Columna de ReneX: El color del prejuicio
Encontramos interesante esta nota publicada en redes sociales por @Eneatipo7 y la ponemos a disposición del debate, siempre abierto, en El Ágora.
Chile ha cambiado, aunque algunos se resistan. Y ese cambio, inevitable, es también una oportunidad.
Una reciente campaña publicitaria de Falabella ha desatado una avalancha de críticas desde un sector de la derecha más recalcitrante, esa que aún vive atada a los fantasmas de una nación uniforme, monocroma y ficticia.
Es la misma derecha que en su tiempo aplaudió cuando la modelo argentina Valeria Mazza, de rasgos escandinavos, protagonizaba las gráficas de la misma multitienda. Entonces, nadie habló de “identidad nacional”. Nadie se escandalizó. Nadie se indignó.

¿Qué es lo que molesta realmente hoy?, ¿La representación de una realidad más cercana, más mestiza, más verdadera?, ¿O simplemente que esa representación no encaje en su estrecha y empolvada definición de chilenidad?
Esa derecha racista y xenófoba no defiende la cultura, defiende su miedo. Su incomodidad frente a un país que ya no pueden moldear a su antojo. Su incomodidad frente a pieles más oscuras, acentos diferentes, nombres que no están en su genealogía, pero sí en los patios de sus casas, en las salas de clases, en los hospitales, en las calles, en todas partes.
El mundo entero avanza hacia una comprensión más amplia de lo que significa identidad. Europa, Estados Unidos, incluso nuestros vecinos latinoamericanos han comprendido que la mezcla racial no es una amenaza, sino una riqueza. Que la cultura se nutre del encuentro, no de la pureza. Que la diversidad es un reflejo honesto de nuestras ciudades, y también una condición para la innovación, la empatía y la evolución social.
A los nostálgicos del Chile que nunca existió, les molesta ver un país que ya no les pertenece en exclusividad. Les ofende que la piel morena esté en una vitrina, que la historia de alguien que vino de lejos hoy se escriba en nuestras calles, que el rostro de un niño no blanco sea también parte de lo que somos.
Pero eso es Chile. Eso somos. Hijos de indígenas, de europeos, de árabes, de afrodescendientes, de asiáticos. Somos un cruce. Una mezcla. Una conversación entre orígenes. Y quien no entienda eso está atrapado en una fantasía peligrosa: la del nacionalismo mal entendido, ese patriotismo idiota que confunde pertenencia con exclusión, que disfraza el odio de orgullo patrio.
La campaña de Falabella no debería ser noticia. Debería ser lo normal. Porque lo anormal es pensar que una foto puede amenazar una nación. Lo verdaderamente estúpido es pensar que un color de piel es más chileno que otro.
