Columna de José Miguel Ortiz: Dale alegría, alegría a mi corazón…
El regreso de Deportes Concepción a la Primera División se inscribe con mayúsculas en las conquistas épicas de un equipo que fue desafiliado en 2016 del fútbol profesional.
“Es lo único que te pido al menos hoy. Dale alegría, alegría a mi corazón, que se enciendan las luces de este amor …”. Esta canción de Fito Páez refleja magistralmente esa emoción descontrolada, mágica y profundamente humana que produce la alegría de ver un partido del equipo de tus amores. “Y ya verás, las sombras que aquí estuvieron, no estarán …”.
El regreso de Deportes Concepción a la Primera División se inscribe con mayúsculas en las conquistas épicas de un equipo que fue desafiliado en 2016 del fútbol profesional. Y que, por tanto, tuvo que dar la vuelta larga, reiniciándose en la Cuarta División del fútbol chileno.
Sólo señalar que recién a principios de este 2025 el club Lila regresó a la serie de Ascenso, luego de que el Tribunal de Penalidades de la ANFP le quitara puntos al campeón Melipilla, debido al no pago de cotizaciones. Por tanto, lo cierto es que se armó un equipo para mantenerse en este torneo, liga que es altamente competitiva y ruda.
Sin embargo, con el correr del campeonato el Conce fue mejorando y haciéndose respetar de local en el estadio Ester Roa. El equipo fue demostrando que estaba para grandes cosas, con una dinámica de juego bien coordinada, con amplia comunicación entre sus cracks y con la garra y corazón que lo caracterizan.
Sin duda, la entrada de Patricio Almendra a la jefatura técnica de los morados, marcó un punto de inflexión. Almendra es, además, un reconocido hincha y ex figura del León de Collao, quien dando muestras de sapiencia e inteligencia emocional, aseguró en la conferencia de prensa previa al duelo decisivo en Calama que “no se preocupen, vamos ascender, vamos ascender, se los aseguro…”, esto con un tono zen y una sonrisa tranquila.
Quizá por lo mismo, 400 hinchas penquistas hicieron el sacrificio y llegaron al estadio Zorros del Desierto, como parte de lo que la prensa tituló “Operación Calama”.
La conexión es tan alta que la noche anterior a la gran final, los jugadores salieron del hotel a saludar a los fanáticos: Abrazos, fotos, palmoteos y un breve discurso de Sebastián “Chino” Silva, quien con claridad, mesura y convicción señaló que dejarían todo en la cancha para lograr el objetivo. Más abrazos, aplausos y fotos.
Los detalles técnicos lo explicarán mejor mis colegas del área deportiva de este medio. Sólo puedo decir que Joaquín Larrivey, Ángel Gillard, Carlos Morales, Josué Ovalle, Carlos Escobar, Brayan Valdivia, el portero Nicolás Araya, fueron creciendo partido a partido. Lo de Larrivey es impresionante, fue el goleador de la Liguilla y anotó siempre.
Pero como esto se trata de un equipo y de un objetivo colectivo, cuando no aparecieron los grandes referentes, estuvieron los obreros: Ariel Cáceres anotó un golazo en el partido de ida con Cobreloa, donde le pegó con el alma ante 29 mil hinchas lilas.
Y en Calama, apareció uno que fue pocas veces titular: Nelson Sepúlveda, quien marcó el primero del partido, y a dos minutos del final sacó un misilazo, luego de un rebote en el área loína y convirtió un golazo que vale un ascenso heroico.
La imagen posterior es elocuente: Larrivey regaló su camiseta a los hinchas en Calama y Nelson Sepúlveda entregó hasta sus zapatos. La celebración en la Plaza de Armas penquista fue hasta las dos de la madrugada. Sin ningún incidente ni hecho delictual, sólo emoción, abrazos y algarabía.
Alegría en el corazón como dice Fito.
Larga vida a Deportes Concepción y al pueblo lila.
