Divassic Park, el retorno de las retroconductoras
Rostros femeninos que ya dábamos por jubilados han vuelto muy campantes a la caja idiota, signo inequívoco de que la actual generación de animadoras no aprovechó su oportunidad.
Por CICUTA / Foto: AGENCIAUNO
En Canal 13, Cecilia Bolocco anuncia un nuevo programa: “Todo de ti”. Allí, toda suerte de famosillos homenajearán a sus madres. Bonito, pero ñoño.
La misma estación le permite a Eli de Caso reaparecer en TV, los domingos por la mañana, con un programa estable (“Conectados con Eli”), que básicamente trata de acortar la brecha tecnológica entre la tercera edad y el resto de la población.
“Mucho gusto” acaba de recibir con los brazos abiertos y el rating, otra vez, a su favor a Karen Doggenweiler, rescatada desde las bodegas de TVN, donde su carisma televisivo pasaba sus días arrumbado junto a añosas escenografías y recursos de utilería que algún día tuvieron su minuto de gloria.
Vivi Kreutzberger lleva un año ya en TV+. “+ Vivi que nunca”, se llama su franjeado. Allí conversa de esto y lo otro. De cómo éramos y cómo somos. Igual que en los 90.
Ivette Vergara fue reclutada por el área deportiva de TVN, además de encomendársele la conducción de una nueva propuesta programática, “Famosos a clases” y el Festival de Olmué.
En la misma señal pública, Margot Kahl debutó hace dos semanas conduciendo “Hoy se habla”. Cuando Yamila Reyna la deja meter la cuchara, se muestra tan simpática y chic como la recordábamos. Y, en lo físico (detalle no menor, ya que esto es tele) es una milf de tomo y lomo.
Sin hacer mucho esfuerzo, hemos mencionado seis casos de retornos de “rostras” antiguas. Y titulares, pues. No estamos hablando de panelistas, movileras o alguna otra función menor. Se trata de anfitrionas, presentadoras, animadoras que llegan, con esos mismos cargos y responsabilidades, a reverdecer laureles.
No nos engañemos. Esto no significa que la sociedad chilena está al fin revalorizando las canas o que, tal como pasa en países como Japón, reconoce el valor de la experiencia.
Quiere decir simplemente que la nueva generación de figuras televisivas femeninas no dio el ancho. Sus integrantes siguen estando muy verdes para cargar sobre sus hombros los desafíos del presente de la TV chilena. Algo muy parecido a lo que pasa con nuestro fútbol: mientras un recambio confiable no llegue, hay que seguir recurriendo a Bravo, “Huaso” Isla, “Pitbull” Medel, Charles Mariano, “King Arturo” y Alexis. Hasta que no se puedan las patas. Hasta que se desplacen con “burritos” y sondas con suero en la cancha.
Si los viejos son menos malos que los nuevos, no hay dónde perderse.
Esto partió hace rato. Cuando las anécdotas de la época dorada de Raquel Argandoña empezaron a endiosarse en los programas a los que asistía, ya jubilada de la primera línea farandulera, por más que dichos episodios versaran sobre peleas matrimoniales a balazos, metalización desatada, descarada infidelidad intercontinental, falta absoluta de empatía hacia su género y una familia disfuncional a rabiar.
Esto partió cuando nadie le recordó a Eli el descomunal alarde de ignorancia que hizo al preguntarle en TVN a un doctor cómo las mujeres podían prevenir los problemas a sus próstatas (el galeno, armándose de paciencia, le explicó que las damas no poseen ese órgano).
Esto partió cuando todos hicieron la vista gorda al escuchar que Cecilia Bolocco llamaba a los estudiantes a estudiar en plena dictadura militar, que sofocaba a sangre y fuego cualquier manifestación en su contra.
Nos fuimos acostumbrando a estas glamorosas imbecilidades. Presos de una suerte de síndrome de Estocolmo colectivo, seguimos obnubilados con estas tenebrosas veteranas.
Las mismas que les hacen creer a sus parejas que son los padres biológicos de sus hijos.
Las mismas que se lanzan como en la UFC a taparle la boca a una mujer chilota que trataba de darle un mensaje en cámara a la Presidenta de la República en ejercicio.
Las mismas que humillan sin asco al aire a otra animadora, develando el motivo de su separación en el estelar sino más visto, más comentado, de la historia.
Ese nivel de maldad (ni de megalomanía) no lo tienen ni Ángeles Araya ni Antonella Ríos ni Carolina Escobar ni Millaray Viera ni Emilia Daiber ni Priscilla Vargas ni Verónica Bianchi ni Paulina Alvarado.
Y a cuidarse Natalia López, Chantal Aguilar, Marianela Estrada y Natasha Kennard, que para leer noticias no me extrañaría que sean “desrretiradas” muy pronto Carmen Gloria Jaureguiberry, Susana Horno y María Olga Fernández. Esa boca estirada como tirando un beso de Cecilia cada vez que daba paso a una grabación para complementar lo que acababa de leer equivalía a una autocaricatura, a un gesto birlado a Eglantina Morrison, pero nos gustaba. Lo asépticas y distantes de Susana y María Olga, esa plástica corrección, esa dicción impecable, ese acento neutro, hicieron escuela.
Solamente falta que se unan a esta oleada de exhumaciones mediáticas Paulina Nin, Viviana Nunes y Pamela Hödar.
Admitámoslo. Somos televidentes chapados a la antigua. Las cabritas de ahora no hacen una comparadas con el puñado de tétricas gárgolas con las que crecimos.
