Columna de ReneX: Catálogo ampliado de una justicia en liquidación
Ángela Vivanco no ejerció la judicatura: administró un portafolio. Sus fallos no responden a una doctrina reconocible ni a una filosofía jurídica consistente, sino a algo más eficaz y más rentable: la lógica del beneficio selectivo.
El fallo de las isapres inauguró el método. Ángela Vivanco integró la sala que ordenó devolver cobros indebidos por tablas de factores, pero luego, con una flexibilidad digna de una consultora financiera, votó en contra cuando se discutió el alcance de la prima GES y, finalmente, salió a explicar públicamente que las devoluciones sólo aplicaban a quienes habían demandado.
Una sentencia que prometía universalidad y una jueza que entregaba exclusividad. Justicia con suscripción limitada.
En las causas civiles millonarias, la mecánica fue más transparente. El caso Kodama es el ejemplo escolar: una indemnización que se desploma, de cerca de 17 mil millones de pesos a poco más de 2.800 millones, tras gestiones para alterar el orden de vista y acelerar la redacción del fallo.
No hubo nueva prueba ni cambio normativo. Hubo prisa. Y en la justicia de Vivanco, la prisa nunca fue gratuita.
Sanciones negociables
El expediente de Gonzalo Cisternas, adelantado más de cien puestos en la tabla, confirma que el sistema tenía carril exclusivo. Fallos redactados en tiempos incompatibles con cualquier estándar ordinario. La fila judicial convertida en sugerencia. La igualdad ante la ley, en ironía procesal.
Pero el verdadero núcleo del modelo Vivanco se revela en el Caso Cascadas, el expediente bursátil más escandaloso de las últimas décadas. Vivanco integró la Tercera Sala que rebajó multas a Julio Ponce Lerou y SQM desde más de 70 millones de dólares a una cifra cercana a los tres millones.
Una poda quirúrgica, con beneficios económicos que superaron los cien millones de dólares en términos nominales. El castigo ejemplar transformado en costo marginal. El mercado celebró; la probidad tomó nota.
No fue un fallo distraído. Testimonios ante la Comisión de Ética describen un “interés especial” de Vivanco en los tiempos de tramitación, presiones por firma y seguimiento personal del avance. La justicia bursátil tratada con la delicadeza que se reserva para los grandes patrimonios. El mensaje fue inequívoco: en Chile, incluso las sanciones pueden negociarse.
En causas penales y de corrupción, el método se repite con sutileza aristocrática. Llamadas, sugerencias, empujones suaves. La justicia no se fuerza: se orienta. En medioambiente, causas priorizadas sin justificación objetiva; sentencias adelantadas cuando el impacto económico lo ameritaba. El medioambiente, al parecer, también tiene ranking.
Mirar a otro lado
Y cuando no había fallos, estaban los nombramientos. Recomendaciones para notarios, conservadores, cargos estratégicos. El derecho administrativo reducido a red de favores. La independencia judicial convertida en anécdota.
¿Hubo pagos? No es una acusación; es una pregunta inevitable. Cuando los fallos favorecen sistemáticamente a actores poderosos, cuando los tiempos se negocian como activos financieros, cuando abogados hoy investigados por cohecho orbitan los mismos expedientes, la duda no es malicia: es higiene republicana.
La remoción de Vivanco no fue épica. Fue tardía. No cayó por error, sino por consistencia. Porque convirtió la justicia en mercancía y trató la toga como herramienta de gestión. Y porque entendió la ley no como límite, sino como instrumento.
Su legado es brutal: demostró que incluso en la cúspide del Poder Judicial la justicia puede ponerse en oferta. Y que, cuando eso ocurre, no se remata sólo un fallo. Se liquida la confianza pública.
La justicia de Vivanco no fue ciega. Miraba, calculaba… y ajustaba el precio de mirar hacia otro lado.
