Columna de Rodrigo Cabrillana: David Lynch, meditación trascendental y procesos creativos
A poco más de una semana del deceso del director originario de Montana, se ha comenzado mucho a hablar de su legado artístico y cultural-cinematográfico. En el que, por supuesto, se encuentra el proceso de la meditación trascendental.
Por estos días la figura del cineasta David Lynch se encuentra bastante mediatizada debido a su reciente fallecimiento. Notas, reportajes, documentales y hasta post de redes sociales dejan testimonio acerca de la trascendencia de la obra del artista estadounidense.
Sin embargo, hay un punto en su tarea que se ha destacado especialmente estos días, y es la importante relación del director de cine con la meditación y la creatividad.
¿Sufrir para crear?
De hecho, está vigente la convicción de que para que surja la creación hay que encontrarse en un permanente estado de conflicto y aprieto, la que de por sí, no es tan equivocada. Porque hay evidencia de los diversos problemas en la salud mental de las personas y la relación de estos con los diferentes estados de la creatividad.
Pero, no necesariamente debemos encontrarnos en un trance alterado y de locura para que podamos impregnarnos de la inventiva y la imaginación. Podemos estar tristes y hacer arte, pero no elementalmente para ser un artista debemos tener tendencia a la depresión o al abatimiento mental por así decirlo.
La efectividad de la meditación trascendental
En ese sentido, Lynch siempre cultivó el misterio del pensar creativo, el que se ancla en el insondable proceso de la meditación trascendental. El artista habría comenzado a inicios de los ’70 con esta práctica, la que se considera una técnica sencilla que ayuda a la lucidez de la mente y que se puede desarrollar dos veces al día con los ojos cerrados por unos pocos minutos. La eficacia de este método es que es natural, elemental y perdurable.
La idea de la meditación trascendental es que faculta que la mente se adentre en las profundidades de la conciencia. Donde el individuo explore recónditamente la esencia de la inteligencia, la energía y la creatividad que contiene cada persona. De esta manera, el cerebro entra en una modalidad de descanso, permitiendo una mayor conexión consigo mismo, con el desenvolvimiento de las ideas y el cuerpo y por supuesto con el sentir del entorno.
Un procedimiento que no requiere necesariamente un cambio en la forma de vida, pero sí un entrenamiento constante de un instructor que guíe y facilite la meditación.
La sensatez creativa de Lynch
Aquello le permitió a David Lynch autogobernarse adecuadamente con sus sensaciones, con sus corazonadas, y fuera de todo margen de negatividad.
Y con su pensamiento siempre coherente y no exento de inventiva e imaginación, pudo crear todas esas obras maestras cinematográficas repletas de ambientes oníricos, surrealistas, con halos de intriga y extrañeza, por las cuales el realizador alcanzó popularidad mundial.
El esplendor de la estética tenebrosa de Lynch
Es más, Lynch destacaba que para diseñar un pasaje cinematográfico con sucesos oscuros no hay para qué vivenciarlos realmente ni tampoco sufrir en exceso, sino que se trata de imaginarlos, visualizarlos e intentar comprenderlos desde tu forma de hacer y entender el arte, dentro de tu propio criterio creativo.
Ya que no se trata de romantizar la negrura, ni menos de angustiarse para concebir una estética sombría, sino que comprender la esencia de la belleza de lo espeluznante desde la brillantez de hacer ficción, de hacer fluir y brotar las ideas, de discurrir en la creatividad misma del arte. Es decir, puedes elaborar tu guion solamente a partir de la imaginación.
La inquietud productiva de un cineasta
Lynch llegó a desarrollar en su país todo tipo de actividades al respecto: conferencias, entrevistas, documentales y hasta programó giras internacionales donde daba énfasis a esta materia de la meditación entre sus seguidores. Encomienda que hoy, sin duda, hereda la fundación que lleva su nombre y por supuesto, su familia, que serán los encargados de preservar su patrimonio cultural y que ya en cierta medida, fue un trabajo que iniciaron llamando a una meditación colectiva el pasado 20 de enero, fecha en el que el desaparecido y recordado director de cine hubiera cumplido 79 años.
David Lynch, un creativo multifacético que vivirá eternamente en la nebulosa imaginaria del mundo de lo inquietante, lo ambiguo y las realidades indescifrables que exploran el sesgo misterioso de la cotidianeidad humana.
