Columna de José Antonio Lizana: Los llamados grandes y su torneo paralelo

Cuando los autoproclamados gigantes se desploman, el resto del país aparece para recordarnos que el fútbol chileno no empieza en Macul ni termina en San Carlos de Apoquindo. Coquimbo Unido se escapó de principio a fin y dejó al resto jugando un torneo paralelo, cuyo premio mayor era el segundo lugar.

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Por José Antonio Lizana
Actualizado el 8 de diciembre de 2025 - 8:33 am

En el año de su centenario, Colo Colo fracasó rotundamente / Foto: AGENCIAS

Colo Colo fue un desastre histórico, una vergüenza sin comparación y un papelón monumental. Y todo ocurrió en el año de su Centenario, donde se las arreglaron para firmar una campaña que ni el más creativo guionista del absurdo habría imaginado. Es como si hubiesen decidido homenajear cien años con cien errores.

La U, a su vez, hizo un gran papel en el ámbito internacional, pero en el torneo local cedió ante las inconsistencias. Es decir, engordó para morir flaco, porque pudiendo aspirar a más, se termina conformando con la clasificación a la Sudamericana.

La UC, al menos, se subió al podio. Segunda. Clasificada a la Libertadores. Bien, todo bonito en el papel. Pero el problema es que quedó tan atrás del campeón que parecía disputar otro torneo, paralelo, silencioso, sin protagonistas.

Porque el verdadero ruido lo hizo Coquimbo: el “pirata” campeón, ese que sin tanto bombo ni micrófono, terminó dándoles una lección de oficio a quienes creen que un escudo grande te hace grande.

¿Y qué decir de los que trabajan de verdad? Concepción, Cobreloa, Puerto Montt, Colchagua… clubes que llevan años empujando desde abajo, sobreviviendo al desierto financiero, al olvido mediático y al eterno chiste de que “sólo importan los de Santiago”.

Cuando los autoproclamados gigantes se desploman, el resto del país aparece para recordarnos que el fútbol chileno no empieza en Macul ni termina en San Carlos de Apoquindo.

Pero lo más triste y a la vez lo más predecible, es la dirigencia. Estos personajes que fracasan, fracasan y fracasan y no muestran un gramo de vergüenza. Tú en tu pega te equivocas dos veces y te echan con una patada en el traste, en cambio, los dirigentes del fútbol chileno, esos que se hacen los Larry, que últimamente parece un estilo o una conducta folclórica nacional más que un nombre, sobreviven a todas las catástrofes que ellos mismos fabrican. Cada temporada es la misma película, promesas de reconstrucción, planes estratégicos y logros deportivos que no se cumplen.

Al final, el fútbol en Chile está así porque quienes deberían dar la cara se esconden, quienes deberían renunciar se atrincheran, y quienes deberían pedir perdón se ríen mientras firman otro contrato.

Y mientras tanto, los “grandes” viven de nombres antiguos y glorias pasadas, incapaces de competir con clubes que, sin tanta prensa, sin tanto ego y sin tanta soberbia, terminan haciendo lo que ellos ya olvidaron: jugar bien al fútbol. He dicho.