Pumas y pingüinos: contacto riesgoso en la Patagonia
El aumento de ataques de pumas a colonias de pingüinos en Argentina abre un debate científico sobre los efectos de la intervención humana en los ecosistemas.
El aumento de ataques de pumas a colonias de pingüinos abre un debate científico sobre la intervención humana en los ecosistemas. Investigaciones recientes concluyen que el fenómeno no responde a un desequilibrio natural inmediato, sino a transformaciones históricas del territorio.
Entre 2007 y 2010, se registraron miles de pingüinos adultos atacados en el parque nacional Monte León, en la provincia de Santa Cruz, Argentina. Los felinos regresaron a la zona de manera natural, luego del retroceso de la actividad ganadera.
El estudio lo impulsan equipos de la Universidad de Oxford, la Wildlife Conservation Society y la Universidad Nacional de la Patagonia Austral. Se explica que los pumas fueron desplazados durante décadas por la expansión de grandes estancias en Argentina.
Con el abandono progresivo de sus actividades, los animales recuperaron su hábitat y encontraron colonias de pingüinos establecidas.
La bióloga Melisa Lera advirtió que “los resultados indican que la población de pingüinos, con la presión depredatoria de los pumas, no está en riesgo. Pero si eso se combina con malos números demográficos (…) estaríamos en escenarios un poco más complicados”.
Un frágil equilibrio
Los investigadores observaron que algunos ataques no tenían fines alimentarios inmediatos, lo que sugiere un comportamiento oportunista ante presas abundantes. El veterinario Eduardo De Lucca sostuvo que “la predación de pingüinos no afecta sus poblaciones y no hay que intervenir”. Y advirtió que “eliminar pumas territoriales podría empeorar la situación”.
En tanto, Jorgelina Marino subrayó que “hay que comprender cómo estos cambios en la dieta afectan a los depredadores y a las presas. Eso es esencial para la conservación”, dice la científica”.
El trabajo de campo -en el que también participó el investigador Esteban Frere- muestra que la viabilidad de las colonias depende más del éxito reproductivo y la supervivencia juvenil que de la depredación por sí sola.
Los expertos coinciden en que el caso ilustra un fenómeno cada vez más frecuente: especies que recuperan territorios alterados por el ser humano.
