, el tema fue una cortina característica del ambiente futbolero radial de los ’90. Contexto en el que Bonvallet, apelando al heroísmo y a la gloria del jugador chileno de fútbol, sostenía enfáticamente que podíamos llegar a ser campeones del mundo.
La idea era convencer al jugador mismo y a la afición que se podía llegar lejos, solamente había que creer en sí. Y en ese contexto, la música como fondo hacía muy bien su trabajo. Acrecentaba y motivaba mucho más ese sueño, ese anhelo y esas palabras de Eduardo Guillermo. O sea, ayudaba a generar un entorno estimulante para todos los auditores y seguidores de ese viejo afán triunfante.
Es la música y el deporte, dos materias enérgicas que se complementan, actúan y perfeccionan en el tiempo… Sin duda, aún hay mucho que decir sobre esta misteriosa asociación.
