Columna de Luis Mora Obregón: Chile entre el pan y la espada
Desde este lado del teclado, escribo no sólo como observador, sino como trabajador. Y hablo en primera persona: yo no puedo votar por quien quiere sacarle más el jugo al que ya no puede dar más. Y no soy el único.
Hay días en que la historia no se escribe con pluma ni discursos, sino con el pulso de un pueblo que mira al espejo. El 16 de noviembre de 2025 fue uno de ellos: Chile habló en voz alta, nerviosa y clara. Tras los resultados de la primera vuelta presidencial, el país quedó dividido entre dos caminos que no sólo son políticos, sino existenciales.
Jeannette Jara, la candidata de izquierda, hija de la lucha social, obrera del Estado, se paró frente a los ojos del país con un mensaje sencillo y profundo: “No retrocedamos en dignidad”.
Es la carta de continuidad, la que promete mantener el rumbo iniciado por Gabriel Boric: más derechos sociales, mejores condiciones para los trabajadores, ampliación de la protección social.
Así están las cosas
Jara obtuvo el 26,85% de los votos, encabezando la elección, aunque lejos del 50% necesario para gobernar directamente.
Al frente está José Antonio Kast, representante de la derecha dura, ese que ofrece un Chile de “orden” y “libertad” económica, pero que también sugiere ajustes como subir la edad de jubilación, reducir la Pensión Garantizada Universal (PGU) y disminuir el rol del Estado en la vida de los ciudadanos.
Obtuvo el 23,92% de los votos, pero su poder real es mayor: representa un bloque que, sumando otras fuerzas de derecha, podría superar a la izquierda en segunda vuelta.
Las cifras no mienten: hay más miedo que esperanza en la calle. La palabra “orden” parece seductora cuando la delincuencia, la inmigración ilegal y la incertidumbre ocupan los titulares.
Pero, ¿qué pasa con el trabajador que gana un sueldo mínimo y a veces ni eso? ¿Qué pasa con las mujeres que sostienen los hogares, con los jubilados que ya hicieron su parte?
Este balotaje —que se realizará el 14 de diciembre— es mucho más que la disputa entre dos coaliciones: es un plebiscito sobre el modelo de país. Como dijo Kast en la noche electoral, será una elección “entre dos formas de entender la libertad”, aunque para muchos, esa libertad podría venir con consecuencias para la calidad de vida, la jubilación y la justicia social.
Lo que se juega es enorme
– ¿Seguirá la defensa de los derechos laborales conquistados bajo el gobierno de Boric?
– ¿Se mantendrá la PGU como derecho básico para nuestros mayores?
– ¿El país seguirá apostando a un Estado presente o abrazará un mercado sin red?
Desde este lado del teclado, escribo no sólo como observador, sino como trabajador. Y hablo en primera persona: yo no puedo votar por quien quiere sacarle más el jugo al que ya no puede dar más. Y no soy el único.
Algunos dirán que soy “pobre” por querer más derechos y más dignidad. Yo digo: la pobreza no se mide sólo con dinero, sino con el valor que nos dan. Ésta es una votación sobre ese valor.
Una reflexión desde la trinchera
Se podría pensar que votar es un acto individual.
Pero no lo es.
Cada voto es una historia, una espalda cansada, una mano que tiembla de cansancio o esperanza.
“Mi ruina es la tuya”, dice el vecino. “Tu dignidad es la mía”.
Ésta es la elección de quienes jamás tuvieron lujo, pero construyeron cada ladrillo de este país.
Si el Presidente no puede mirar al obrero a los ojos, no merece su voto.
Chile no necesita más discursos de poder.
Necesita memoria.
Y memoria es no olvidar quién puso el pan sobre la mesa.
Yo voto por los que están cansados. Por los que están vivos. Por los que aún creen.
