Barcelona sufre como todos
Hace algunos meses, y con ocasión de la evidente baja que venía notándose en el equipo a nivel de competiciones europeas, se supo un dato escalofriante: Barcelona tiene una deuda de 1.173 millones de euros.
Por SERGIO GILBERT J.
En el corto plazo (no se sabe aún si en horas, días o semanas) se producirá un nuevo terremoto institucional en Barcelona. Y no es que uno se las dé de mago. Basta leer, escuchar o ver día a día lo que está aconteciendo en el club blaugrana para apostar a un estallido pronto. Y serpa con todo.
No deja de ser un fenómeno digno de analizar el de Barcelona. El club catalán se erigió en los últimos 15 o 20 años como el modelo a seguir, a imitar, para asegurar o al menos acercarse al éxito deportivo e institucional.
En lo primero, no solo los resultados, títulos y copas encandilaban. Había lo que se llama un “concepto”, una idea central de cómo hacer las cosas para que éstas resultaran bien. Barcelona se transformó en una marca, pero también en un sello futbolístico, ideado y construido con precisión de joyero en su centro de operaciones, La Masía.
El club catalán, por cierto, también se convirtió en estos años de gloria, en una empresa más que rentable. Aparte de la danza de millones que protagonizaba antes de inicio de cada temporada -sobrecalentando el mercado europeo- el marketing fue elemento central en su área de negocios. Ser hincha de Barcelona era fácil por sus logros deportivos. Pero a la vez caro, si un hincha quería estar a la vanguardia en lo referido a modelos de camisetas, buzos, banderines y otras tantas chucherías.
Por cierto, el elemento central para que esta rueda girara en forma permanente era la calidad de jugadores que Barcelona tenía en su plantilla. Reunir a tipos que venían de su cantera del nivel de Iniesta, Xavi y Sergi con figuras internacionales del tonelaje del uruguayo Suárez y en especial el argentino Messi, hicieron que el equipo catalán dominara la escena deportiva y comercial en una forma que parecía eterna.
Pero claro, no lo fue.
Hace algunos meses, y con ocasión de la evidente baja que venía notándose en el equipo a nivel de competiciones europeas, se supo un dato escalofriante: Barcelona tiene una deuda de 1.173 millones de euros, dato transparentado por la Comisión Gestora que asumió en el club tras la renuncia del cuestionado presidente Josep María Bartomeu.
Era obvio que, en poco tiempo, el estallido sería de proporciones.
Tras las elecciones que llevaron a la presidencia a Joan Laporta -quien estuvo antes en el mismo puesto en la época gloriosa del club- quedó en evidencia que Barcelona ya no sería más el chico rico del barrio, el niño mimado. Comenzó el duro proceso de “apretarse el cinturón” lo que derivó no solo en despido de funcionarios, sino que también decisiones que afectaron al plantel: rebaja “voluntaria” de sueldos y fuga de figuras. La principal, la de Lionel Messi.
¿Fue ese el punto máximo de la crisis?
Para nada. En España los medios aseguran que lo peor está aún por venir. Y eso lo saben muy bien los propios protagonistas de este “nuevo Barcelona”. Joan Laporta ha dicho que se tomarán todas las medidas necesarias para que Barcelona no siga hundiéndose y esta semana, mediante un sorpresivo comunicado que leyó en plena conferencia de prensa, el DT Ronald Koeman (quien también tiene su continuidad en entredicho) dijo que esperar una buena actuación de Barcelona en la Champions League sería “un milagro” y que había que tener “esperanza y fe” en la juventud, aunque por ahora no dieran resultado.
La crisis es total en Barcelona. ¿Quién lo diría? Al fin y al cabo, en este negocio, nadie tiene el cielo comprado para siempre.
