Rafael Cheuquelaf: “La Voz de los ’80 conserva sus bordes afilados”

El periodista, compositor y músico integrante de Lluvia Ácida, el primer grupo en hacer electrónica en la Patagonia chilena-argentina, conversó con El Ágora acerca de sus últimos proyectos, y sobre los 40 años de “La voz de los ’80”.

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Por Rodrigo Cabrillana
Actualizado el 30 de diciembre de 2024 - 11:51 pm

Rafael Cheuquelaf en su tierra natal. Fotos: GENTILEZA

Hablar de Los Prisioneros por estos días ya es una tendencia en todos los medios de comunicación y en las redes sociales. Por el cumpleaños de Jorge González, por las cuatro décadas de su primer disco o porque son furor en la literatura musical y otras plataformas.

Sin embargo, su música no solamente golpeó las audiencias de ciudades capitales como Santiago o Concepción. Increíblemente también las canciones del trío de San Miguel llegaron al confín del mundo, como Punta Arenas.

Los Prisioneros suenan en Magallanes

Allí, un joven e inquieto Rafael Cheuquelaf tuvo a Los Prisioneros como uno de sus referentes importantes a la hora de decidirse a hacer música. Oficio que lleva desarrollando continuamente en la región de Magallanes durante ya casi 30 años. De esto y más conversamos con el artista y comunicador puntarenense.

-Rafael, editaste un disco solista este 2024, “Tiempo Profundo”. Cuéntanos un poco más de él, cómo fue su promoción y cómo fue recibido por las audiencias…

En noviembre pasado publiqué de forma independiente una colección de temas en los que trabajé a lo largo de este año. Fue inspirado en una experiencia que me resultó muy enriquecedora: una residencia artística que tuvo como temática la Geología y Paleontología en Magallanes. Se llamaba justamente “Tiempo Profundo” y fui uno de sus organizadores. Unió a estudiantes e investigadores de la Universidad de Magallanes junto a artistas locales y una extranjera.

Justamente de esta última, la performer y escritora francesa Julie Pichavant, es la imagen que uso como portada del disco. La foto se la tomé en la playa de Puerto Yartou, localidad solitaria y apartada de la costa suroeste de Tierra del Fuego. Allí tuvimos la oportunidad de ser alojados en la Casa Museo “Alberto Baeriswyl” (CAB).

Entre la ciencia y la electrónica

Es un trabajo centrado en las posibilidades de la electrónica de tinte mayormente analógico, pues usé varios sintetizadores físicos y limité el uso de VST’s. Destaco la incorporación de un elemento que no había usado en mis anteriores producciones, como el sonido de un coro. En este caso, una introducción para el tema final, llamado “Primer fuego en Karukinka”, que busca evocar la llegada de los primeros humanos en Tierra del Fuego.

Los arreglos vocales fueron escritos por mi amigo Fernando Alarcón y ejecutados por el coro “Arte Vocal”, bajo la dirección de Manuel Rodríguez. Como es un disco instrumental de más de 50 minutos de duración, de un estilo más reflexivo que festivo, mis expectativas son moderadas.

Tres décadas de música con Lluvia Ácida

Tengo trabajo pendiente aún con su difusión, pues definitivamente es un trabajo que tiene un público muy específico, de ese que busca música que le brinde la sensación de desplazamiento mental más que de baile. Y lo que este disco ofrece justamente es la sensación de viajar al pasado de un lugar muy apartado del mundo. He logrado de a poco hacer conocido “Tiempo Profundo” a través de algunas notas de prensa y espero pronto tocarlo en vivo.

-Ya son 30 años haciendo música con Lluvia Ácida, ¿qué espera para la banda en 2025?

El dúo Lluvia Ácida grabando con Claudio Narea, en 2008.

Definitivamente queremos conmemorar nuestros 30 años tocando juntos. Haremos varias actividades. De seguro habrá un recital, una exposición de fotografías, la publicación de material inédito y posiblemente algunas presentaciones fuera de nuestra región. Pero lo estamos viendo de a poco, pues queremos hacer esto bien y aprovechar la ocasión para dejar establecido que hemos hecho algo importante.

No masivo ni comercial, pero sí relevante en cuanto a contenido para la música magallánica y chilena en general. Básicamente, demostrar que una banda basada en su región puede tener una gran historia y aportar al acervo cultural de su tierra. Haciendo caso omiso a cualquier ninguneo, dejando una obra detrás, compartiendo con otros músicos y explorando dentro y fuera de sus territoriales. Esa es nuestra definición de éxito.

Los Prisioneros: “Más comunistas que la chucha”

-Como sabes, este 2024 se celebraron 40 años del disco “La Voz de los 80”, ¿cómo ha influenciado en tu carrera musical la figura artística de Los Prisioneros? ¿Cómo los conociste?

Curiosamente yo no conocí “La Voz de los ’80” hasta bastante tiempo después de su edición. La primera vez que oí hablar de Los Prisioneros fue por 1986, cuando iba en sexto básico. Un amigo de infancia me habló de ellos y los describió como “más comunistas que la chucha”. Recuerdo que el primer tema que escuché de ellos fue “Por qué no se van”. Pero recién cuando entré a primero medio tuve acceso a sus discos. El primero fue “Pateando Piedras”. Ese y “101” (Depeche Mode) fue uno de los discos que me motivó a conseguir un teclado y tratar de hacer algo por el estilo.

Años atrás había estudiado piano, pero había olvidado completamente cómo leer y escribir partitura. Así que el sonido del tecnopop fue mi ancla para retomar la música y continuar en ella hasta el día de hoy.

Una voladura de cabeza

-¿Cuándo fue la primera vez que escuchaste el disco La voz de los 80? ¿Lo recuerdas? ¿Qué piensas de él? ¿Cuál es tu canción preferida del disco?

Escuché completo “La Voz de los ’80” recién cuando iba en primero medio, en 1988. Por supuesto me voló la cabeza, como a tantos que soñaron en ese mismo momento con tener sus propias bandas. Incluso fui vocalista de una efímera banda de compañeros, que cantó varios de sus temas en una fiesta estudiantil en la UMAG, en 1991.

Mis canciones favoritas son justamente los que no tocamos nunca: “Brigada de negro” y “Eve-evelyn”, por su ambiente oscuro y algo futurista. Pero a mí me gusta todo el disco. Lo tengo en vinilo y es muy grato escucharlo. No sólo como testimonio de una época, sino simplemente porque es energético y movilizador. “La Voz de los ’80” conserva muy sus bordes afilados, su fuerza. Todo lo contrario de tanta música actual que me suena amorfa, con vocalistas que apenas modulan y cantan como bebés drogados. Y que hablan sobre… nada en realidad.

Un cover “Prisionero” elogiado por Los Updates

-Tú hiciste un cover de Los Prisioneros a inicios de tu carrera. ¿Nos podrías contar un poco más de esa experiencia?

Comenzamos a hacer música con Héctor Aguilar, en 1995. Nos unió el gusto por ciertas bandas y sonoridades, bajo el nombre de Lluvia Ácida, que él ya estaba ocupando para sus experimentos “ruidistas”. Nos pasábamos mucho tiempo conversando y escuchando a Kraftwerk, Front 242 y otras formaciones electroindustriales europeas.

Pero de música electrónica hecha en Chile en ese momento no sabíamos casi nada, pues apenas llegaba material a Punta Arenas. Pero sí conocíamos bien a Los Prisioneros y a Electrodomésticos. Y se nos ocurrió que podríamos cerrar nuestro primer recital con un cover de “Muevan las industrias”. Lo hicimos en junio de 1996, en un local llamado “Barbados” (que hoy ya no existe, pues es una botillería).

Usamos unos teclados grandes, sostenidos por soportes de fierros soldados por mi padre, y percutí un par de fierros. Fue genial. El registro en video está disponible en YouTube. Alguna vez apareció un comentario hoy no disponible, que decía “¡Buena versión! ¡Y buen look también!”. Había sido escrito a nombre de Los Updates, el dúo electropop que Jorge González tuvo con su ex esposa Loreto Otero. No sé quién de los dos escribió ese elogio. Nuestro cover en su versión de estudio sí está disponible.

Encuentro fortuito con Jorge González

-¿Fue la banda a tocar alguna vez a Punta Arenas?

Los Prisioneros tocaron tres veces en Punta Arenas. La primera fue en 1987, en el ex cine “Cervantes”, en el contexto de su gira promocional del disco “Pateando Piedras”. Yo no fui, pues los conocía sólo de nombre y era muy chico. Mis padres no me hubieran dejado ir. Héctor, que es unos años mayor que yo, sí fue.

Los Prisioneros ya eran una banda conocida en Punta Arenas y mucha de la juventud local de la época los seguía. La segunda vez fue en el marco de la gira nacional del disco “Corazones”, en 1992, y ahí sí fui. Estuve en la gradería del Gimnasio Fiscal de Punta Arenas, saltando y gozando como nunca lo había hecho con una banda. Y la tercera vez fue para la gira nacional de reunión en 2002, pero yo no estaba en Punta Arenas.

Sí puede verlos en Puerto Montt y aún recuerdo que casi al lado mío surgió una pelea. La gente se apartó y pude ver cómo dos tipos ensangrentados se seguían golpeando en esa especie de arena improvisada. También pude ver dos veces a Jorge González como solista en Punta Arenas. La primera vez fue en el Festival de la Patagonia, en 2002. Como en ese momento yo estaba participando de la competencia con una canción de mi co-autoría, estaba en el backstage cuando llegó.

La guitarra filosa de Claudio Narea

Me llamó la atención la enorme parka de plumas color morada que traía para protegerse del frío. Fue muy amable con los que estábamos ahí y yo le regalé una copia del primer disco de Lluvia Ácida, “Simulación”. Me lo recibió, lo miró, dio un par de pasos y se dio la vuelta para darme las gracias. Obviamente nunca supe si lo escuchó. Hace poco un amigo magallánico que tiene un estudio de grabación me contó que le mostró el video de nuestro tema “Matías Catrileo”, con imágenes de la película “Salvaje”. Según él, le dijo “bonita música”. Ese ha sido todo mi contacto con Jorge González en lo musical.

-Ustedes tuvieron una experiencia cercana con Claudio Narea junto a Lluvia Ácida. Grabaron incluso un tema, ¿nos podrías contar sobre eso?

Así es. Compartimos con Claudio en 2008, cuando vino a Punta Arenas con un equipo conformado por Nicolás y Sebastián Soto Chacón y Francisca Versluys (Alterado! Producciones). Su objetivo era entrevistarnos para una serie documental llamada “Sin Capital”. La propuesta era llevar a músicos capitalinos para conocer e interactuar con músicos que trabajaban en sus respectivas regiones.

Fue muy interesante conocer a un integrante de una banda tan importante para nosotros, y conversar con él. Descubrimos, por ejemplo, que le gustaba mucho Kraftwerk. Así que teníamos más cosas en común de lo que podríamos haber supuesto inicialmente. Para darle un cierre al capítulo regrabamos nuestro tema “La Comuna”, cuya versión original es parte de nuestro disco “La idea: canto a la federación obrera de Magallanes” (Eolo – Pueblo Nuevo, 2007). Él le puso guitarras y la voz principal. Y grabamos el videoclip que finaliza el episodio usando como locación la Metalúrgica “Bradasic”, fundada por mi abuelo.

El legado de su antigua banda

Creo que de verdad le gustamos a Claudio Narea… Por cómo abordábamos temas históricos y geográficos que de otra manera podrían resultar aburridos o poco atingentes. Nuestras conversaciones, en lugares como el Cementerio Municipal, el Centro de Punta Arenas, la Costanera y nuestro propio estudio, me parece que le resultaron interesantes.

Incluso recuerdo que me dijo que tal vez podríamos ser mucho más conocidos. Le respondí que eso implicaría dejar la tierra que amamos y que nos inspiraba y que eso equivalía a dejar de ser nosotros mismos. Aún creo eso. Con Claudio nos hemos visto un par de veces y seguimos en contacto vía redes sociales.

Tengo varios de sus discos solistas, que me parecen valiosos como muestras de su talento y de su propia voz. Mi disco favorito de él es “El largo camino al éxito”. En su actual banda toca un ex compañero de liceo, Diógenes Matus. De verdad me alegra mucho que siga tocando y girando. De alguna manera mantiene vivo el legado de su antigua banda. Al final, eso es lo importante para mí y los fans del grupo. La música de Los Prisioneros, que es parte de mi vida, sigue resonando en los corazones de muchos chilenos y latinoamericanos.