Columna de Ignacio Figueroa: Usurpación ideológica de la ultraderecha
La debilidad y derrota de la izquierda permite el uso y abuso de los conceptos básicos del desarrollo marxista en este redireccionamiento de la ultraderecha.
El auge de la ultraderecha en diferentes países del mundo viene de la mano con una impostura ideológica. Históricamente débiles en ideas, estos grupos y partidos comenzaron a analizar la realidad política/social a través del prisma de la ideología de sus rivales. Para sus fines reaccionarios, utilizaron la vasta formulación del marxismo sobre la sociedad.
Desde la Revolución Rusa de 1917 el pensamiento de Lenin significó un adelanto crucial para la política. Desarrolló una serie de postulados que convirtieron las ideas de Marx en práctica política capaz de disputar el poder para los trabajadores.
Tras la muerte de Lenin, el partido bolchevique se dividió en dos corrientes principales. Por un lado, Stalin, que propugnaba que la revolución comunista debía consolidarse en una sola nación, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Y, desde ahí, irradiar fuerza política/económica a otras naciones. Por el otro estaban las ideas de León Trotsky. Este propugnaba que la revolución debía ser una acción continua en un gran número de naciones. Y derivar hacia la revolución socialista mundial, en lo que se conocía como la “revolución permanente”, internacionalizando el poder del proletariado.
La disputa entre Trotsky y Stalin se resolvió con el exilio del primero y su posterior asesinato en México: tentáculos internacionales del estalinismo.
Acciones militares de retaliación
El trotskismo, con toda su riqueza conceptual y sus logros, fue perseguido en todo el mundo por el Partido Comunista Soviético como una desviación ideológica de “izquierda” que debía ser exterminado por ser un peligro para la sobrevivencia de la URSS.
Trotsky, de origen judío, fue demonizado, pero sus ideas tuvieron asidero en un grupo relevante de intelectuales en diferentes países. En Estados Unidos, se exilió un grupo considerable de trotskistas, aceptados en el seno del Partido Demócrata por sus filiaciones sionistas y su fiera oposición a la URSS y los partidos comunistas afines.
Las ideas trotskistas en EEUU siguieron promoviendo ideas marxistas, como el socialismo reformista y la revolución internacional permanente. Lo hicieron a través de la construcción nacional y de regímenes democráticos impuestos militarmente, en una fase imperialista de promoción del capitalismo, la democracia y los regímenes liberales.
Las ideas trotskistas anidadas en intelectuales pro israelíes crearon una nueva plataforma conocida como “neoconservadores”. Estos comenzaron en el Partido Demócrata, pero -al poco andar- fue un grupo transversal en ambos partidos. Se solidificó en el Partido Republicano y fue parte relevante de lo que se conoce como “el estado profundo” del país norteamericano.
Su punto de poder culminante se produce tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Allí consiguieron un consenso político para llevar adelante una serie de acciones militares señaladas como de retaliación, pero que contenían un componente geoestratégico.
Víctimas propicias ante el abandono
Era un plan de rediseño mundial, especialmente de Medio Oriente, bajo la tutela del think tank neoconservador “Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense” (PNAC).
Un importante número de fundadores de PNCA conformaron el gobierno del Partido Republicano de George W. Bush. Ahí estaban, por ejemplo, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz y el recientemente fallecido Dick Cheney, propugnando el dominio global sin contrapeso de Estados Unidos.
El éxito del uso de las ideas marxistas hecho por los neoconservadores dio pie a que las ultraderechas del mundo comprendieran su falta de rigor. Carecían de poder ideológico para leer el mundo y sus relaciones de poder. Pero eso podía subsanarse utilizando las herramientas conceptuales del marxismo para los propios fines de dominio de una élite por sobre la idea central socialista. O sea, aquella de la lucha de clases que llevara al poder a los trabajadores “expropiando a los expropiadores”.
Los neofascistas de la ultraderecha, al contrario de los neoconservadores, descreen del liberalismo político. Pero adhieren al neoliberalismo económico, esgrimido al extremo por personajes como el argentino Javier Milei o el chileno Johannes Kaiser.
La ultraderecha no solamente goza de la fuerza conceptual y de análisis del marxismo, si no que, además, aprovecha que la izquierda -derrotada por el liberalismo político/económico- dejó de usar los conceptos básicos del marxismo para la comprensión de la historia y la sociedad. Ahora busca identidad en la ideología de género o de las minorías sexuales. Dejó indefensos a los trabajadores, que han sido víctimas propicias para la ultraderecha.
Insurrección bolchevique
Algunos de los conceptos tomados de la izquierda marxista que la ultraderecha usa, en un proceso de inversión o recomposición son:
–Internacionalismo: concepto nacido desde las diferentes Internacionales (desde la primera, que data de 1864). Agrupa a representantes de los trabajadores. Y abogaba por el poder para el proletariado (“¡Trabajadores del mundo, uníos!, era el lema del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, de 1848). La idea de internacionalismo de la ultraderecha llama a diferentes grupos neofascistas del mundo a trabajar bajo premisas y agenda comunes para llegar al poder.
-Lucha de clases: la ultraderecha pone al inmigrante en contra de la clase trabajadora en disputa por los puestos de trabajo. Amén de los beneficios sociales y culparlos del aumento de los delitos y la inseguridad. Aparte, elimina la lucha entre los trabajadores y la patronal o élite, reemplazándola por la cooperación que ve en el “chorreo” un beneficio mutuo.
-Batalla cultural: usando las ideas de Antonio Gramsci sobre hegemonía cultural, comprueban la existencia de una lucha permanente con la izquierda por prevalecer. Era lo que Fidel Castro llamaba la “batalla de las ideas”, que enfrenta dos formas contrapuestas de entender el funcionamiento de la sociedad. Son también usados los conceptos del filósofo Georg Lukács sobre el socavamiento de la cultura burguesa para destruir el capitalismo. Lo invierte para degradar la cultura de los trabajadores. El candidato Kaiser utilizó en repetidas ocasiones el concepto de “batalla cultural” en discursos y debates.
-Insurrección: como Trump en el asalto al Capitolio en 2021 o Bolsonaro al Congreso en 2023. Se amparan en la acción de una élite que pone en jaque al poder político por sobre el golpe de Estado tradicional, que usa a las fuerzas armadas. La idea es tomada principalmente de la insurrección bolchevique, en Rusia (1917).
No todo está perdido
La debilidad y derrota de la izquierda permite el uso y abuso de los conceptos básicos del desarrollo marxista en este redireccionamiento de la ultraderecha.
Son estos últimos los que declaran la lucha de clases contra los trabajadores. Ellos plantean la insurrección para tomar el poder o los que comprenden la existencia de una batalla cultural donde la organización es internacionalista.
Sin embargo, no todo está perdido. Ahí está el triunfo electoral de Zohran Mamdani en la alcaldía de Nueva York. Mamdani se declara abiertamente “socialista, inmigrante y musulmán” en el seno del país hegemónico del capitalismo-
Y eso demuestra que retomar las ideas del análisis marxista dialéctico permite disputar el poder a los elementos reaccionarios, a pesar del imperio del dinero.
