Columna de Arturo Castillo: Políticos for ever
El triunfo del NO, en octubre de 1998, auguraba el retorno a la democracia, aunque con temores. Vimos cómo se preparaban para reasumir sus funciones, inspirados por la ahora manoseada y desprestigiada “profunda vocación de servicio público”, a antiguos conocidos.
El triunfo del NO, en octubre de 1998, auguraba con cierta claridad -no exenta de temores- el retorno a la democracia. Y con ello la ciudadanía comenzó a ver en sus vidas la irrupción de antiguos rostros y partidos de la vieja política, cuyo protagonismo y poder les fue abruptamente arrebatado a comienzos de los ’70.
¿Las causas? Bueno, sobre aquello se ha discutido bastante y cada uno tiene su propia opinión. Cuestión que ahora no viene al caso.
Entonces, vimos cómo se preparaban para reasumir sus funciones, inspirados por la ahora manoseada y desprestigiada “profunda vocación de servicio público”, a antiguos conocidos. Algunos con más canas que ideas en la cabeza, y otros pingüinos de la época a favor o en contra de la Escuela Nacional Unificada (ENU), que vieron sus futuros políticos truncados.
Ahora con mayor madurez para entender mejor las cosas, creen haber superado las trancas del pasado. Y se propusieron reconstruir la nueva democracia.
Más ganas que experiencia
Respecto de lo que ocurrió, algunos como el ex Presidente Patricio Aylwin, se autocalificaron como una generación perdida por no haber sabido actuar a la altura de las circunstancias para proteger la democracia. Y eso lo podían reparar ahora.
Otros aprendieron durante el exilio, la mayoría de ellos en países desarrollados, que en política y en ideologías nada es blanco o negro.
Los jóvenes de ayer también aprendieron lo suyo. Los chicos de la antigua Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago (Feses), hoy adultos en pleno, volvieron con muchas más ganas que experiencia.
Y la derecha, que vivió cómodamente bajo el alero de Pinochet, tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos. Por ejemplo, a considerar la tolerancia, el diálogo y la transparencia.
Al comienzo todo salió a pedir de boca. Tuvimos una transición ejemplar, elecciones democráticas de Presidente, senadores, diputados, alcaldes y concejales.
“El que tiene, mantiene”
Los traspiés comenzaron cuando los elegidos por la votación popular, aunque de manera distorsionada por el imperio del sistema binominal, creyeron que eran esencialmente necesarios e insustituibles y decidieron mantenerse en sus cargos.
Es decir, optaron por la reelección, pese que el mandato constitucional señalaba claramente que “cada cuatro años se renueva la totalidad de la Cámara de Diputados y la mitad del Senado”.
El mandato constitucional no decía nada respecto de las reelecciones ni ponía límites para ello. Pero claramente el espíritu de la ley era otro. Renovar, en este aspecto, significa “sustituir una cosa vieja por una nueva”.
Obviamente, nuestra clase política hizo caso omiso de ello y se las arreglaron para continuar en sus cargos de manera indefinida. Por ejemplo, un alcalde, por el sólo hecho de ocupar y ejercer el cargo, tenía asegurado el derecho a postular a la reelección. Así ocurrió, por ejemplo, con ediles de Pudahuel y de San Antonio. También con muchos diputados y senadores.
En parte eso se limitó. Permite que concejales, alcaldes y diputados puedan ser reelectos hasta por dos períodos. Es decir, si los electores no dicen otra cosa, podrían permanecer en el cargo hasta por 12 años. Algo similar ocurrirá con el Senado. Estos parlamentarios podrán ser reelectos hasta por un período más. O sea, legislarán hasta por 16 años.
Esta nueva normativa paleará tímidamente el interés por eternizarse en el Senado. Pero, en ambos casos, podrán volver al Congreso saltándose un período.
¿Eternizarse en el cargo?
En Estados Unidos, por ejemplo, los congresistas no tienen límite y el presidente sólo se puede reelegir por un solo período (por otros cuatro años). Y luego estará impedido para siempre de volver a competir para seguir en la Casa Blanca.
En la pasada elección estuvieron impedidos de reelegirse por haber cumplido tres períodos consecutivos 96 alcaldes y 37 diputados. Lo mismo ocurrió con 13 senadores que ya ejercían el cargo por uno o más períodos consecutivos.
La nueva ley que limita la reelección, para muchos es todavía insuficiente. Pero al menos limitará en parte las intenciones de algunos de eternizarse en el cargo.
Entonces habrá algunas caras nuevas en el Parlamento. Tal vez no sea suficiente, pero algo es algo.
