No pudo vencer al cáncer: murió Pepe Mujica
El ex guerrillero y símbolo de la izquierda latinoamericana falleció este martes a los 89 años tras una larga lucha contra el cáncer. Su carisma y su capacidad de ser un oráculo de la austeridad y la sencillez fascinaron al mundo. “Me estoy muriendo, y el guerrero tiene derecho a su descanso”, señaló en enero, en su última aparición pública.
Este martes murió José Alberto Mujica Cordano, ese era su nombre completo. Había nacido en 1935 en el barrio Paso de la Arena, en la periferia rural de Montevideo. Esta vez sí, a los 89 años, consideró que era tiempo de irse, según ha anunciado este martes el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, a través de las redes sociales.
Una nota publicada por el diario El País señala: “Hasta acá llegué”, había dicho a principios de enero. Pero no le fue tan fácil dejarnos huérfanos. Tampoco hace 50 años, cuando recibió seis balazos. Ni durante los 10 años en que estuvo confinado por los militares en un pozo de poco más de un metro cuadrado. La primera vez, recibió 12 litros de sangre y se salvó. La segunda, domesticó ranas y alimentó ratones para no volverse loco. Emergió del agujero más sabio, solía contar, y volvió a lo suyo: la política.
En 1994, fue electo diputado por Montevideo; en 1999, senador; en 2010, presidente de Uruguay con casi el 55% de los votos.
Una vida de austeridad
Pepe Mujica fascinó al mundo como un oráculo de la austeridad y la sencillez, una rara avis que al final de sus días lanzaba advertencias con pesimismo, pero sin perder la fe en el hombre.
“Yo me dediqué a cambiar el mundo y no cambié un carajo, pero estuve entretenido y le di un sentido a mi vida. Moriré feliz. Gasté soñando, peleando, luchando. Me cagaron a palos y todo lo demás. No importa, no tengo cuentas para cobrar”, le dijo a El País en octubre, “deshecho” como estaba por las sesiones de radioterapia que recibía como tratamiento contra el cáncer.
Una vida de sencillez
«Prefiero la libertad a tener muchas cosas. Por eso vivo con lo justo». Así resumía su forma de ver la vida Pepe Mujica (1935-2025), el ex presidente uruguayo que dejó una huella única en la política latinoamericana.
Pepe Mujica llegó a la presidencia de Uruguay en 2010 y se retiró en 2015 con un respaldo del 65% de la ciudadanía. Su figura fue respetada incluso por quienes no compartían su visión política, por su coherencia personal, honestidad y espíritu conciliador.
La sobriedad ante la opulencia
Vivió en su modesta chacra a las afueras de Montevideo junto a su esposa, la ex vicepresidenta Lucía Topolansky, rodeado de gallinas, flores y su viejo escarabajo Volkswagen. Su estilo de vida humilde contrastaba con los lujos de otros líderes y lo convirtió en referente global de sobriedad.
“Las sociedades modernas nos convierten en esclavos del consumo”, advertía Mujica, que también fue guerrillero tupamaro en los años 60, recibió seis balazos y pasó más de una década preso, muchos de esos años en condiciones de aislamiento extremo durante la dictadura militar uruguaya.
De guerrillero a presidente
El ex mandatario recordaba que, en su encierro, hablaba con ratas y lagartijas para no perder la razón. Esa experiencia fue plasmada en la película “La noche de los 12 años”. “Nos tocó pelear con la locura, y triunfamos: no quedamos lelos”, contaba con humor.
Al recuperar la libertad en 1985, renunció a las armas y se integró a la política democrática. Fue diputado, senador y ministro, antes de alcanzar la presidencia con el Frente Amplio. Gobernó con énfasis en la inclusión social y marcó hitos como la legalización del aborto, el matrimonio igualitario y la regulación estatal de la marihuana.
Reforma social y legalización histórica
“No es lindo legalizar la marihuana, pero es peor dejar a la gente en manos del narco”, decía, convencido de que las decisiones difíciles eran necesarias. También impulsó una histórica alza del salario mínimo y una baja significativa del desempleo.
Su figura trascendió fronteras. Intelectuales, artistas y figuras como Maradona o Emir Kusturica (quien filmó un documental sobre su vida) lo visitaban con pan casero y vino fresco sobre la mesa. Siempre despojado de protocolo.
“El guerrero tiene derecho a su descanso”
En sus últimos años, se dedicó a enseñar en el campo y a reflexionar sobre sus errores y logros. “Sacamos a muchos de la pobreza extrema, pero no logramos convertirlos en ciudadanos, sino en consumidores. Esa fue nuestra falla”, confesó con autocrítica.
El pasado 9 de enero, en su última aparición pública, dejó palabras que hoy cobran nuevo sentido: “Ya terminó mi ciclo. Me estoy muriendo, y el guerrero tiene derecho a su descanso”.
