La anticolumna de Ele Eme: George Harris pagó el pato por la inmigración desatada

La primera noche del Festival de Viña el humorista venezolano no fracasó por fome (que lo era y a raudales), sino por lo cansados que estamos de algunos de sus compatriotas (no de todos).

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Por Ele Eme
Actualizado el 24 de febrero de 2025 - 6:25 pm

George Harris, una rutina fome, desubicada y grosera / Foto: AGENCIAUNO

Partió el Festival de Veneviña… perdón… de Viña. Se me chispoteó porque la noche de este domingo la galería estaba llena de banderas venezolanas. Esperaban a su compatriota George Harris, al que vitorearon a más no poder, por más que objetivamente la hilaridad que despertaba tendía una y otra vez a cero.

Yo tengo una teoría. Y es que las pifias iban a asomar sí o sí y que se vieron atizadas por la dantesca fomedad del cómico en cuestión, que hizo las veces de acelerante para el verdadero incendio que redujo a cenizas la rutina del doble de Ben Brereton.

La rechifla “de una minoría” (como consignó el desanimador oficial, Rafael Araneda) representó la protesta de todo un pueblo (el chileno) contra esta incomodísima situación en que uno camina por ciertas comunas y barrios de Santiago y otras ciudades y se siente extranjero, ya que es el único que habla con acento chileno. ¿Estoy mintiendo? ¿A usted no le ha pasado?

Guerra con el público

Por lo menos la noche de marras el tipo tenía menos gracia que un choque de globos. Y además era un plomazo. En un momento dado empezó a despotricar contra quienes lo reprobaban. “¡Levántate una venezolana!”, “¡Ten una vida, coño!”, “¡Ojalá tú tengas la carrera que tengo yo!”, “¡Llené el Movistar!, ¡cállate!”, “¡Vete pa’l baño un rato y jálate el muñeco!”, fueron algunas de las perlas que lanzó a sus detractores.

Debo confesar que, desesperado por encontrarle alguna gracia a este ¿artista? seguí la última de sus recomendaciones, que era la que tenía literalmente más a la mano, pero al volver a ponerme frente al televisor… lo seguí encontrando un desastre.

Malas relaciones

Lo que está pasando entre Venezuela y Chile es muy delicado. Lo del teniente Ojeda fue una sacada de madre histórica. Se sabe de guerras por menos. Que el payaso de Diosdado Cabello se refiera a nuestro Presidente como “Boboric” bastaría para romper relaciones si estuviéramos en un mundo menos deschavetado.

El Festival de Viña siempre ha sido un reflejo de lo que pasa en nuestra sociedad. Que se interrumpiera el show para que la Quinta presenciara el ingreso de Pinochet y su tenebroso séquito para enseguida escuchar cómo Vodanovic le rendía pleitesía habla de una época oscura.

Que este lunes estuviéramos a segundos de que se produjera una batalla campal entre chilenos y venezolanos tampoco es casual ni anecdótico.

Lo de la inmigración desatada y las incivilidades y delitos que ha traído aparejadas es grave. Y está llegando a un punto de inflexión. El fome de Harris avisó. Ese será el único legado y aporte de su paso por la Quinta.