Columna de Leonardo Véliz: La sabana africana o Nueva York

La cacería sólo es comparable a la persecución de un delincuente, un asesino en serie, un fraudulento estafador de casinos y perseguido poco menos que por la Interpol. 

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Por Leonardo Véliz
Actualizado el 4 de octubre de 2025 - 9:00 am

Los dirigentes no han hecho un trabajo profesional con visión de futuro. Un trabajo integral. Foto: ARCHIVO

Me imagino al Nico y su “consiglieri” en un suburbio de Nueva York en plena noche, agazapados de las garras y detectives del FBI.

Y sobre la sabana africana, me lo imagino como un cervatillo en medio de depredadores como leones, hienas y guepardos como parte de su festín. El DT chileno se defiende de todos los embistes y colmillos afilados ante la furia de la ignorancia. En las llanuras del Serengueti está a expensas del más fuerte.

Con cifras más o menos (los cazadores no entienden de métricas a cabalidad) explica sus aciertos y los yerros los omite. Han sido dos años de proceso ininterrumpidos para crear una fiera y en 270 minutos todo se reduce a exhibir un animalito presa fácil para sus depredadores dentro de la cancha. Y fuera de ella, ser pan comido para 18 millones de “entrenadores de internet y TV”.

¿Cuáles son las causas? Desde décadas ausculté el fútbol chileno formativo y las de hoy son las mismas, repetitivas, en conocimiento de los que han gobernado nuestro fútbol. Indiferentes ante la cruel realidad, no han hecho nada por dar un golpe de timón a este barco que irremisiblemente iba con destino a encallar.

Enemigos de los procesos

Pensar en generaciones espontáneas es creer que, de la noche a la mañana, saldrán los Claudio Arrau, Pablo Neruda, Gabriela Mistral y tantos otros personajes que le han dado lustre a nuestro país. Para ellos la palabra talento iba de la mano con el sacrificio y el paso a paso. La paciencia, aclaran los chinos.

Somos un país subdesarrollado y esto deben entenderlos moros y cristianos. Un país de una pobreza supina, falta de recursos básicos, desnutrición y hambre, viviendas inadecuadas y vulnerabilidad social. Ese es el producto con el que debemos intentar logros deportivos. Ese es nuestro capital cultural carenciado y no otro. Son pocos los que provienen de un capital cultural heredado de jóvenes de familias funcionales, bien alimentados, educación formal, entornos adecuados.

¿Cuál es la responsabilidad de los dirigentes? Inmensa, no han hecho un trabajo profesional con visión de futuro. Un trabajo integral. Se han olvidado que para formar buenos elementos, primero son personas y no productos manufacturados con defectos. No han invertido lo suficiente en jugadores de series menores y menos en capacitar a los entrenadores. Son enemigos de los procesos y amistosos con el resultado exprés.

A sembrar semillas

El entrenador ahora está en la mira de los cazadores furtivos. ¿Y los jugadores? Ante la inminente debacle de la actual sub 20, se clama en forma unánime por jugadores talentosos, creativos, imaginativos, que desordenen las defensas rivales cuando la táctica se vuelve inútil y con el orden defensivo no basta.

¿Y qué ha pasado esta última década con un jugador que todos sacralizaron como referente a seguir, lo exprimieron, lo bautizaron como rey, como “todo terreno”, guerrero, corajudo, destructor pero con instintos primitivos? Todo lo contrario de los deseos de la masa vociferante de alabar a jugadores cerebrales. Mientras tanto, como rebaño se rindieron hinchas, periodistas y publicistas e incluso entendidos de fútbol.

Esta es para mí unas de las causas de esta extinción de talentos, de jugadores distintos. Pero nos abocamos a sembrar referentes como el King. Y esta es la cosecha, frutos que, a la primera helada, son inservibles de poner en una góndola de supermercado.

Si necesitamos referentes para exportar, debemos sembrar esa semilla y para eso… darnos tiempo.