Columna de Arturo Castillo: Las pensiones y la tozudez de los políticos

No resulta posible asegurarlo, pero si el Presidente Boric le hubiese hecho caso a su padre, este engorroso y vergonzoso asunto de la reforma al sistema de pensiones podría haberse resuelto hace bastante tiempo.

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Por Arturo Castillo Vicencio
Actualizado el 13 de enero de 2025 - 1:55 pm

¿Tendremos algún día una reforma al sistema de pensiones? / Foto: PRENSA LATINA

En el año 2019, cuando Gabriel Boric era diputado, su progenitor le aconsejó lo prudente y beneficioso que sería para los jubilados llegar a un acuerdo con el entonces Presidente Sebastián Piñera.

Boric escuchó a su padre, pero justo al día siguiente votó en contra de aquello, bajo el argumento de que la ciudadanía lo había mandatado para legislar en virtud de las posturas doctrinarias de su sector. Y por esos días era muy popular, ganando votos fáciles, la campaña “No más AFP”.

La nueva izquierda, vieja en sus ideas, pero renaciente con caras lozanas y entusiastas, con pingüinos recién salidos de las aulas y con una “superioridad moral” a toda prueba, estaba entusiasmada con establecer una nueva forma de hacer política y cambiarlo todo.

Dos intentos fallidos

Ese sueño se derrumbó estrepitosamente con el portazo que le dio la ciudadanía a la idea de refundar Chile con una nueva constitución política. El mismo portazo que la misma ciudadanía le dio después a los republicanos, quienes siguieron el mismo método avasallador para reformar, sin refundar, la Carta Fundamental.

La reforma al sistema previsional corre el riesgo de seguir la misma suerte. Los gobiernos, los parlamentarios y los partidos políticos llevan ya once años discutiendo este tema, sin lograr ponerse de acuerdo en lo más básico que es el destino del 6% adicional.

La Moneda debía entregar este lunes las indicaciones al proyecto, pero pidió más tiempo, lo que constituye un signo de que aún no está todo resuelto.

El gran error

Un abogado, amigo mío, experto en la materia, cree que el error fue entregarle esta tarea a la clase política, la que ha preferido actuar bajo el mandato de sus propias ideologías que guían a cada sector, en lugar de establecer un sistema técnico para tal reforma.

Las universidades podrían haber sido un aporte inestimable participando con los expertos de sus facultades de Derecho y Economía, fundamentalmente. Pero los políticos, que creen ser ellos los expertos en todo (un día son ministros de Estado, al otro son gobernadores, embajadores, alcaldes, diputados, senadores y, finalmente, acaban en los directorios de las empresas involucradas), han señalado que se trata de buscar lo mejor para los jubilados y se muestran en público dispuestos a negociar con sus contrapartes.

Negocio, pero que pierda el otro

Claro que por lo visto, para ellos negociar es hacer que sólo el contrincante ceda. Y así se entrampan hasta el punto que, mientras la ministra del Trabajo, Jeannette Jara, brega por avanzar, el comunista Daniel Jadue propone retirar el proyecto y dejar el caso en nada. O sea, el PC está con un pie en La Moneda y el otro en la calle.

Otros han planteado una consulta ciudadana, una cuarta papeleta en las elecciones de noviembre para preguntarle a la ciudadanía quién quiere que le administre sus fondos de pensiones. O sea, la reforma seguiría en suspenso por este año.

Con estos amigos, para qué quiero enemigos

Por tal, se sostiene la idea de que La Moneda, a veces, recibe más fuego amigo que enemigo.

Y que los políticos están en una suerte de guerra hablando de amigos y enemigos, como si no fuéramos todos conciudadanos habitantes de un mismo país y que nuestra visión debiera apuntar a buscar lo mejor para aquellos que ya cumplieron con su etapa laboral,

La deuda con nuestros viejos

El punto es muy simple. Se trata de buscar la fórmula para aumentar el monto de la pensiones de los actuales jubilados y garantizar mejores jubilaciones para quienes hoy están en su etapa laboral. Lo demás, son detalles que se podrían ver en el camino.

Y esto, al menos, sería un gran avance y una esperanza, lejana, pero esperanza al fin, para mejorar la calidad de vida de los tres millones 600 mil adultos mayores que siguen mirando el horizonte como una quimera que con un milagro de los santos políticos podría hacerse realidad: el gran gesto que la clase que administra los partidos les adeuda a sus viejos.

A veces hay que escuchar a nuestros ancianos o, mejor dicho, hacerles caso a nuestros padres.