Columna de Rodrigo Cabrillana: Memorias de lo invisible
Hace 30 años se editó probablemente el disco más importante en la carrera de La Ley. Un registro musical que les abrió puertas en muchos países y que los posicionó a un nivel continental. De eso y mucho más, hace énfasis el periodista Sergio Cancino en “Invisible”, su último libro dedicado a esta bella purga sonora.
1995 fue un año donde las producciones musicales nacionales salieron de toda órbita. Los Tres, Los Jaivas, Chancho en Piedra, Pánico, Los Tetas, Congreso, Joe Vasconcellos y tantos otros coincidieron discográficamente en un momento que era eminente para la música popular chilena. De hecho, no hemos vuelto a tener una hornada de discos de esa proporción que estén editados durante un mismo año en Chile.
Un disco que marcó un antes y un después
Pero, uno de los que roncó fuerte, fue “Invisible”, de La Ley. Quizá el disco más significativo y sustancial de lo que ha sido su trayectoria musical, porque fue construido en un instante catártico, en medio del desconsuelo y la tristeza de lo que representó una partida brutal para la agrupación, como fue la muerte de uno de sus miembros fundadores, además guitarrista y principal compositor de las primeras canciones del conjunto: Andrés Bobe.
Lo que Sergio Cancino refiere en su distinguido libro dedicado a esta producción, como un “agujero negro” en La Ley.

Un testimonio literario-sonoro que remueve sentimientos
En su publicación, Sergio Cancino desmenuza sutilmente diversos fragmentos del ayer de la agrupación, situándonos en un relato evocador y atemporal, donde inicia recordando un hito de La Ley de Andrés Bobe en su oriundo Curicó, hasta sumergirse en las profundidades de un disco que iba a cambiar toda la existencia musical y humana de La Ley. Porque Sergio deja en claro en su texto que “Invisible” fue la placa que sacó al grupo de la sofocación de lo que fue una pérdida irreparable para la banda, y de la que solamente lograron sortear en el tempestuoso momento por el profundo compromiso de hacer música y la infranqueable vocación de los músicos de continuar sus planes, aunque el viento soplara en su contra.
El libro de Cancino emociona profundamente, te arrastra a la naturaleza cósmica de “Invisible”, su refinada pluma te hace viajar a la juguera de emociones trastocadas y furiosos acordes que La Ley tuvo que fundir y reconfigurar para dar vida a lo que los seguidores del grupo califican como la obra cumbre del proyecto.
Era necesario también que alguien del medio reivindicara periodísticamente a La Ley, en un contexto en que las comunicaciones nacionales han maltratado muchas veces a la banda, posicionándola injustamente en un plano secundario, como sucedió durante casi toda la década de los ’90, donde incluso Beto Cuevas se debe haber llegado a preguntar muchas veces acerca de las razones que la prensa chilena tenía para ningunear al conjunto.
Porque no reconocer lo gigante que fueron, es menospreciar su trabajo, su calidad musical, lo coherente y perseverante de sus miembros en dar continuidad a una agrupación que tenía todo para triunfar.
La Ley dejó una huella imborrable
Entonces, ¿fue acaso la ida a México lo que tanto enfureció a los periodistas de espectáculos? Porque si hay algo que es cierto, es que, si Los Tres pueden ser la banda más popular en el Chile de los ’90, indiscutiblemente La Ley se consagró como una de las bandas más influyentes a nivel planetario.
Con primeros lugares en los rankings de MTV Latinoamérica, con giras y conciertos agotados en México y otros países de Centroamérica, con miles de discos vendidos en todo el mundo, con dos Luna Park vendidos en su totalidad en Buenos Aires, donde se despidieron la primera vez en 2005. ¿Qué otro grupo chileno ha alcanzado esa notoriedad de seguidores y reconocimiento en Argentina? Ni Los Prisioneros, ni Los Bunkers, ni ninguna otra agrupación lo ha logrado.
Por lo tanto, “Invisible” de Sergio Cancino también es un texto que a través de sus ricas páginas invoca a la sanación en la relación de La Ley con el público chileno, reposiciona la verdadera dimensión de la banda, reclama su auténtico lugar en la historia de la música popular nacional.
El autor se transforma en una especie de curandero, de chamán que guía al lector en el ritual de reconocer la auténtica naturaleza musical del conjunto, de otorgarle la honra artística y cultural que merece, de restituir su sitial en la memoria colectiva de Chile.

Un firme aspirante al premio
Con esta obra, Sergio Cancino es un candidato en potencia y se perfila como uno de los favoritos al Premio Pulsar como mejor obra literaria musical en la convocatoria anual que realiza la Sociedad Chilena de Autores e Intérpretes Musicales (SCD).
Un completo acierto también de La Piedra Redonda Ediciones en apoyar esta hermosa publicación. Un libro donde el periodista redefine a La Ley como un sexteto en “Invisible”, es decir, un grupo que hace música que traspasa las fronteras y cuya inspiración parece llegar desde lo etéreo, de lo sublime, de más allá de las estrellas. Donde Andrés Bobe fue un integrante más mientras terminaba de cruzar al plano de lo espiritual.
El pináculo de la fama internacional
Como anécdota, cuando arribé a Ezeiza en septiembre de 2024 y tomé un bus que me llevaba al centro de Buenos Aires, en medio de un viaje de trabajo, la primera canción que escuché en el colectivo público fue una de las tantas de La Ley. “Un grupo chileno sonando en una radio bonaerense, qué grandes” pensé. Con todo lo que nos cuesta el reconocimiento de nuestra cultura musical en otros países de la región.
Sin duda, Andrés Bobe, Beto Cuevas, Luciano Rojas, Mauricio Clavería, Rodrigo Aboitiz y Pedro Frugone la hicieron musicalmente. Sin dejar de desconocer también los méritos de Humberto Gatica, el productor que los ayudó a cimentar con ese disco su camino al estrellato.
Los 30 años de “Invisible” no pasaron en vano. Y una gira de reunión nunca está de más
