Choques con ballenas: Chile en alerta mundial
Investigaciones advierten que el intenso tráfico marítimo y las zonas de alimentación convierten al país en un foco crítico de colisiones con cetáceos.
Un creciente número de reportes científicos sitúa a Chile como uno de los territorios con mayor registro de impactos entre embarcaciones y grandes cetáceos, un fenómeno que preocupa por sus efectos en la biodiversidad marina y en la seguridad de la navegación.
A comienzos de febrero, imágenes aéreas captadas en Algarrobo evidenciaron el cuerpo sin vida de una ballena arrastrada hasta la costa, reforzando las alertas sobre la magnitud del problema fuera de las áreas habituales de concentración.
Norte productivo, rutas congestionadas
De acuerdo con antecedentes recogidos por Reuters, entre octubre y enero los cetáceos se agrupan principalmente en la Bahía de Mejillones y la Bahía de Antofagasta, atraídos por la abundancia de alimento en aguas altamente productivas.
Sin embargo, estas mismas zonas coinciden con corredores marítimos de alto tráfico vinculados a la actividad minera y energética. La cercanía con el Puerto de Antofagasta —que moviliza grandes volúmenes de carga— incrementa la probabilidad de encuentros fatales entre buques y fauna marina.
Especialistas también advierten que el país concentra numerosos casos de enmallamiento en redes de pesca, lo que agrava el escenario de riesgo para las poblaciones de ballenas.
Impacto ecológico y climático
Desde organizaciones como Greenpeace subrayan que las grandes ballenas cumplen un rol esencial en los océanos, ya que contribuyen a redistribuir nutrientes y favorecen el crecimiento del fitoplancton, clave en la captura de carbono.
La pérdida de estos animales no sólo afecta el equilibrio de los ecosistemas, sino que también puede tener efectos indirectos en la regulación climática global.
Consecuencias para la industria
Los incidentes generan además efectos económicos para el sector naviero, incluyendo peritajes técnicos, eventuales reclamaciones y demoras operativas. Como advierten expertos, implican “investigaciones de daños a los buques, las reclamaciones de seguros, los retrasos y el impacto en la reputación”.
Investigadores y redes de monitoreo coinciden en que se requieren medidas estructurales —como ajustes en rutas, reducción de velocidad en zonas sensibles y mayor vigilancia— para disminuir la frecuencia de colisiones y proteger a estos gigantes del océano.
