Columna de Vasili Carrillo: El «Gitano» y el pequeño Valparaíso
Al “Gitano” Rodríguez lo conocí durante mi exilio en República Democrática Alemana. Era un joven cantautor que en cada momento, en cada actividad o compartir me expresaba su tremendo cariño y su inmensa calidad humana.
Era marzo de 1974, por lo que aún no cumplía 17 años. Después del asesinato de mi padre -crimen cometido por la dictadura- y estando preso mi hermano mayor, Fedor, fueron a detenerme al liceo de Lota. El famoso liceo acuático en la década del 2000…
Todo aquello hizo que, en noviembre de 1973, mi madre les solicitara a los compañeros del Partido Comunista (PC) que me sacaran de Lota. Y en 1974 solicitó que me sacaran de Chile. Yo me resistí, pero mi madre al final me persuadió. Y fue así como, con la colaboración de la Cruz Roja Internacional, viajé a la República Democrática Alemana (RDA).
Allí no sólo conocí de la solidaridad del pueblo alemán. También me tocó convivir con muchos hombres y mujeres de nuestro país que habían salido al exilio junto a sus hijos e hijas. Valentín Rossi, a Patricio Bunster, a Eduardo Contreras, a la compañera Margarita, que recuerdo con mucho cariño, hija del dirigente socialista detenido desaparecido Exequiel Ponce. Conocí a Carlos Toro y a Alejandro Toro. En fin, tantos compañeros y compañeras que también fueron grandes apoyos con mis casi 17 años en los inicios del exilio. Ellos se transformaron en mis amigos y mis padres en esa tierra tan lejana.
Un encuentro gitano
Con el transcurso de los meses, fui conociendo la RDA y fue así como llegué al grupo de teatro Lautaro, el ex grupo de teatro de la CUT. Me invitaron a la ciudad de Rostock, y participé con ellos en una obra de teatro como actor invitado.
Es en ese momento que conocí a otros amigos que vivían en esa hermosa ciudad de la RDA. Por ejemplo, al conocido actor Aníbal Reyna, a José “Pepe” Secall, al grupo Aparcoa y también a Osvaldo Rodríguez, más conocido como el “Gitano” Rodríguez.
Hoy, que se cumple un aniversario más de su desaparición física, en 1996, diré que del “Gitano” guardo tremendos y gratos recuerdos. Era un joven cantautor que en cada momento, en cada actividad o compartir me expresaba su tremendo cariño y su inmensa calidad humana.
Estaba permanentemente preocupado de mi ánimo, me abrazaba y cuando compartíamos en largas tertulias, él tomaba la guitarra y nos daba un particular concierto. Allí conocí sus mejores creaciones, entre ellas -por supuesto- “Valparaíso”. Y lo hacía con una tremenda emoción, porque para él la ciudad porteña era quizá lo más importante. Pero él tenía una versatilidad grandiosa: transmitía esperanza, alegría y optimismo.
Pérdida irremediable
En medio de sus conversaciones y canciones, lanzaba al aire sus tallas y su improvisada poesía. Tomaba el lápiz y escribía alguna poesía o alguna canción. Así fue como en una oportunidad tomó el lápiz y una hoja de cuaderno y escribió una canción o unos versos dedicados a mi padre.
Hoy recuerdo que era un muy hermoso homenaje y que, lamentablemente, con el tiempo y en mi vida de idas y vueltas, perdí… Hasta el día de hoy lo lamento enormemente.
En 1975 viajamos a Checoslovaquia a un festival de teatro con Lautaro, y nos acompañó el “Gitano” Rodríguez. Él era muy conocedor de ese hermoso país, pues había residido y estudiado en Praga, y su compañera en ese momento era una hermosa checoslovaca. Rodríguez no escatimó esfuerzos para transformarse en nuestro guía, nuestro anfitrión en la práctica. Fue con él que conocimos Praga, para mí una de las ciudades más hermosas de Europa.
Las calles de Lota
Entre 1985 y 1986, viviendo ya clandestinamente en Valparaíso como jefe del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) en esa región, recordé especialmente al “Gitano”. Caminando por los cerros y por el plano de la ciudad, siempre me acordaba de su canción “Valparaíso”, entonces ya convertido en himno porteño.
Pero además recordaba a un hombre comprometido con las causas justas y con la lucha contra la dictadura. Y, sobre todo, a un hombre de gran calidad humana, con esa alegría contagiosa junto a su solidaridad ilimitada y su preocupación por mí.
Como cuando me decía ‘eres recién un chiquillo’, y con eso hacía mi exilio más soportable, y mi soledad, más vivible. El “Gitano” Rodríguez permanece incólume en mi memoria y en mi corazón.
También pensaba en él, en su sencillez y modestia, en los cerros en Lota (ese Valparaíso pequeño y sureño), donde el habitante también encadenó las calles…
