Columna de ReneX: Del miedo al medio
Percepción versus realidad. La sociedad del temor construido.
Es curioso y anecdótico que las palabras miedo y medio son una anagrama de la otra. Pero esta relación lexicográfica está lejos de pertenecer a un lapsus calami (*).
La realidad las une más allá de la “casualidad”, más bien producto de la “causalidad”, palabras que curiosamente también son anagramas biunívocos.
Los números reales
La Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana 2024 ha vuelto a mostrar una paradoja que arrastramos hace más de una década: mientras la mayoría de los chilenos no ha sido víctima de delitos violentos (94.2% de personas y 91.5% de hogares), más de la mitad cree que lo será en los próximos meses. Un abismo entre realidad y percepción. Pero, ¿cómo se explica? La respuesta es tan incómoda como evidente: los medios de comunicación, en especial la televisión.
El 87.7% de los encuestados cree que la delincuencia ha aumentado a nivel país. Pero esa cifra baja si la pregunta se refiere a su comuna (74.5%) y cae aún más al hablar de su propio barrio (50%). ¿Qué pasa entre el país y la vereda? Pasa la pantalla. Según los datos, el 53.8% de esa sensación de inseguridad viene de las noticias de televisión. Sólo un 6.5% se basa en experiencias familiares, y apenas un 6.0% en la propia. En resumen, la violencia no la vivimos, la consumimos.
El miedo reditúa
Los noticieros, atrapados en una lógica de rating, han hecho del delito un producto. La fórmula es simple y adictiva: dramatización, repetición y enfoque selectivo.
Como si la televisión hubiese dejado de informar para dedicarse a manipular la realidad, destacando lo más escabroso, repitiendo lo más impactante, ocultando todo lo demás. La inseguridad vende. Y el miedo, aún más.
El ejemplo de la dictadura
Esto no es nuevo. Durante la dictadura, el canal estatal y diarios como El Mercurio tejían un relato que invisibilizaba la represión, la pobreza y la injusticia. En vez de mostrar la realidad, mostraban un país de orden, progreso y silencio.
Hoy, con otro rostro y bajo el disfraz de “libertad de prensa”, algunos medios siguen cumpliendo una función de control, aunque esta vez mediante el temor.
En todas partes pasa
El fenómeno no es exclusivo de Chile. En Estados Unidos, la socióloga Barry Glassner escribió “The Culture of Fear”, donde demuestra cómo los medios exageran ciertos peligros (como el crimen o el terrorismo) y minimizan otros (como la pobreza o el acceso a salud), moldeando la opinión pública.
En Brasil, la cadena Globo fue criticada por construir una imagen de caos y violencia que favorecía políticas represivas.
En Argentina, la narrativa mediática sobre la “inseguridad” fue clave en campañas electorales.
Pero esto no sólo distorsiona, también condiciona. El 52.9% de las personas en Chile declara cambiar su comportamiento cotidiano por miedo al delito: dejan de salir, de transitar libremente, de vivir su ciudad. La televisión, sin querer (o queriendo), está cercenando libertades. No con armas ni censura, sino con titulares y cámaras.
Es necesario más responsabilidad
Es momento de reflexionar. ¿Qué tipo de país queremos construir? ¿Uno que tome decisiones basadas en evidencias, o uno que legisle al ritmo del pánico mediático? El miedo no es sólo un síntoma: es también un instrumento. Y en manos equivocadas, se convierte en política.
Debemos exigir más responsabilidad a los medios. Que informen, no que manipulen. Que muestren la realidad, no una versión hiperbólica que sólo satisface la ansiedad colectiva. Y sí, es imperioso discutir marcos regulatorios que no censuren, pero que sí obliguen a estándares éticos en la cobertura noticiosa.
No basta con apagar el televisor. Hay que encender el juicio crítico. Porque mientras la televisión siembra miedo, muchos líderes lo cosechan en votos.
Y el precio, como siempre, lo paga la democracia.
(*) Lapsus calami es una locución latina de uso actual que significa “error o tropiezo involuntario e inconsciente al escribir”.
