Columna de Rodrigo Araya: Error comunicacional o ¿error comunicacional?
Los y las periodistas que reportearon el esperado anuncio del futuro gabinete de José Antonio Kast acudieron a la famosa muletilla: error comunicacional trunca llegada de Montt al Ministerio de Minería. Pero, ¿existió un error comunicacional?
Una de las expresiones qué más daño hace a la reputación profesional de los periodistas es error comunicacional. Y esto no sólo para quienes ejercen en medios de prensa, sino especialmente para quienes se desempeñan en el amplio mundo de las asesorías, ya sea en instituciones públicas, privadas o del tercer sector, o trabajando para personas naturales, como pueden ser los parlamentarios o conferencistas.
La fallida designación de Santiago Montt como futuro ministro de Minería es el caso más reciente que permite ilustrar mi afirmación.
Aunque conocido, hago una breve recapitulación del caso. Dado que su nombre ya había pasado todos los controles previos por la oficina del presidente electo, Montt comenzó a sentirse el futuro ministro.
Pero (siempre hay un pero) antes debía cerrar sus compromisos contractuales. Es que al momento de su designación, se desempeñaba (¿o desempeña?) como CEO (anglicismo para referirse al directivo superior) de Los Andes Cooper, empresa canadiense propietaria de la totalidad del proyecto Vizcachitas. Se trata de una labor minera que dispone de mil millones de toneladas de reservas, y cuya inversión inicial es cercana a los 2.400 millones de dólares.
El pecado de la ansiedad
Antes de que el presidente electo revelara la composición de su futuro gabinete, la empresa hizo el anuncio del nombramiento de Montt, señalando que, obviamente, el CEO renunciaba al cargo.
La reacción de Kast fue automática: sacó a Montt de la lista (no es una figura: el papel con su nombre que estaba en el piso del escenario donde se ubicarían los futuros ministros fue sacado de allí por un miembro del equipo de Kast), pues su prerrogativa de hacer el anuncio había sido vulnerada.
Los y las periodistas que reportearon el esperado anuncio del futuro gabinete, acudieron a la muletilla: error comunicacional trunca llegada de Montt al Ministerio de Minería. Los conductores de programas informativos, y los comentaristas a quienes se les dio tribuna, refrendaron el uso de la muletilla insistiendo en que hubo un error comunicacional.
Entonces, la pregunta ya está introducida: ¿fue un error comunicacional?
Exijo una explicación
La columna de Alfredo Enrione, publicada este jueves en Diario Financiero, ofrece una explicación alternativa. Esto, al asegurar que la empresa lo que hizo fue un gesto de transparencia, pues se trata -nada menos- de la renuncia de su CEO.
Postergar este anuncio (es decir, hacerlo después de la confirmación del nuevo gabinete) le podría haber traído problemas con los agentes reguladores canadienses, país donde Los Andes Cooper tiene su matriz, y por lo tanto, está sujeta a la normativa de ese Estado.
Un dato permite pensar que Enrione no está tan perdido. Una vez que se supo que el CEO de un proyecto que aún no inicia sus operaciones sería, nada menos, que el nuevo ministro de Minería, las acciones de la empresa aumentaron su valor en un 22%. Cuando se confirmó que Montt no sería ministro, cayeron en un 17%.
Desprolijidad
Evidentemente, en este episodio hubo desprolijidad. Señalar a la empresa como responsable de un error comunicacional tiene el mérito de ocultar (al menos, momentáneamente) la desprolijidad de obviar lo que el empleador de Montt debía hacer una vez que se enterara que su CEO dejaría el puesto.
Dada que había otras personas provenientes del mundo de las grandes empresas en el futuro gabinete (como Francisco Pérez Mackenna, próximo canciller) resulta difícil de conceder que Kast y su equipo no sabían que la salida de un CEO no tenía que ser anunciada a los organismos fiscalizadores. Incluso en Canadá.
Gente de empresa
Pero la desprolijidad se ve de mayor calado si se considera dónde busca Kast a posibles ministros: en las empresas privadas.
Y acá no sólo cabe la crítica más conocida: no es lo mismo dirigir una empresa que dirigir un país.
La dimensión política (aunque se insista en que se trata de un gabinete técnico) es lo que marca la diferencia, pues dotar de sentido la vida pública de la nación (lo que suele llamarse el relato) es parte necesaria e insustituible en una autoridad pública.
Doble militancia
También hay una crítica menos usada: qué tan adecuado resulta en un país de las dimensiones de Chile nombrar ministros que previamente ocupaban puestos altos en empresas de gran tamaño. Ello, por una cuestión de orden práctico que es fácil de comprender: cómo evitar que la autoridad sirva a dos amos (para citar al Jesús del que Kast se declara seguidor).
Porque, evidentemente, el ex ejecutivo tiene derecho a confiar en su ex empleador para sacar adelante proyectos de su cartera.
Pero además porque dentro de cuatro años (si es que no pierde antes la confianza) deberá buscar trabajo, y obviamente que explorará esta posibilidad en las empresas de su ex empleador. O en otra de similar tamaño que le permita volver a tener una posición e ingresos como los que dejó para asumir en el gobierno. Y aunque desconozco cuánto gana un CEO de una empresa de la magnitud de Los Andes Cooper, tiendo a pensar que más de 9 millones de pesos mensuales que es lo que perciben los ministros de Estado.
No hay postulantes desconocidos
No hace tanto, refiriéndose al sistema de nombramientos de jueces en Chile, una abogada de la plaza (no retuve su nombre, y aunque lo gugleé, no di con él) señaló que “en Chile, nos conocemos todos”, haciendo referencia a que resultaba difícil que un postulante a juez no fuera conocido, aunque fuera remotamente, por sus pares evaluadores de las ternas o quinas para llenar el cargo.
Por lo tanto, la dimensión de nuestro país no hace recomendable que la alternancia CEO-ministro sea la costumbre. Hay otros espacios, como las universidades, centros de pensamiento, los propios partidos políticos, que si bien no eliminan el riesgo de servir a dos amos, al menos disminuyen el impacto que esta tentación, en caso de no ser resistida, tendría.
El error comunicacional y sus implicancias
Vuelvo al origen de la columna: ¿por qué error comunicacional es un lugar común que daña severamente la reputación profesional de los periodistas?
Propongo dos explicaciones.
Una conceptual: porque difundir no es comunicar. No basta con emitir mensajes, y que los receptores produzcan un feed back para decir que hubo comunicación. Este debate lo dejo únicamente enunciado.
Una de orden práctico: porque calificarlo de error comunicacional hace parecer que se trató únicamente de un tema procedimental (no debimos haberlo dicho, o debimos haberlo dicho de otro modo o en otro momento), y por lo tanto, no estructural.
Y ello, ubica a los periodistas como profesionales cuyo único conocimiento es de la actualidad, de la coyuntura, pero les es ajeno el funcionamiento estructural de una sociedad ya que no disponen de una disciplina que les permita aportar, desde su especialidad, a este análisis.
En el caso de Montt (¡que buen apellido se perdió el cercano gobierno!) no hay error comunicacional. Hay desprolijidad en la selección.
Pero sí una virtud estratégica: calificarlo como error comunicacional permite evitar que se cuestione la relación Empresas-Estado.
Al menos, por ahora.
RODRIGO ARAYA. Periodista de la Universidad de Chile, con estudios de posgrado en el área de Comunicación y Cultura. Desde 1996 se dedica a la docencia universitaria. Sus ámbitos de estudio son Teoría del Periodismo, Comunicación y Cultura y Pensamiento Poscolonial. Ha publicado textos en revistas y capítulos de libros, en castellano e inglés.
