Columna de Ignacio Figueroa: Presidenciales 2025 y el factor emocional

La izquierda, para tener buenos resultados electorales, necesita crear un proyecto colectivo que permita desatar las emociones. Que permita que esa energía que está en el pueblo, tenga un refugio donde hacer florecer la esperanza.

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Por El Ágora
Actualizado el 16 de mayo de 2025 - 9:02 pm

El estallido social de 2019 mostró a la población que la movilización popular era un puente para alcanzar las transformaciones que el grueso de los ciudadanos anhelaba. Por otra parte, la derecha con todas sus facciones (política, económica o social), comprendió que el sistema o modelo, que parecía monolítico, podía vulnerarse poniendo en entredicho sus privilegios.

Así, tendrían que rectificar en la dirección de la ingeniería social potenciando nuevas estrategias mediáticas, utilización de redes sociales y manejo de la agenda.

Para destruir el movimiento popular nacido con y del estallido social, con un viraje abierto de la opinión pública hacia la izquierda, que desbordaba a los partidos políticos, estos debían institucionalizar el proceso, hacerlo legal y corporativo. Era un primer paso para descafeinar las emociones volcánicas surgidas de la movilización y la brutal represión del Estado. Llevando al plano político liberal las propuestas nacidas de la revuelta, se lograría diluir la energía que mostraba el grueso de la población alzada.

Con el objetivo logrado, con un Boric proactivo en mostrarse como un adalid de la institucionalidad, las energías restantes del movimiento social se encaminaron hacia la elección presidencial. Allí, el candidato del Frente Amplio barrió en primarias con el representante más cercano al octubrismo, Daniel Jadue.

Energía negativa

En la segunda vuelta de la elección presidencial, nuevamente las emociones se convertirían en un factor decisivo para el triunfo de Boric. Logró mostrar al candidato de la ultraderecha, José Antonio Kast, como un peligro para los derechos de las mujeres. La esperanza de transformaciones y de justicia social tuvieron un lugar destacado en la campaña frenteamplista.

Cuando Boric asume la presidencia, toda la puesta en escena inicial de su gobierno estuvo marcada por el simbolismo. Tal vez como una forma de disputar la hegemonía a la derecha. El apetito por lo simbólico pasó rápidamente al olvido con la imposición de la real politik de gobernar día a día sin tener una fuerza mediática capaz de disputar la agenda de la oposición. Existieron tímidas iniciativas del Ejecutivo por intentar emparejar la cancha en materia de medios, que quedaron en el baúl de los pendientes al encontrar la fiera oposición de la política corporativa.

La derrota de los plebiscitos constitucionales también estuvo marcada para altos niveles de energía emocional. Y primó la intencionalidad de derrotar las propuestas de los extremos. Sin embargo, el tipo de emoción que se puso en lisa era de un tipo diferente… Era una energía negativa que buscaba negar antes que proponer.

Tras los plebiscitos, el gobierno de Boric pasó paulatinamente desde las propuestas de las transformaciones -estímulo inicial del movimiento octubrista- a posiciones institucionalizadas de administración del modelo político/económico. En esta fase las emociones son reducidas al mínimo, primando el cálculo del juego democrático liberal. El apoyo principal del gobierno que lo había llevado a la presidencia, el movimiento popular, es dejado de lado, imponiéndose la lógica transversal a cualquier elite política: la emoción del miedo a lo popular.

Sin energía y sin esperanzas

Las mediocres cifras de crecimiento económico, sumado a la crisis de seguridad pública en un entorno donde la política de “chorreo” dejaba de tener efectividad, cambiaron la emoción principal en la opinión pública. El miedo y la despolitización se convierten en los vectores fundamentales que explican los movimientos de la clase política en posicionamientos dirigidos hacia las elecciones de noviembre.

La agenda basada en la inseguridad y en el miedo no es lo único que favorece a la derecha en este escenario. Por supuesto está la abrumadora exposición mediática sobre casos de corrupción que afectan al propio Presidente.

Pero también es crucial la despolitización de los ciudadanos, que hastiados de sucesivos gobiernos que no dan respuesta a sus esperanzas se desencantan de la política electoral, favoreciendo las posiciones maximalistas de extrema derecha.

Lo que había sido un éxito de la transición a la democracia con las certezas de un modelo político/económico inamovible por sus ataduras institucionales, se vuelve ahora en contra de la promesa del crecimiento. Es un sistema que frena las posibilidades de cambios, que mantiene a la población sin energía emocional y sin esperanzas.

Un efecto secundario del cerco neoliberal con el maridaje entre políticos (partido del orden), el empresariado (AFPs, isapres, bancos, medios) y corporaciones transnacionales (mundo unipolar); todo bajo tutela de las fuerzas armadas y carabineros, es la despolitización de la población con la salida del componente emocional de la ecuación electoral.

Sembrar emociones

La propuesta de los partidarios de orden para salir del marasmo económico y revitalizar la economía es la agenda de la “permisología”. Volver a la depredación brutal de los recursos económicos para obtener un déjà vu de los buenos tiempos del crecimiento y del chorreo.

La izquierda, para tener buenos resultados electorales, necesita crear un proyecto colectivo que permita desatar las emociones. Que permita que esa energía que está en el pueblo, tenga un refugio donde hacer florecer la esperanza. Deberían crearse vasos comunicantes con las organizaciones sociales que permitan la participación activa en el proceso político. O tener la audacia de proponer presupuestos participativos, por ejemplo.

La enseñanza del legado de Pepe Mujica es hacer política desde lo positivo. O sea, sembrar en la población las emociones que permitan la construcción de un proyecto colectivo que aúne las energías populares en una causa común.

De esta forma se podrá derrotar a la derecha y la ultraderecha con sus propuestas basadas en el temor. La izquierda no puede competir con la derecha en el terreno de la seguridad pública, pero es su deber crear las condiciones para desatar las pasiones creativas del pueblo.