Columna de Sebastián Gómez Matus: “Cámara descartable”, de Ana Oneda

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Por El Ágora
Actualizado el 19 de diciembre de 2022 - 11:43 am

Debut literario de escritora brasileña afincada en Chile discurre sobre los avatares de ser migrante en nuestro país.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Fotos: ARCHIVO

Escrito con una delicada sencillez, buscando la quintaesencia entre dos lenguas, si no hermanas, primas, “Cámara descartable”, de Ana Oneda, da cuenta de una sensibilidad que dispara dos asuntos primordiales: escribir en otra lengua y vivir en Chile siendo brasileña. Si Chile ya es hostil para sus propios ciudadanos, no me imagino lo difícil que debe ser para una mujer brasileña. Aunque esto puede jugar en su favor, al menos durante un tiempo, ser brasileña, digo, ya que en Chile hay una debilidad por dicha ciudadanía. Sin embargo, vivir más de ocho años en este país requiere otro tipo de temple y adaptación.

Quizá tuvo la suerte de caer en un grupo de personas sensibles que compatibilizaron con sus inquietudes, al margen de que su pareja es un músico chileno. Vivir en Chile debe ser una de las peores cosas que le puede pasar a una persona, y aun así disfrutar y tener espacios detrás de una ventana para pensar en estas nuevas ciudadanías mixturadas, migrantes (aunque este concepto tiene cierto engaño progre), son un gran aporte para pensar en cómo vivimos acá a raíz de los ritmos de otra lengua, de una cultura tan abigarrada como lo es la brasileña.

Portada de «Cámara descartable»

Estos textos mínimos, sin aspavientos ni pretensiones institucionales, nos entregan una suavidad, una flexión idiomática muy interesante. En ese punto, más que en lo dicho, en el modo en que la lengua está empleada, donde respiran el castellano chilensis y el portugués brasileño en una armonía que quizá tenga que ver con la timidez de la autora, lejos de los codazos del campo literario de autoras y autores en ciernes.

La distancia que logra resolver entre dos lenguas y entre la persona que es y la que quiere combatir a través de la escritura se exprese en este pasaje: “Aunque todavía me guste la pose de la mujer fumante, afectada por el mundo, que sostiene un cigarro con más estilo que su propia vida y lo sabe”. Esta imagen de una persona que no puede fumar en un círculo de fumadores estrictos, resuelve la incomodidad social que vuelve única a la mujer que está detrás de la sutileza de estos textos. Al tiempo que problematiza una imagen caricaturesca, reconoce que ella no calza con esa imagen. Entonces, escribe, corta esa distancia, la sintetiza con una extraña forma de adjetivar (fumante).

Por último, llama poderosamente la atención leer textos despojados de las mañas aprendidas de las rencillas inveteradas del campo literario, de los temas hashtagueables y de las buzz words que pululan por el grueso de los libros escritos hoy. Es saludable leer un libro despojado de los síntomas culturales que tan mal le hacen a la literatura, el hada de la libertad Esto le da a “Cámara descartable” una soltura que la envuelve en un aura de inocencia, aunque esto es aparente.