Las contradicciones del fútbol formativo y las mentiras piadosas de la Segunda División
Desde el punto de vista económico, en Chile no se invierte monetariamente en el futbol formativo. A las instituciones no les interesa esa parte, aunque su discurso se diga lo contrario. Columna de Germán Rodríguez (*).
Lo más importante en el proceso formativo es el entrenador a cargo, el cual debe tener un conocimiento total e integral del fútbol. Obviamente, debe ser una persona preparada y ahí empieza el primer problema, ya que las instituciones no siempre contratan al mejor preparado; a menudo ahorran dinero y llevan al más barato que les resulte conveniente en el momento.
Y ello se traduce en que cuando un cadete o juvenil llega al primer equipo, lo hace con bastantes déficits de conceptos, tanto tácticos como de sistemas y en cuanto a la técnica, lamentablemente.
Acá en nuestro país se debiera empezar por modificar las categorías. Yo propongo como ejemplo lo siguiente:
8–12 años, escuelas de fútbol.
13 – 14 años, segunda infantil.
15 – 16 años, primera infantil.
17 – 18 años, juvenil.
Y de ahí, por cierto, poder saltar al primer equipo.
Creo que con seis años de enseñanza formativa, al menos, el joven debe estar preparado para debutar en el primer equipo, aquel que tenga las condiciones.
Sin embargo, es importante que en esos seis años haya tenido una preparación física así como un aprendizaje táctico, técnico y sicológico de alto nivel.
Y me refiero, por ejemplo, a que el joven llegue conociendo y sabiendo cómo jugar los diferentes sistemas de juego y cómo manejar las diferentes herramientas del fútbol, lógicamente.
La clave es hacer jugar muchas horas a ese joven y repetir una y otra vez las jugadas que el entrenador propone. Pero no aprendiendo de memoria las jugadas, sino que la proactividad le permita al joven resolver esa jugada si, de pronto, la jugada presenta algún imprevisto. Y ahí es fundamental la determinación, donde debe saber resolverla y tomar decisiones.
Pienso que hoy en Chile, en comparación con otros países vecinos, se trabaja en divisiones inferiores a una velocidad e intensidad propia de los años 30. Y eso se refleja claramente en el bajo nivel que muestra nuestro futbol profesional.
En ese contexto, me parece que la Segunda División profesional no debiera tener un límite de edad. Quienes aprobaron ese límite de edad de 23 años para esa división para darle tiraje a los jóvenes, están equivocados.
Y es que si un chico no juega en profesional, en un primer equipo a los 17 o 18 años, tampoco podrá lograrlo a los 23 años, salvo alguna excepción.
Parece evidente que los dirigentes sólo tomaron esta decisión para ahorrar dinero u optimizar recursos, lo cual sería muy valedero sólo desde el punto de vista empresarial.
Aunque, claro, para ellos es mejor afirmar eso que decir “les daremos oportunidades a los jóvenes a los 23 años”. Cuestionable, por lo menos.
*Germán Rodríguez. Entrenador de fútbol, ex futbolista profesional, estudió Administración en la Universidad de Santiago.
